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Los Desalojados

Viernes, 28 de Mayo de 2010

El domingo antepasado, Andrés Allamand y Marcela Cubillos (A-C) publicaron una crítica a mi libro Radiografía de una Derrota. Se los agradezco. Necesitamos políticos como ellos, que lean y opinen; y requerimos también que el debate público tenga como blanco las ideas y no las intenciones de los que las promueven, y que emplee como arma la inteligencia y no los epítetos.
A–C me critican por no ir al fondo del asunto: que la Concertación perdió esta elección por padecer de un “agotamiento irremontable”, a raíz de fenómenos como el Transantiago, la delincuencia, la corrupción, el abuso de poder y una larga lista de fatalidades del mismo corte. Esto, dicen, hacía “inevitable su derrota”. Es raro que lo digan ellos, pues le resta los méritos a su propio triunfo. Pero al igual que Fernando Villegas en estas mismas páginas, A-C quieren hacernos creer que la derrota de Frei revela la bancarrota de la cultura política que representa la Concertación. Yo tengo mis dudas. Si este fuera el caso, estaríamos ante un quiebre histórico de marca mayor, pues la Concertación tiene raíces ideológicas, sociales y políticas que se entroncan con la dilatada historia del socialismo democrático y el social cristianismo en Chile. No creo que se así. Vamos viendo.
J. Samuel Valenzuela escribía a fines de enero en este mismo periódico que el resultado de la elección presidencial fue un pequeño temblor electoral, que provocó un terremoto político. En efecto, por un pequeño puñado de votos, una nueva coalición se hizo cargo del gobierno. Pero ojo: la Concertación recuperó su mayoría en el senado, sigue siendo una fuerza considerable en la Cámara, y su Presidenta, Michelle Bachelet, se alejó rodeada de una popularidad sin parangón. ¿De qué “agotamiento irremontable” nos hablan?
A-C dicen que las ideas importan. Tienen razón. Ellos afirman que la bancarrota de la Concertación reside en el fracasó su tesis básica, la cual fue esgrimida por Frei en su campaña: “más Estado”. ¿Es efectivamente así? También tengo mis dudas.
Me resisto a ampararme en las encuestas, pero no podemos esquivar lo que éstas revelan: que la gente quiere “más Estado” en todos los ámbitos; especialmente aquella que está inserta en las zonas más marginales de la economía de mercado (ver encuestas Icsos – UDP 2008 y 2009). Pero hay una evidencia aún mas empírica. ¿Qué explica el aprecio popular que rodeó a la Presidenta Bachelet al finalizar su mandato? Como bien reconocen A-C en su libro La Estrella y el Arco Iris, esto no obedeció a una misteriosa “cariñocracia”, sino al respaldo de la población a sus políticas. ¿Y qué fue lo singular de éstas políticas? Lo que afirman ellos mismos: que bajo Bachelet el Estado estuvo “en condiciones de apoyar a la gente más necesitada y de una manera que nunca se había hecho” (p 169). En suma, la popularidad de Bachelet no se constituyó no sobre el “más mercado”, sino sobre el “más Estado”; y por lo mismo, no era raro que Frei buscara identificarse con ella en este punto. Frei perdió, es cierto, pero Bachelet sigue ahí envuelta en el cariño popular. ¿Dónde está el derrumbe ideológico de la Concertación?
Hablando de la campaña de Piñera, en su libro A-C relatan algo muy iluminador. “En cuanto al Estado –señalan–, la idea se apartó del manual habitual de la derecha: la decisión fue no confrontar ideológicamente el concepto de “más Estado”. A lo más (sic), hacer presente que se necesitaba “mejor Estado” …” (p 253). O sea, A – C objetan ahora el “más Estado”, pero en la campaña recomendaban pasar el tema por alto. ¿Por qué? Muy simple: porque enfrentarse a Frei en el terreno Estado vs. Mercado, con Piñera identificado con este último, era electoralmente fatal.
