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Con Tomás Mosciati

Domingo, 6 de Junio de 2010

El jueves pasado estuve en CNN en la entrevista de Tomás Mosciati. ¿Tema? El libro, el cual Tomás había leído con detalle. Va el link si a alguien le interesa.

-Parte 1

- Parte 2

- Parte 3

Los Desalojados

Viernes, 28 de Mayo de 2010

El domingo antepasado, Andrés Allamand y Marcela Cubillos (A-C) publicaron una crítica a mi libro Radiografía de una Derrota. Se los agradezco. Necesitamos políticos como ellos, que lean y opinen; y requerimos también que el debate público tenga como blanco las ideas y no las intenciones de los que las promueven, y que emplee como arma la inteligencia y no los epítetos.
A–C me critican por no ir al fondo del asunto: que la Concertación perdió esta elección por padecer de un “agotamiento irremontable”, a raíz de fenómenos como el Transantiago, la delincuencia, la corrupción, el abuso de poder y una larga lista de fatalidades del mismo corte. Esto, dicen, hacía “inevitable su derrota”. Es raro que lo digan ellos, pues le resta los méritos a su propio triunfo. Pero al igual que Fernando Villegas en estas mismas páginas, A-C quieren hacernos creer que la derrota de Frei revela la bancarrota de la cultura política que representa la Concertación. Yo tengo mis dudas. Si este fuera el caso, estaríamos ante un quiebre histórico de marca mayor, pues la Concertación tiene raíces ideológicas, sociales y políticas que se entroncan con la dilatada historia del socialismo democrático y el social cristianismo en Chile. No creo que se así. Vamos viendo.
J. Samuel Valenzuela escribía a fines de enero en este mismo periódico que el resultado de la elección presidencial fue un pequeño temblor electoral, que provocó un terremoto político. En efecto, por un pequeño puñado de votos, una nueva coalición se hizo cargo del gobierno. Pero ojo: la Concertación recuperó su mayoría en el senado, sigue siendo una fuerza considerable en la Cámara, y su Presidenta, Michelle Bachelet, se alejó rodeada de una popularidad sin parangón. ¿De qué “agotamiento irremontable” nos hablan?
A-C dicen que las ideas importan. Tienen razón. Ellos afirman que la bancarrota de la Concertación reside en el fracasó su tesis básica, la cual fue esgrimida por Frei en su campaña: “más Estado”. ¿Es efectivamente así? También tengo mis dudas.
Me resisto a ampararme en las encuestas, pero no podemos esquivar lo que éstas revelan: que la gente quiere “más Estado” en todos los ámbitos; especialmente aquella que está inserta en las zonas más marginales de la economía de mercado (ver encuestas Icsos – UDP 2008 y 2009). Pero hay una evidencia aún mas empírica. ¿Qué explica el aprecio popular que rodeó a la Presidenta Bachelet al finalizar su mandato? Como bien reconocen A-C en su libro La Estrella y el Arco Iris, esto no obedeció a una misteriosa “cariñocracia”, sino al respaldo de la población a sus políticas. ¿Y qué fue lo singular de éstas políticas? Lo que afirman ellos mismos: que bajo Bachelet el Estado estuvo “en condiciones de apoyar a la gente más necesitada y de una manera que nunca se había hecho” (p 169). En suma, la popularidad de Bachelet no se constituyó no sobre el “más mercado”, sino sobre el “más Estado”; y por lo mismo, no era raro que Frei buscara identificarse con ella en este punto. Frei perdió, es cierto, pero Bachelet sigue ahí envuelta en el cariño popular. ¿Dónde está el derrumbe ideológico de la Concertación?
Hablando de la campaña de Piñera, en su libro A-C relatan algo muy iluminador. “En cuanto al Estado –señalan–, la idea se apartó del manual habitual de la derecha: la decisión fue no confrontar ideológicamente el concepto de “más Estado”. A lo más (sic), hacer presente que se necesitaba “mejor Estado” …” (p 253). O sea, A – C objetan ahora el “más Estado”, pero en la campaña recomendaban pasar el tema por alto. ¿Por qué? Muy simple: porque enfrentarse a Frei en el terreno Estado vs. Mercado, con Piñera identificado con este último, era electoralmente fatal.
Sebastián Piñera siguió fielmente las recomendaciones. Como candidato jamás alegó a favor de una reducción del Estado ni, menos, por una ampliación del mercado. Pero la campaña ya es historia. Lo importante es lo que ha ocurrido desde que asumió la Presidencia. Ha sido consecuente con lo prometido. A tal punto que una de los primeros proyectos del nuevo gobierno ha sido una reforma tributaria destinada a extraer renta de las empresas para trasladarla al Estado; lo que ha sido rechazado por Libertad y Desarrollo, ¡y aplaudido por la Concertación! Si se presta atención al robusto Mensaje del 21 de Mayo, lo que se ve es una sana continuidad con las líneas matrices de las políticas instauradas bajo los gobiernos de la Concertación. No hay ni una traza de des – estatización. ¿Dónde está, entonces, la “derrota ideológica” de la que hablan A-C? ¿No será más apropiado hablar de la “derrota ideológica” de la derecha tradicional, que hoy por hoy se pregunta, como alma en pena, acerca de cual es la “identidad” del gobierno de Piñera?
A-C insisten en algo que creía superado: que Piñera ganó gracias a la oposición frontal de la Alianza al gobierno Bachelet (el llamado “desalojo”), no mimetizándose con la Concertación, como lo afirmo en mi libro. No soy tan omnipotente para creer que discuten conmigo. En realidad yo soy un mero instrumento: el blanco de sus criticas es el Presidente de la República, con quien diputan por el origen y la propiedad de la victoria.
Creo que la evidencia a favor de nuestra tesis es abrumadora. ¡Si bastaba con ver la gráfica y la franja de Piñera para ver su esfuerzo de acercarse a la Concertación! La verdad es que quien realmente adoptó el libreto del “desalojo” fue ME-O, no Piñera; lo que permitió –como dicen A-C — “remecer a la clase política y contribuir a reemplazar a la Concertación” (p 208). ¿Qué esto ayudó a la derrota de Frei? No cabe ninguna duda; pero supongo que Allamand no estaba pensando en ME-O cuando escribió su controvertido opúsculo.
A-C afirman que “no hay que dejar que la historia la escriban los derrotados”. Me temo que en esto hay algo de proyección. La Concertación y yo mismo fuimos derrotados, no cabe duda. Pero A-C también lo fueron. Decir que este es “el quinto gobierno de la Concertación” es ir muy lejos. Pero no hay dudas que no este no es el gobierno con el que soñó la Alianza ni A- C. Estamos ante un Presidente que no está acostumbrado a co – gobernar en ningún orden de cosas, y así lo dejó en claro al conformar su gabinete, cuando dejó de lado a los líderes políticos. Su equipo ministerial está conformado por ejecutivos, no por políticos; por subordinados, no por pares; por gente de experiencia en la empresa privada, no en los partidos. Esto no es casual: responde a su propósito central, como es inseminar al Estado de la nueva lógica empresarial chilena, que ellos mejor que nadie representan.
Lo que A – C buscan con su libro es “escribir la historia” para reivindicar el “desalojo” y el esfuerzo de los partidos y sus militantes en el triunfo de enero; un triunfo del cual –no sin cierta razón– se sienten expropiados. Pero revertir esta situación, me temo, requerirá mucho más que un libro. Hacer de éste un gobierno de la Alianza exigiría rehacerlo desde sus bases, y enfrentarse a un Presidente que ha demostrado que no suelta nada gratuitamente, y que no teme al vértigo del precipicio.
A-C plantean, con una cordial ironía, rebautizar mi libro, y llamarlo “La Derrota Analgésica”. Yo haría lo mismo con el suyo: le pondría “Los Desalojados”.
(Versión integral de columna en La Tercera 28.05.10)

