Polvareda

Miércoles, 6 de Enero de 2010

Nunca pensé que mi columna de ayer en EM iba a producir tanta polvareda.La adjunto para los que no la han leído. Y la explico –esto siempre es una mala señal, pero parece que aquí algo salió mal.

La escribí pensando en los lectores de la A3, entre los que hay muchísimos viudos de Hermogenes, para advertirles que no destaparan la champaña ante un eventual triunfo de Piñera, porque éste en rigor ha sido inventado por la Concertación para derrotar esratégicamente a los herederos de Pinochet. Y para recordarle a los demás lectores, que Piñera se alejapor  completo del tipo de liderazgo político que conocemos, y que se parece peligrosamente a Berlusconi.

Pero bueno. Una cosa es la que uno escribe, y otra la que se lee. Sobre todo en el caso de las columnas periodísticas , que se leen muy  superficialmente, y sólo se retiene una idea –cuando mucho. Y sobretodo cuando impera el espíritu maniqueo propio de las campañas políticas.

Lo concreto es que muchos leyeron que yo estaba poco menos que adhiriendo a Piñera, lo que no es así en absoluto. No soy, ni de lejos, un Navia; ni  ando ofreciendo, en absoluto, mis servicios. Soy un concertacionista impenitente, voto por Frei y trabajo por Frei.

Muchos se sorprendieron porque, en la columna de marras, yo estaría “enterrando” a la Concertación. Esto sí merece detenerse. Pienso que el tipo de Concertación que se inauguró el 2005 entre Adolfo y Camilo, basada exclusivamente en el entendimiento entre las directivas de los partidos, efectivamente murió –y de mala forma– el 13D.

Debo decir que en otra columna mía que provocó gran polvareda (”El Mapu ha muerto”), escrita el 2005 despues de la defenstración de Viera-Gallo, así como en una enrevista posterior a Claudia Álamo en La Tercera, yo decía que un tipo de Concertación había muerto (aquella basada en el famoso núcleo transversal, al que yo eufemísticamente me refería como “mapu”) y que nacia otra, una más institucional, basada en un “directorio” compuesto por los presidentes de partido. Bueno: es lo que ocurrió, y lo que condujo a los magros resultados del 13D. Por ende, lo que hay que hacer ahora es efectivamente “enterrar” al tipo de Concertación que nació el 2005, e inventar una nueva. No veo pecado alguno en decir esto.

Pero bueno. Pongamos fin a la lata de las explicaciones. Aquí va la columna en cuestión.


Piñerismo

Joaquin Lavín fue derrotado en su intento por entrar al senado. No se sabe cual será ahora su destino político –si es que tiene aún alguno. Hace diez años, estuvo a punto de hundir al “transatlántico” de la Concertación, Ricardo Lagos, y dejó mortalmente herido el clivaje autoritarismo – democracia, lo que esfumó la cómoda ventaja electoral de la que ella disponía desde 1988. Y hace apenas cuatro años, todo indicaba que debía ser electo Presidente de la República, si las cosas hubiesen seguido su inercia.

Pero no fue así, para desgracia de Lavín. Entre el 2000 y 2005 ocurrieron tres cosas. La primera, el éxito del gobierno de Lagos, que con su ritmo endemoniado evitó que se echara de menos a Lavín. Segundo, que éste no encontró un lugar donde pasar confortablemente la espera hasta las próximas elecciones presidenciales: la alcaldía de Santiago fue su Stalingrado. Y tercero, que se le apareció Michelle Bachelet, quien le expropió su novedad, su lógica y su carisma.

De ahí que, ad portas de la elección presidencial del 2005, los partidarios de la Alianza fuesen corroídos por la duda de si Lavín daba el ancho para hacerse de la mayoría. Lagos había abierto una nueva etapa, y Lavín ya no tenía el atractivo de antaño. Esto lo percibió sagazmente Sebastián Piñera –quien de oportunidades, sabe–; y con Lavín herido en el ala, sintió que había llegado su hora. Luchó –no con mucho ahínco, a decir verdad– por ganarle a Bachelet. Pero su real objetivo era enterrar al lavinismo e imponerse estratégicamente sobre la UDI. Y lo consiguió plenamente. Perdió la presidencial, pero hundió a Lavín. Así, quedó en la pole position para el 2009, e inmunizado ante las críticas por sus conflictos de interés o los vínculos entre política y negocios, como se confirmó en la campaña 2009.