Sebastián Piñera siguió fielmente las recomendaciones. Como candidato jamás alegó a favor de una reducción del Estado ni, menos, por una ampliación del mercado. Pero la campaña ya es historia. Lo importante es lo que ha ocurrido desde que asumió la Presidencia. Ha sido consecuente con lo prometido. A tal punto que una de los primeros proyectos del nuevo gobierno ha sido una reforma tributaria destinada a extraer renta de las empresas para trasladarla al Estado; lo que ha sido rechazado por Libertad y Desarrollo, ¡y aplaudido por la Concertación! Si se presta atención al robusto Mensaje del 21 de Mayo, lo que se ve es una sana continuidad con las líneas matrices de las políticas instauradas bajo los gobiernos de la Concertación. No hay ni una traza de des – estatización. ¿Dónde está, entonces, la “derrota ideológica” de la que hablan A-C? ¿No será más apropiado hablar de la “derrota ideológica” de la derecha tradicional, que hoy por hoy se pregunta, como alma en pena, acerca de cual es la “identidad” del gobierno de Piñera?
A-C insisten en algo que creía superado: que Piñera ganó gracias a la oposición frontal de la Alianza al gobierno Bachelet (el llamado “desalojo”), no mimetizándose con la Concertación, como lo afirmo en mi libro. No soy tan omnipotente para creer que discuten conmigo. En realidad yo soy un mero instrumento: el blanco de sus criticas es el Presidente de la República, con quien diputan por el origen y la propiedad de la victoria.
Creo que la evidencia a favor de nuestra tesis es abrumadora. ¡Si bastaba con ver la gráfica y la franja de Piñera para ver su esfuerzo de acercarse a la Concertación! La verdad es que quien realmente adoptó el libreto del “desalojo” fue ME-O, no Piñera; lo que permitió –como dicen A-C — “remecer a la clase política y contribuir a reemplazar a la Concertación” (p 208). ¿Qué esto ayudó a la derrota de Frei? No cabe ninguna duda; pero supongo que Allamand no estaba pensando en ME-O cuando escribió su controvertido opúsculo.
A-C afirman que “no hay que dejar que la historia la escriban los derrotados”. Me temo que en esto hay algo de proyección. La Concertación y yo mismo fuimos derrotados, no cabe duda. Pero A-C también lo fueron. Decir que este es “el quinto gobierno de la Concertación” es ir muy lejos. Pero no hay dudas que no este no es el gobierno con el que soñó la Alianza ni A- C. Estamos ante un Presidente que no está acostumbrado a co – gobernar en ningún orden de cosas, y así lo dejó en claro al conformar su gabinete, cuando dejó de lado a los líderes políticos. Su equipo ministerial está conformado por ejecutivos, no por políticos; por subordinados, no por pares; por gente de experiencia en la empresa privada, no en los partidos. Esto no es casual: responde a su propósito central, como es inseminar al Estado de la nueva lógica empresarial chilena, que ellos mejor que nadie representan.
Lo que A – C buscan con su libro es “escribir la historia” para reivindicar el “desalojo” y el esfuerzo de los partidos y sus militantes en el triunfo de enero; un triunfo del cual –no sin cierta razón– se sienten expropiados. Pero revertir esta situación, me temo, requerirá mucho más que un libro. Hacer de éste un gobierno de la Alianza exigiría rehacerlo desde sus bases, y enfrentarse a un Presidente que ha demostrado que no suelta nada gratuitamente, y que no teme al vértigo del precipicio.
A-C plantean, con una cordial ironía, rebautizar mi libro, y llamarlo “La Derrota Analgésica”. Yo haría lo mismo con el suyo: le pondría “Los Desalojados”.
(Versión integral de columna en La Tercera 28.05.10)