Ginebra

Martes, 11 de Mayo de 2010

Eugenio, a propósito de la radiografía que te sacaste, debo compartir que desde hace dias que tenia ganas de escribirte porque encontré muy valiente de tu parte haberse lanzado al aire con esta publicación sobre la derrota. Esa era mi primera impresión, la encontraba un poco exagerada, pero después de ver las reacciones me queda más claro que nunca que se necesitaba coraje. Constato que el famoso libro (que no he leído) esta sirviendo para sacar algo de veneno por la herida. Al final, le podría haber tocado a cualquiera que pusiera primero el dedo en la llaga.

Estoy seguro que el libro en si mismo ayudará a salir de este ambiente de medias frases o de frases cuñas o de consignas en el cual nos movemos. Ya vendrán otros que recogerán el guante y publicaran lo suyo. Discutir a través de libros en lugar de frases armadas para la prensa será un verdadero progreso, por lo tanto todos “los progresistas” deberíamos saludar tu libro como el comienzo y no como el cierre de un capítulo (le puso el acento a la palabrita, porque sino aparecería como capitulo, y en esto tu libro parece ser claro: capitulación no hay). Nota aparte: haz visto la cantidad de libros publicados en Francia a propósito de la última campaña y la derrota del PS, bueno ahora se prepara una nueva colección para la que viene. Nadie se enoja, nadie dice no lo deberías haber hecho, a lo más están en desacuerdo, lo encuentran malo, o etc.