Piñera está hoy en una posición expectante para ganar el 17 de enero. Pero su éxito va aún más allá: fundó una nueva derecha, el piñerismo. Una derecha que hace aspavientos de haber estado con el NO; que no reniega del Estado ni de la protección social; que asume las uniones entre homosexuales y atrae a los jóvenes; en fin, una derecha ya no sólo post-Pinochet, sino post-UDI. El símbolo de esta ruptura fue precisamente la derrota de Lavín en su intento de resucitar, vencido otra vez por Piñera. Por esto se justifica el duelo de la UDI: bajo el piñerismo, ha muerto su hegemonía sobre la derecha chilena.

Con el piñerismo nace también un nuevo tipo de liderazgo en la política chilena, el cual va a dar que hablar. Él no representa la típica figura del político, cuya trayectoria está marcada por diferentes roles, pero siempre en el ámbito público. El está en múltiples actividades, en especial en cuatro que excitan la imaginación de la gente: los viajes, el fútbol, la TV y la política. Traspira éxito y optimismo, a diferencia de los políticos tradicionales, que creen que es mejor mimetizarse con las miserias de la gente. Muestra su riqueza como prueba de su empuje, de sus méritos, de su capacidad individual, no de sus privilegios. Y transforma el antiguo problema del conflicto de intereses en el don post-moderno de la ubicuidad. Como si fuera natural, Piñera es a la vez empresario y político, candidato y filántropo, hombre de Estado y patrón de la farándula, hincha de la UC y accionista de Colo-Colo. El está más allá de los roles tradicionales: es único; es una celebridad.

Con el piñerismo se ha roto con una anomalía de la democracia chilena, como era tener una derecha controlada por los hijos del ancienne régime. Es otro logro, quizás entre los primeros del ranking en el memorial de la Concertación.

Sorry!!!

Martes, 5 de Enero de 2010

Al comenzar un nuevo año –y en este caso, una nueva decada–, yo tengo la manía de meterme en archivos viejos, para repasar lo lo que ha sido mi demarche. Estaba en eso cuando encontré esta columna, que publiqué en la Qué Pasa en septiembre 2007, la que  sucitó una airada respuesta de Andrés Allamand, quien me acusó de estar intoxicando a la gente de la Alianza, para conducirla por un camino que le llevaría a la derrota. Él andaba vendiendo por entonces su “desalojo”. Léanla por favor. Porque yo, al releerla –no siempre me acuerdo de los que escribo– y ver lo que ha sido esta campaña presidencial, llegúe a la conclusión que, Piñera al menos, me escuchó más a mí que a Allamand. No es muy reconfortante, pero las cosas son como son. Espero opiniones, y sorry por la lata y la auto - referencia….

¿Qué tiene que aprender la Alianza de la Concertación para ganar el 2009?

Corría 1986. Una larga crisis económica llegaba a su fin, y con ella las protestas en las grandes ciudades. El país crecía a ritmos descomunales bajo la batuta pragmática de Buchi, que sin grandes aspavientos ideológicos seguía amoldando el sistema a los patrones de un capitalismo de tipo liberal. Los chilenos comunes, por su parte, parecían cada vez más cómodos con el nuevo modelo, que les ofrecía acceso al consumo como jamás osaron siquiera imaginar, y la sociedad parecía encandilada por las ideas de derecha. También sentían haber ganado estabilidad, luego de muchos años de experimentos de todo tipo, y de una crisis económica que había desembocado en movilizaciones populares que despertaban los fantasmas del caos del 73.

