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La vida, no es una lotería

Jueves, 11 de Junio de 2009

Digamos las cosas como son. El diputado Enríquez-Ominami no descolló como cineasta. Lo mejor que hizo fue la serie “La vida es una Lotería”, comprada primero por  TVN y luego por MEGA, que fue la primera que tuvo  la astucia de introducir en el guión la promoción de un producto (en este caso los juegos de azar) para conseguir  financiamiento. Si hubiese sido nuestro Almodóvar o nuestro Michael Moore, seguramente lo habríamos perdido como político, carrera que inició como diputado en un distrito de la circunscripción donde su padre es senador. Bien por él, que ha encontrado un rol que le viene, y que le ha permitido autonomizarse completamente de sus figuras tutelares.  Y bien también por la política, porque nadie puede negar que le ha introducido una dosis de audacia y de frescura que le hacía falta, demostrando que ciertas técnicas del mundo del cine operan súper bien en el campo de la política.

La candidatura del diputado Enríquez-Ominami, en efecto, ha tenido el “tempo” de una teleserie. Ha sabido manejar brilllantemente la ambigüedad, como esto de ser del PS y a la vez disparar sobre este partido y juntar firmas como independiente. También el misterio, como esto de dejar en la nebulosa si arma o no una lista parlamentaria propia. Ha sabido también  incorporar dosificadamente los indispensables componentes afectivos y emocionales, con situaciones desgarradoras y que se han expuesto al público una y otra vez, como aquella de tener que  elegir entre los deberes republicanos o el amor familiar. Ha sabido manejar el ritmo dramático, haciendo de cada semana un capítulo, el cual se va desplegando lentamente: esta semana, por ejemplo, es el capítulo “carta al PS”, que según sabemos, ha venido escribiendo meditadamente; la próxima será, seguramente, el capítulo “la decisión del padre”, en el que se dilucidará lo que hará el senador Ominami; al igual como en las semanas presenciamos  los capítulos “el programa de Paul” o “la aparición de Karen”. Así como lo probó en “La vida es una Lotería”, en estas semanas el diputado Enríquez-Ominami ha probado que tiene mucho talento en la construcción de melodramas.

Ahora bien, si el capítulo de esta semana  de la magnífica teleserie que el el diputado Enríquez-Ominami ha puesto en escena es “carta de renuncia al PS”, y con ello la develación de su mayor nudo dramático, tengo la impresión de que su rating habrá llegado a su peak, pero que a partir de  ahora empezará a declinar. Baste recordar (aunque en este caso bajo la forma de comedia) lo ocurrido con la pareja Flores-Schaulsohn. Si esto ocurre, esto será duro para el diputado. Porque así como nos ha ocurrido a todos, lo que se vendrá encima es la constatación de que en  realidad la vida NO es una lotería. Que las cosas no dependen sólo de la audacia. Que no se puede decir y hacer cualquier cosa y quedar siempre impune. Que la arrogancia juvenil puede inhibir a la gente que tiene dudas, pero al final ésta reacciona. Que la retórica y la rapidez de palabra no bastan para salir de los dilemas y atolladeros en que la vida lo va poniendo a uno. Que hay que hacerse cargo del pasado de cada uno, así como de sus compromisos y de sus actos.

Habrá que ver cómo reacciona ante todo esto el diputado Enríquez-Ominami. Si lo hace con mesura, habrá nacido un gran político; pero si lo hace con odiosidad y resentimiento, lo suyo habrá sido flor de un día. A sentarse a mirar los capítulos que vienen…

La hora de los partidos

Lunes, 8 de Junio de 2009

Anoche, en Tolerancia Cero, haciendo uso de mi inclaudicable derecho a decir lo que pienso, dije que las dirigencias de los partidos de la Concertación (usando el símil del yoghurt) tenían la fecha de vencimiento pasada, y que ello explicaba en parte el éxito de Marco Enríquez- Ominami (cuya “fecha de vencimiento”, dije también, se venía encima aceleradamente). He leído hoy en la prensa que esto provocó molestias entre los dirigentes partidarios. Pido excusas. No tengo la más mínima intención de sumarme al coro de quienes los  denigran. Soy muy respetuoso de los partidos y de su institucionalidad. No obstante, estoy convencido que los partidos de la Concertación (por las razones que sean) han sido incapaces de evolucionar al ritmo que lo ha hecho la sociedad que ellos mismos han construído, y se visualizan como oligarquías cerradas sobre sí mismas. No otra cosa explica, a mi juicio, la disociación ente el alto aprecio que la gente tiene por la Presidenta y su gobierno, y el bajo respaldo que tiene la Concertación. Algo anda mal en la intermediación, y ésta es provista por los partidos, encabezados por su dirigentes. Si esto es así, ¿qué hacer? Pienso que sus actuales dirigencias debieran encarar el problema y no minimizarlo, lo cual debiera conducirles a reformas radicales en el funcionamiento de los partidos y al impulso de una renovación de sus equipos dirigentes. Los partidos tienen jóvenes dirigentes muy valiosos (que están en el parlamento, en los municipios, en el gobierno, en la academia y en la sociedad civil), pero éstos son hasta ahora actores secundarios. Llegó la hora que se vuelvan protagonistas, y los que deben  promoverlo son las propias dirigencias partidarias.  No es bueno dar ejemplos, pero es lo que está haciendo el propio Eduardo Frei, quien en un acto arrojado, ha puesto a un grupo de jóvenes a cargo de su campaña. Si lo ha hecho Frei, ¿por qué no podrían hacerlo las directivas de los partidos? Las directivas partidarias actuales también podrían actuar como puentes para que una nueva generación –una generación post-transición–  asuma el mando de los partidos; no para escupir sobre el pasado ni borrarlo, sino para construir a partir de el una nueva invitación de futuro. En otras palabras, si se trata de hacer un recambio generacional, ha llegado la hora de los partidos; y los encargados de gatillar este proceso son sus propias dirigencias. Esto sería bueno para los partidos, bueno para sus dirigentes (pues pondría de relieve su visión estratégica y su desprendimiento), y sería bueno desde luego para una candidatura Frei que ha hecho del recambio generacional uno de sus pilares principales.