La vida, no es una lotería
Digamos las cosas como son. El diputado Enríquez-Ominami no descolló como cineasta. Lo mejor que hizo fue la serie “La vida es una Lotería”, comprada primero por TVN y luego por MEGA, que fue la primera que tuvo la astucia de introducir en el guión la promoción de un producto (en este caso los juegos de azar) para conseguir financiamiento. Si hubiese sido nuestro Almodóvar o nuestro Michael Moore, seguramente lo habríamos perdido como político, carrera que inició como diputado en un distrito de la circunscripción donde su padre es senador. Bien por él, que ha encontrado un rol que le viene, y que le ha permitido autonomizarse completamente de sus figuras tutelares. Y bien también por la política, porque nadie puede negar que le ha introducido una dosis de audacia y de frescura que le hacía falta, demostrando que ciertas técnicas del mundo del cine operan súper bien en el campo de la política.
La candidatura del diputado Enríquez-Ominami, en efecto, ha tenido el “tempo” de una teleserie. Ha sabido manejar brilllantemente la ambigüedad, como esto de ser del PS y a la vez disparar sobre este partido y juntar firmas como independiente. También el misterio, como esto de dejar en la nebulosa si arma o no una lista parlamentaria propia. Ha sabido también incorporar dosificadamente los indispensables componentes afectivos y emocionales, con situaciones desgarradoras y que se han expuesto al público una y otra vez, como aquella de tener que elegir entre los deberes republicanos o el amor familiar. Ha sabido manejar el ritmo dramático, haciendo de cada semana un capítulo, el cual se va desplegando lentamente: esta semana, por ejemplo, es el capítulo “carta al PS”, que según sabemos, ha venido escribiendo meditadamente; la próxima será, seguramente, el capítulo “la decisión del padre”, en el que se dilucidará lo que hará el senador Ominami; al igual como en las semanas presenciamos los capítulos “el programa de Paul” o “la aparición de Karen”. Así como lo probó en “La vida es una Lotería”, en estas semanas el diputado Enríquez-Ominami ha probado que tiene mucho talento en la construcción de melodramas.
Ahora bien, si el capítulo de esta semana de la magnífica teleserie que el el diputado Enríquez-Ominami ha puesto en escena es “carta de renuncia al PS”, y con ello la develación de su mayor nudo dramático, tengo la impresión de que su rating habrá llegado a su peak, pero que a partir de ahora empezará a declinar. Baste recordar (aunque en este caso bajo la forma de comedia) lo ocurrido con la pareja Flores-Schaulsohn. Si esto ocurre, esto será duro para el diputado. Porque así como nos ha ocurrido a todos, lo que se vendrá encima es la constatación de que en realidad la vida NO es una lotería. Que las cosas no dependen sólo de la audacia. Que no se puede decir y hacer cualquier cosa y quedar siempre impune. Que la arrogancia juvenil puede inhibir a la gente que tiene dudas, pero al final ésta reacciona. Que la retórica y la rapidez de palabra no bastan para salir de los dilemas y atolladeros en que la vida lo va poniendo a uno. Que hay que hacerse cargo del pasado de cada uno, así como de sus compromisos y de sus actos.
Habrá que ver cómo reacciona ante todo esto el diputado Enríquez-Ominami. Si lo hace con mesura, habrá nacido un gran político; pero si lo hace con odiosidad y resentimiento, lo suyo habrá sido flor de un día. A sentarse a mirar los capítulos que vienen…
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y director de Un Techo para Chile, Paz Ciudadana y Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles. Ha sido profesor de diversas universidades en Chile y el extranjero. Autor o coautor de 22 libros, el último de los cuales es "Radiografía de una Derrota. O cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta" (Uqbar, 2010).
