Corría el año 1999. Plena campaña presidencial Lagos - Lavín. En una casa de Ñuñoa donde funcionaba una productora que tenía no me acuerdo qué relación con el actual diputado Enríquez-Ominami, operaba el equipo de la franja de Lagos. Era un ambiente bastante familair, pero destacaba la presencia de un franco-israelí, que operaba entre Paris y Tel-Aviv, de nombre Eric. Éste había sido colocado por el publicista francés Jaques Séguelá, quien figuraba como asesor comunicacional de la campaña . Eric actuaba como asesor-comisario de la franja, pero con los días se fue transformando en la práctica en su director. Él fue determinante, por ejemplo, en la decisión de darle a la franja un tono racional, discursivo, “presidencialista”. Lo que llevó a la decisión de poner a Lagos frente a la cámara, en un tono premeditadamente frío, casi sacado del “realismo socialista”, a emitir mini-discursos sobre diverssos tópicos, siempre con un toque algo sombrío y miserabilista, transmitiendo la noción que los problemas que nos aquejan son siempre muy superiores a los logros que hemos alcanzado. Pues bien, esta franja de Eric fue un shock para los telespectadores, sobre todo en contraste con la franja Lavín, que había hecho propio el tono ingenioso, lúdico y optimista propio de la mítica franja del NO. Lo de Eric, definitivamente, no estaba en los códigos ni en el ADN de la Concertación. Ocurrió lo que sabemos en la 1a vuelta. Eric fue enviado de vacaciones al sur. Y otro equipo hizo la franja de la 2a vuelta, que con su “Chile mucho mejor” y con Lagos en terreno y mangas de camisa volvió al track histórico de la Concertación. Al final ganó Lagos –y por cierto, Seguelá recorre el mundo diciendo que él fue quién lo sacó: c’est la vie.
Al ver ayer en YouTube el capítulo del diputado Enríque-Ominami explicando su renuncia al PS, me pareció ver la franja del Lagos de la 1a vuelta en 1999. Ma pareció que Eric había vuelto. Esa puesta en escena “presidencial” –con bandera chilena incluída–, con el diputado hablando directo a cámara pero con cortes que revelan la edición, con una retórica solemne, abigarrada y algo afrancesada, fue definitivamente un faux-pas dentro de la exitosa teleserie que el diputado Enríquez-Ominami ha estado desplegando. Más allá del contenido mismo, que no estuvo mal, el resultado fue un desastre. Primero porque a este actor no le viene este personaje. El éxito del diputado Enríquez-Ominami viene de presentarse como “palomilla”, irreverente, arrebatado: ¿qué tiene que hacer ahí, fingiendo de Presidente? No sé: es como ver al Rumpi haciendo de obispo. Un cineasta debería saber que hay ciertos actores pueden hacerse cargo de ciertos roles, y otros no: al Enríques-Ominami que hasta hoy conocemos, claramente no el da para actuar de Presidente –lo que no significa que no pueda darle en el futuro, pero e4sto requiere de una evolución y no de puede hacerse de buenas a primeras, porque ya no patrece actuación sino impostura.
Lo de YouTube fue un faux-pas, en segundo lugar, porque fue un capítulo inoportuno. La gente apoya al diputado Enríquez-Ominami no porque quiere que sea Presidente de la República, sino porque lo quiere utilizar para mandar un mensaje a los partidos de la Concertación y a las elites en general, diciéndoles que está cabreada de tanto eufemismo y de tanta rotación de los mismos rostros; ¡pero a nadie se le ha ocurrido seriamente que Enríquez-Ominami pueda ser Presidente! (De hecho en las encuestas, que el diputado debería conocer, cuando se pregunta “quién cree Ud. que será el próximo Presidente de Chile”, las menciones a Enríquez-Ominami son mucho menores a los niveles de adhesión que consigue). Así entonces, poner a Enríquez-Ominami actuando como Presidente fue como romper el hechizo; algo así como tocar la campana anunciando que ya termina el recreo y que hay que volver a la lata de siempre.
El diputado, en suma, debió haber esperado un poco antes de lanzar este capítulo en que actúa de Presidente; y en el caso de hacerlo, haber intentado re-construir el personaje: la manera como lo hizo, definitivamente, no calza por ninguna parte, y seguramente instaló en los espectadores una duda, una inconguencia, una sensación de impostura, que puede echar por tierra toda la teleserie. Sabemos, en todo caso, quién es el culpable: Eric, nuevamente.