El desalojo, la mimetización, y el dilema de Allamand

Martes, 1 de Septiembre de 2009

En septiembre de 2007 publiqué en la Qué Pasa una columna titulada:  ¿Qué tiene que aprender la Alianza de la Concertación para ganar el 2009?. Lo que ahí afirmaba era, básicamente, que para ganar la Alianza debía desdramatizar el cambio que ella representaba, y no tener temor alguno en mimetizarse con la Concertación.

La mencionada columna generó una reacción furibunda de Andrés Allamand. Me acusó de estar tratando de  -no recuerdo si ya había publicado por entonces su teoría del “desalojo”, pero lo que me respondió iba en esa línea: que la estrategia ganadora para la Alianza no era la mimetización con la Concertación –como yo  engañosamente lo propugnaba para confundir a la gente de la Alianza– sino, al contrario la diferenciación con aquella, y la denuncia sin descanso de sus errores e incompetencias.

Allamand, hay que reconocerlo, ha sido fiel a su teoría (era que no, dirán los más suspicaces). Piñera, en cambio, siempre tuvo dudas, y así se encargó de hacerlo saber a todos sus cercanos. Seguramente para no tener que soportar las hostigosas argumentaciones de Allamand, jamás encaró de frente teoría del “desalojo”. Pero hay que reconocer que nunca se sintió cómodo con ella.

La actitud reciente  de Piñera en la campaña presidencial, sin embargo, es más elocuente que mil palabras. No solamente ha hecho caso omiso a las teorías de Allamand, sino que ha abrazado la tesis de la mimetización de una manera que raya en la impudicia.

A la Presidenta Bachelet, de partida, no  la toca ni con el pétalo de una rosa. La protección social, que hasta hace poco era mirada como la re-encarnación de ese monstruo siniestro que es el Estado de Bienestar, es ahora parte de un patrimonio nacional que hay que conservar. Es más: Piñera rasga vestiduras porque algunos ponen en duda que la derecha vaya a mantener la red de protección social, olvidando que ésta ha sido construida contra los deseos íntimos de la derecha.

Pero Piñera ha ido aún más lejos en su esfuerzo de mimetización. Si el gobierno Bachelet da bonos a los grupos más pobres para paliar la crisis, el ofrece por adelantado uno para marzo.  Si Frei plantea extender la protección social hacia la clase media, en vez de criticarlo por asistencialista, anuncia que él también lo hará, incluso con más generosidad que el propio Frei. Si éste dice que ampliará los radios de competencia del Estado, Piñera no duda en suscribirlo. Es más: basta que Frei diga que no se niega por principio a discutir en el futuro, pasada la crisis, la estructura tributaria, para que Piñera salga diciendo que está abierto a un alza de los impuestos.

En suma, la estrategia de Piñera es clarísima: mimetizarse con el gobierno Bachelet y con las propuestas de Frei. Esto indica que definitivamente ha preferido seguir la estrategia de la Concertación –a las que yo hacía referencia en la columna que mencioné más arriba– antes que seguir las recomendaciones de Allamand.

Allamand es un hombre inteligente y consecuente. Hoy es un prominente miembro del comando de Piñera. ¿Cómo congenia esto con un candidato que le da impúdicamente la espalda a su estrategia?

Sin el ánimo de meterme en honduras, pienso que Allamand debería hacer algo para cuidar su reputación. No sé. ¿Desmarcarse de Piñera –como a veces parece hacerlo con algunas declaraciones muy duras hacia el gobierno? No parece ser lo recomendable: mal que mal Piñera es el candidato, y no le está yendo mal con la estrategia que viene siguiendo. ¿Retirarse del comando en gesto de protesta? No, eso no: sería totalmente desproporcionado. Y le daría municiones a alguna gente de la UDI que, soterradamente, está molesta con la evolución que está teniendo la candidatura de Piñera, que ya se parece más a la Concertación que la del propio Frei.

¿Que hacer entonces? ¿Esperar la encuesta CEP, y en caso que Piñera no avance significativamente, reflotar su “desalojo”? Podría ser. También podría inventar otra teoría –éstas siempre tienen algún mercado, y Allamand es bueno para esto. O decir que las circunstancias cambiaron –lo que quizás alguien podría creeerle. O enfrascarse en una polémica con los que hagan ver la inconguencia entre sus planteamientos y la campaña real de Piñera. O quizás pueda hacer algo más simple y más radical:  retirar su libro “El Desalojo” de las librerías, pues le hace un flaco favor a su candidato.

Insisto: no sé qué, pero modestamente pienso que algo debe hacer Andrés Allamand. La situación en que lo ha puesto Piñera es intelectualmente muy, pero muy incómoda.