La oposición a Pinochet no resultaba muy seductora, pues solo apelaba a “volver” a la democracia del pasado, sin hacerse cargo que ésta había fracasado –en parte por responsabilidad de los propios líderes que clamaban por su retorno–, que el país era otro, y que los chilenos ya no eran los mismos. Además ella estaba profundamente dividida, por lo que no ofrecía ni orden ni gobernabilidad, dos cosas que los chilenos necesitaban para retomar sus vidas privadas con un mínimo de normalidad. A esto hay que sumar un Partido Comunista sorpresivamente embarcado en la oposición armada. Esto literalmente aterrorizaba a una amplia mayoría de la población que, como decíamos, quería por sobre todo volver a vivir en paz, sin grandes expectativas pero al menos sin abusos. Por lo demás, el fracaso del atentado contra Pinochet en 1987, y el hallazgo previo de las armas internadas por Carrizal Bajo, había derrumbado la estrategia comunista.

¿Que hacer? Esta era la pregunta que angustiaba a las huestes de la oposición democrática. Había un grupo de dirigentes que estaba derechamente inmovilizado por la frustración y el desconcierto. No se reponía de los fracasos sucesivo de la vía insurreccional (tanto la popular como la armada), en la se habían depositado inconfesables esperanzas, y parecía decidido a replegarse en el alegato moral. Otro grupo más pragmático, encabezado por Patricio Aylwin, pensaba que el plebiscito planeado por el régimen para 1988 podía ser la gran oportunidad de cambiar las cosas. Este grupo terminó finalmente por imponerse, en buena medida porque no había una real alternativa.

Vino entonces una segunda discusión, ahora acerca de los contenidos de la campana del NO, en particular de la franja de propaganda televisiva. Lo obvio era aprovechar este espacio para hacer pedagogía y denunciar las atrocidades de la dictadura. Era la posición de casi todos los dirigentes políticos. Un pequeño grupo propuso exactamente lo contrario: dar un mensaje positivo, conciliador, alegre. Se trataba de trivializar lo más posible un eventual triunfo del NO –como Patricio Bañados se encargaba de hacerlo sentir cada noche con singular maestría–; no darle a éste un carácter refundacional de ningún tipo. El adversario, se argumentaba, no era Pinochet; era el temor al cambio en una generación que ya había completado con creces su cuota de experiencias traumáticas y que, de cierto modo, agradecía haber alcanzado un mínimo de orden, aunque fuese en bajo un patrón autoriitario. Por lo mismo, se argumentaba, el mensaje del NO debía evitar cualquier apelación a revoluciones, desalojos o cambios de modelo, porque despertaría en los chilenos la angustia de tener que empezar todo de nuevo otra vez. No se trataba, siquiera, de negar la obra modernizadora de Pinochet, sino indicar que solo a través de la democracia ella podría extenderse a las grandes mayorías por entonces excluídas. Había pues que desdramatizar el significado del triunfo del NO y evitar la polarización para mitigar la incertidumbre y el conflicto, los que inevitablemente arrastrarían a la gente a refugiarse en lo conocido: Pinochet.

Como es conocido, la partida la gano la opción arriba descrita, y el NO gano el plebiscito de un modo que definió el carácter de la transición que vendría. Si se hubiese impuesto la otra opción, aquella que prefería el testimonio antes que la efectividad, es probable que el SI hubiese ganado y que la historia de Chile hubiese sido muy distinta a la que finalmente fue.

¿Por qué traigo todo esto a colación? Porque creo que el dilema de la oposición a Pinochet a dos años del plebiscito de 1988 es idéntica a la que tiene la oposición a la Concertación de cara a las elecciones del 2009.

En un país que está en lo fundamental confortable y con una sensación de progreso, que parece mas bien inclinado hacia las banderas históricas de la izquierda (como la igualdad), que no guarda un buen recuerdo de la dictadura, que pese a sus falencias siente gratitud hacia la Concertación por haber dirigido una transición pacífica y mejorado sus condiciones de vida, ¿por qué habría de correr riesgos y apostar por una alternativa de derecha? Ante esta pregunta algunos ideólogos de la Alianza han defendido que, primero, deben cambiar las percepciones de los chilenos acerca de su situación por la vía de enfatizar la denuncia, y segundo, que deben polarizar al máximo las alternativas en juego, anunciando que con la Alianza en el gobierno todo va a cambiar para mejor.