Por el ambiente que se ha generado, podemos anotar una nueva causa de la derrota: la Concertación ha permitido que el debate intelectual se reduzca fácilmente a un fuego cruzado de opiniones a medias, que caen en el campo de las amenazas, las imputaciones y las frases ingeniosas de menosprecio por los que no piensan como uno, a pesar de tener una historia como patrimonio común. Esto viene desde hace tiempo, puede aparecer como un síntoma, pero más bien parece que hace parte “constitutiva” de las condiciones de la derrota.

Manteniéndome optimista, estimo que el libro es progreso y, para rematar, si tuviese que hablar en plural diría que los progresistas de aquí y de allá saludamos su publicación y que aquellos progresistas que tienen sólidos fundamentos para decir que el libro es una radiografía parcial, bueno, ya tienen un piso, quedan invitado a publicar lo suyo.
(mal enviado por Ramiro Pizarro, desde Ginebra, Suiza)

La manía de escribir

Sábado, 8 de Mayo de 2010

Cada vez que publico un libro me pregunto lo mismo: ¿por qué esta manía?
Escribir me gusta. Sobre todo en la 1a versión, cuando se lanzan ideas al ruedo. Después me empiezo a aburrir. Pero con todo, es a la larga placentero.
Publicar es otra cosa. Es como estar desnudo ante un ejército de francotiradores. Quien diga que las criticas no el duelen yo creo que miente, o que es mejor que se dedique a otro oficio. Duelen.
Pero lo peor es constatar que la gente entiende lo que quiere –o que uno no explica lo que cree. Que generalmente ya tiene formado un juicio antes de abrir la 1a página. Que hay una tentación irresistible de imputar al autor todo tipo de aviesas intenciones –entre ellas la más curiosa: ¡hacerse rico!; o la más venenosa: ¡hacerse famoso!
Y a uno le pegan por todos los costados. Si pone en el tapete los temas de fondo, por ser desleal. Si no los pone, por ocultarlos. Si uno no estuvo involucrado en los hechos, por hablar de lo que no se sabe. Si lo estuvo, por no quedarse callado, como si existiese un pacto de silencio entre los involucrados.
Todo esto me está pasando con la “Radiografía de una Derrota”, mi último libro.
Pro suponía que algo de esto iba a pasar, aunque nunca pensé que comenzaría antes de leerlo. Lo que ocurre es que este libro rompe con el código de no poner por escrito aquello sobre lo que todo el mundo habla. O de dejar que las cuentas se arreglen entre los dirigentes, pero sin participación del resto. O de no arriesgarse con interpretaciones más de fondo de las cosas.
Bueno. Yo rompo con esos códigos en este libro. Tendré que atenerme a las consecuencias.
Como sea, los cientos de respuestas que hemos recopilado en www.eugeniotironi.cl a la pregunta ¿Por qué perdió la Concertación?, ya justifica con creces el esfuerzo,

Radiografía de una Derrota

Martes, 4 de Mayo de 2010

Así se titula el libro en el que he estado abocado desde fines de octubre del año pasado, cuando dejé la 1era línea de la campaña de Frei. Cuando vino el terremoto me volqué a eso, y dejé de lado este proyecto; pero después lo retomé, pues me pareció pertinente intentrar, desde mi perspectiva y como actor directo y por ende responsable, responde por qué perdió la Concertación.
No voy a referirme al contenido. Sólo diré que traté de ser honesto intelectualmente y no herir a personas, ni tener cuidado en ser “políticamente correcto”.
La tradición es que los libros se “lanzan” en un salón con comentaristas y un vino de honor, donde van 100 personas con suerte. Decidí romper con esta tradición. En www.eugeniuotironi.cl iré presentando sus contenidos en los próximos días, invitando a que cada uno, en 560 caracteres (4 twiteos) dé su opinión de por qué perdió la Concertación, lo mismo que a mi me tomó 250 páginas.
Ojalá se arme un debate atractivo. Y que lo podamos subir” luego al papel, en la próxima edición del libro –si las ventas dan para ello.
Invito a mis contertulios en este blog a que den su opinión.

Hinzgate

Miércoles, 2 de Septiembre de 2009

La decisión de Rodrigo Hinzpeter,  generalísimo del candidato Sebastián Piñera, de no dejar entrar a los periodistas de La Nación aduciendo el derecho a la “autodefensa” y a que se trata de una candidatura “privada”, habrá de quedar en los anales de los llamados eufemísticamente “errores comunicacionales” de esta campaña presidencial.

