Más cerca de lo que se cree
Estamos en democracia, es cierto. Su gran gracia es que cada uno dice lo que se le parezca. Pero hay que tener cierto recato porque a veces, casi sin darse cuenta, uno puede hacer el juego a los que quieren destruirla. Hay que tener cuidado, por ejemplo, en la calificación que se hace de las personas, porque uno puede colgarle etiquetas que las colocan en una posición que facilita su aniquilación, a veces simbólica, pero a veces también física. Tachar, por ejemplo, a ciertos adversarios políticos o intelectuales como “los malos” es, para decir lo menos, peligroso: contra “los malos”, sabemos, todo está permitido. Es por esto que el nazismo se encargó de poner a los judíos en esa categoría: este fue el paso previo a la puesta en marcha de su estrategia de aniquilación. Lo hizo también Bush, con su “eje del mal”, que precedió la invasión a Irán; o nuestro Almirante Merino con los “humanoides”, término destinado a desdramatizar la violación a los derechos humanos. En suma, las palabras, los estigmas, los juicios absolutos sobre personas o categoría de personas, no son nunca baladí, lamentablemente. Esto, algunos que no debieran parecen haberlo olvidado en el debate de estos días.
Lo mismo se puede decir sobre el discurso contra los políticos y contra los partidos. Decir, por ejemplo, que en Chile la única institución limpia es Carabineros (a las que habría que agregar seguramente a las Fuerzas Armadas), porque en ella no intervienen los partidos y no opera el “cuoteo” (como lo dijo hoy en un foro Marco Enríquez-Ominami), es un discurso derechista del que hasta la propia derecha ha tomado distancia. Lo que esto trasunta es que la democracia chilena está podrida; y que sólo se salvan de la putrefacción Carabineros y, quizás, las instituciones militares. ¿No suena conocido, acaso, esta separación entre políticos sucios e instituciones policiales y militares puras? Quizás Enríquez-Ominami no lo recuerde, pero algunos de los que le rodean debieran hacerle saber que este tipo de juicios tiene en Chile resonancias trágicas.
De pronto las palabras, las etiquetas, las acusaciones personales o las frases hirientes parecen sólo un juego. Son muchos los que afirman que no hay que tomarse las cosas tan seriamente, que hay que tomárselas con más frivolidad, que en esto no hay nada personal. Pero creo que no es así. Que hay que prestar atención a lo que se dice y tomárselo en serio. Hay que hacerlo, porque la democracia se comienza a destruir desde las palabras; y porque, aunque no parezca, el fascismo está muchos más cerca de nosotros de lo que se cree.
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Profesor del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile y del Magister en Comunicación Estratégica de la Universidad Adolfo Ibáñez. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado. Ha sido autor o coautor de 20 libros, el último de los cuales es Palabras Sueltas (Mercurio-Aguilar, 2008).