Ese tipo de dramatización se encarna nítidamente en lo que se la tildado como la “estrategia del desalojo”; la cual está muy influida por las enseñanzas de Karl Rove, el famoso asesor que llevó a los republicanos a numerosas victoria electorales precisamente en base a la polarización. Pero los analistas de la Alianza seguramente han tomado nota del desastre que ha significado para el gobierno de Bush la aplicación de esta estrategia, que condujo recientemente a la caída del mítico Rove.

Pero si se trata de aprender lecciones quizás no haya que ir a los Estados Unidos. Basta con ver lo que hizo la oposición a Pinochet en circunstancias parecidas, cuando el clima del país era adverso al cambio y sus ideas. ¿Qué hizo? Simple: eludió cualquier planteamiento re-fundacional, puso en la primera línea a sus líderes más moderados, evitó por todos los medios la polarización, minimizó el significado de un eventual cambio y des-dramatizó lo que estaba en juego; todo esto con la finalidad de no despertar los traumas del pasado ni revitalizar las lealtades históricas. Pues bien, la Alianza solo puede ganar el 2009 si ensaya algo semejante; si logra trivializar el cambio que ella representa, presentándolo como una cuestión de eficiencia en la gestión y no como un cambio de orientación estratégica; y si logra al mismo tiempo administrar el pasado pinochetista como lo hizo la oposición democrática de los ochenta con la UP.

¿Podrá la Alianza aplicar esta receta? Es amarga y requiere sangre fría. Implica asumir la obra de la Concertación, adoptar un discurso moderado, mantener una actitud de colaboración con el gobierno, levantar liderazgos nuevos; en fin, enterrar la oposición furiosa y el desalojo. Algo así exige la disciplina y autocontención propia de quienes están en política para conseguir resultados y no para dar testimonio. No es claro si la Alianza está dispuesta a dar este paso, ni si esto baste para ganar el 2009; pero es lo más cuerdo que podría hacer en el caso que este fuese su propósito.

Eugenio Tironi, 01/09/07

Trasnoche atlántica

Sábado, 2 de Enero de 2010

TRANSCRIBO ESTE BRILLANTE COMENTARIO DE XIMENAGUI, MANDADO EL 1 DE ENERO A LAS 19:29HRAS.

Hoy, día circular que cierra y abre el tiempo, se me ocurre pensar en la “Concertación”. No en lo que fue, ha sido, es o será, sino en la palabra.
Dice la RAE en su versión habitualmente poco divertida:
concertación.
(Del lat. concertatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de concertar (‖ pactar, tratar un negocio).
2. f. concierto (‖ ajuste o convenio).
3. f. ant. contienda (‖ disputa).
¿Habrá habido futuro alguna vez allí, en ese pacto para salir de algo? ¿O sólo, simplemente, negación y sustitución de un abominable pasado? “Alegría” fue el nombre que se le puso a este ímpetu en fuga, indómito, libertario. El futuro estaba asegurado. El proyecto… eso estaba por verse.
Yo no recuerdo bien, pero entiendo que en este punto nuestro anfitrión proporcionó narración, un sentido al devenir de estas energías. Pero hoy, salvo al eschuchar los ánimos vibrantes de una solitaria Carolina Tohá, poco, casi nada o totalmente nada me suena a ese brioso ir más allá.
¿Más allá de qué? Este es el problema, el futuro es siempre un más allá de algo. El futuro tiene hambre de muerte, sin ella no hay renovación efectiva, sólo renovación de lo mismo, camuflaje para las conveniencias de los vivos, muy especialmente de aquellos a los que les ha ido bien, esos que tienen más intereses que proteger.
La Concertación nos ha dado un presente suficientemente satisfactorio, pero nos deja huérfanos de futuro. No se ha comprendido a sí misma porque no ha sabido reconocer la autonomía, la libertad y la creatividad de sus engendros.
Del futuro, Piñera y su clan no nos van a enseñar nada. Su “crecimiento” me recuerda siempre a ellos mismos. Si no es una oración bien intencionada, la desigualdad en sus bocas me suena a pretexto o recreación de eso que llaman alma, no a motor emocional con significancia política y moral. Nada de responsabilidad, a lo sumo vocación. Sus círculos son cerrados, no amplían su diámetro si no hay ganancia. No amplían el concepto de dignidad, reservado consciente o inconscientemente sólo a ellos mismos.
El futuro no es el rendimiento resultante de la explotación del presente y sus potencialidades. El futuro no está en la derecha, jamás estuvo allí, siempre fue un patrimonio de la izquierda o, en mucho menor grado, del liberalismo. Si acaso estos dos flujos irrigan el cuerpo de la Concertación, sus tan recurrentes cabezas hace rato que no leen las novelas que lo animan y pueden reanimar, sino sus propias biografías, espejos fotoshopeados de ellos mismos, leyendas muertas por nacimiento prematuro. Si hablan del libro del progresismo, parece que la edición que portan agotó hace tiempo sus capítulos. Así y todo, ellos no están para leer, están para dar cátedra. Este justamente es el problema: el catedrático está casado con su prestigio, está encerrado en el corral de su ego, ya  no sueña, sólo sabe calcular.
En la columna de Tironi advierto el fastidio de un padre extenuado de intentar complacer al hijo para poder por fin irse del parque de diversiones donde hubo de ir para festejar el día del ansioso infante. Yo, un adulto ni tan adulto ni tan joven, no defiendo las exigencias de MEO porque entiendo que obedecen a un negocio político que afortunadamente no me compete, pero sí pienso que a través de su gesta se cuelan ánimos que sí me interesan, ánimos que a mí también me animan… aún.
El futuro no existe en otro lugar que en las expectativas de estos animales fantásticos que somos los seres humanos. El futuro que no es extensión del presente ha habido siempre que inventarlo. Como el parto, su nacimiento es inevitablemente doloroso. Escalona, escalona, escalona… ¿sabe de partos? Parece saber más de embalsamientos. Él no nos puede orientar hoy día.
El cambio generacional no es un antojo, es una necesidad.
Salud de trasnoche atlántica.

