Campaña sucia
Se ha puesto de moda alegar contra la campaña electoral en curso por la falta de ideas y propuestas y su inédito grado de beligerancia personal. No estoy seguro que esto sea tan así, pero aceptemos la premisa para tejer algunas reflexiones que me parecen pertinentes.
La primera dice relación con el papel que están ejerciendo los medios de comunicación en esta campaña. Alguna experiencia tengo al respecto, y nunca había visto tantas dificultades para colocar en la agenda noticiosa cualquier cosa que diga relación con propuestas o contenidos programáticos. A los medios hoy, en la lucha desenfrenada en que están por capturar audiencias o lectores, esto les resfala. Si no hay algún grado de truculencia o espectacularidad, asociada preferentemente a conflictos personales, simplemente “no pescan”. Y lo que es peor, cuando se hacen planteamientos de fondo, éstos son pasados por alto para quedarse en lo anecdótico, en lo curioso. Un ejemplo. Cuando los candidatos formularon sus propuestas de seguridad pública en un seminario de la Fundación Paz Ciudadana, ¿qué fué lo que capturó la atención de la prensa?: los ataques de MEO a Frei y la alusión que hizo a mi persona. Respecto a las propuestas sobre el problema que más aflige a la población, prácticamente cero. Yo comprendo la lógica de la industria de medios y no soy de los que estrilan contra ella acusándola de todos los males de la humanidad (al revés: me he ganado mucho malos ratos defendiéndola), ¡pero me parece como mucho que sean los propios periodistas los que rasguen vestiduras y culpen a las campañas de “guerras sucias” y falta de contenidos! Perdonen, pero son los propios periodistas y la lógica de los medios los que empujan a las campañas a recurrir a todo tipo de estratagemas propios de otros campos (como del mundo del espectáculo) para llegar a tener alguna presencia en la agenda mediática. Si hay guerra sucia” o falta de contenidos, entonces, habría que decir, por lo menos, que los medios son co-responsables de aquello.
Mi segunda reflexión es más breve. Lo de Piñera y el Banco de Talca ha sido presentado como el caso más claro de “guerra sucia”. Pero ojo. Esto viene de mucho antes, como lo señalé en un posteo anterior. Pero hay que agregar que hay un contendor que ha venido empleando armas sin precedentes en campañas electorales anteriores, las que han venido enrareciendo el ambiente. Me refiero a MEO. Éste utiliza calificativos para referirse a sus adversarios que sólo se conocían en las batallas entre figuras de los programas de farándula de la TV, pero no en el debate de los asuntos públicos. Su capacidad dialéctica y su virulencias son tales que amedrenta a sus interlocutores. Su astucia para manipular situaciones en su favor (como el caso Karen), para presentarse cómo víctima, para presentar a sus adversarios como abusadores, para ocupar sus relaciones privadas con fines políticos, son ya legendarias y seguramente serán objeto de análisis de los estudiosos en comunicación. Y la prensa, reconozcámoslo, está embobada con el “estilo Marco” –el cual, además, es aplaudido desde las filas piñeristas, pues el blanco principal de MEO es Frei. Yo no objeto la seducción de los periodistas hacia MEO, pues su estilo es genuinamente fascinante; ¡pero lo que no pueden hacer los medios es al mismo tiempo rasgar vestiduras porque esta sea una “campaña sucia” o “carente de ideas”! Una de dos: o nos dejamos fascinar por el “estilo Marco” y nos dejamos todos arrastrar hacia allá con las consecuencias que esto implica para las formas de hacer política , o hacemos algo para llevar la campaña a un plano más racional; pero proponerse ambas cosas a la vez simplemente no es posible.
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y director de Un Techo para Chile, Paz Ciudadana y Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles. Ha sido profesor de diversas universidades en Chile y el extranjero. Autor o coautor de 22 libros, el último de los cuales es "Radiografía de una Derrota. O cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta" (Uqbar, 2010).