Si se hubiesen reunido los mejores estrategas especialistas en aguar la fiesta de los adversarios, no se les habría ocurrido algo mejor para sabotear el evento de Piñera ayer en el MovistarArena que lo hecho por Hizpeter con los periodistas de La Nación. Y si se hubiesen reunido los mejores analistas para descifrar qué hay en el subconsciente del comando piñerista,  seguramente no habría descubierto lo que reveló cándidamente Hinzpeter con sus explicaciones: que la de Piñera es una candidatura “privada”, que no debe explicaciones a nadie de sus conductas, pero que sin embargo está orientada a elegir al Jefe del Estado, que es la cuestión pública por antonomasia: en otras palabras –se colige–, se trata de un intento de apropiación “privada” de lo público.

Pero eso no es todo. Como iniciativa “privada”, según Hinzpeter la candidatura de Piñera tendría derecho a la “autodefensa” (término que remite a las peores pesadillas de nuestros días) por la vía de la prohibición del acceso a ciertos periodistas a un acto de campaña (un acto “privado”, obviamente).

Piñera se ha encargado todo el día de desautorizar a su generalísimo. Pero el daño ya está hecho.

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags: , ,

Generales rusos

Sábado, 27 de Junio de 2009

Nobleza obliga. Yo fui crítico a la forma como la dirección del PS encaró el caso de Marco Enríquez-Ominami, y luego de Carlos Ominami.  Sin embargo, hoy sólo cabe aplaudir su  extraordinaria sangre fría para manejar este asunto, con resultados hasta ahora buenos para su partido. A diferencia del PDC con Adolfo y del PPD con Schaulsohn y Flores, el PS esperó. Fueron como los generales rusos ante la ofensiva alemana en la II Guerra. Frente al ímpetu de Marco, al que luego se sumó Carlos, el PS se replegó en su propio Stalingrado: su institucionalidad. Muchos estábamos impacientes; pero ellos aguantaron hasta que llegara el invierno. No los echaron, pero les fueron cerrando el espacio. A Marco, q no pudo seguir recolectando firmas como independiente si estaba afliado al PS, lo que le empujó a su teatral renuncia. Y luego Carlos, que luego de fracasar en su intento de ser candidato PS al senado y ser al mismo tiempo generalísimo de un candidato presidencial que compite con el PS (su hijo Marco), se ve obligado a dar el mismo paso. Ambos se alejan por decisión propia, como quería la dirección del PS, y no son expulsados. Su salida no desgarra al partido, y los recién salidos deberán iniciar la nueva etapa bastante solitarios.

Para quienes –me incluyo entre ellos– ven todavía la política con un sesgo algo testimonial, algo mesiánico, incluso algo romántico, la sangre fría mostrada por la directiva del PS produce cierta inquietud. Pero desde el punto de la eficacia, no hay duda de q su conducta tuvo una eficacia incuestionable –como lo han probado los Ominami.

El invierno recién comienza y ya tiene sus víctimas. Veremos como sigue.

Plop!

Miércoles, 24 de Junio de 2009

Es increíble. Bastó una encuesta para q cambiara el clima político del país. Lo que parecía un fenómeno, sobre el cual se tejieron incontables teorías sociológicas, políticas y psicoanalíticas, hoy es un vago recuerdo del q ya se habla poco –un poco para no recordar lo ingenuo que fuimos. Lo q parecía en camino al desastre o al cementerio, hoy se reconoce como algo sólido, casi imbatible. Lo q llevaba la delantera y parecía arrollador, hoy resulta que está carcomido x las dudas. Una encuesta y despertamos. A lo mismo; a este Chile institucional, previsible, que premia el trabajo antes que el ingenio, que respeta el sentido común, que no es bueno para las aventuras. La CEP fue como un baño de realismo. Veremos q pasa ahora. Por lo pronto, se ve q Piñera está mas agresivo, especialmente  hacia Frei. Esto inevitablemente polarizará la contienda. El gran damnificado será Enríquez.

Pero la campaña ha sido desplazada, en parte, x la influenza en todas su formas y el virus incisial, q ha llevado al colapso de los hospitales. La cuestión es seria. Y también, por las palabras de Obama a Bachelet, q elevan a la Presidenta a la categoría de celebridad mundial. Aquí, todos y todas (como se dice ahora), hemos debido reconocer alguna dósis de orgullo. No es para menos.