Los partos se producen cuando la criatura está lista.   Por ahora, se está botando el tapón mucoso, preludio de la inminencia.  Deje que el parto tome su curso.  Hay cuestiones previas que la naturaleza tiene que resolver para completarse el ciclo.   Escalona, escalona,escalona está pujando…No es tonto y sabe que no puede seguir haciéndose el leso.  Pero como político viejo, sabrá cual es el momento preciso…Ximenag

Se cierra el círculo

Miércoles, 30 de Diciembre de 2009

Nadie sabe si el tsunami que inauguró Pepe Auth diciendo que estaba dispuesto a renunciar a la cabeza del PPD, y que desembocó hoy en la renuncia de varios presidentes de partido, vaya a tener efecto.

Quizás no. Quizás sea visto como manotazos de ahogado. Quizás se debió haber hecho antes, el mismo 13 o el día siguiente. Quizás se mira como a la cachetada del payaso. Quizás ni este acto sacrificial pueda mitigar la indignación que sienten los electores y bases de la Concertación conra las directivas partidistas por haberlos empujados a elegir entre alternativas que no estaban entre sus preferidas. Quizás falten otros gestos…

No sé. Quizás. Pero lo cierto es que las aguas se están moviendo en la Concertación. Tarde, lento, como si se tratara de una amputación por etapas –¡pobre paciente!–; pero se está moviendo al fin.

Lo que es claro es que esto cierra el círculo sobre ME-O y los líderes del marquismo. Si querían una revolución, aquí la tienen. Si querían una “nueva política”, aquí hay un camino. Si querían que algunas de sus propuestas programáticas fuesen asumidas, ya se hizo. Y si no quieren que gobierne la derecha, bueno, ya tienen donde elegir….

En fin, ya se agotan las excusas. ME-O y su gente van a tener que tomar una opción. Y tienen muchas razones, muchísimas, para darse por satisfechos. Así, caso sin darnos cuenta, se ha inciado en Chile un nuevo ciclo político; uno donde las mayorías se negocian y construyen día a día, y donde el mero testimonio es flor de un día.

Guillotina

Lunes, 21 de Diciembre de 2009

El otro día señalé que en el campo de Frei se necesitaba provocar un “terremoto” que reorganizara el escenario electoral, pues si se dejaba que cristalice el actual, gana Piñera. Eso ha sido interpretado como si yo estuviese propugnando pasar por la guillotina a los presidentes de los partidos de la Concertación, o a toda la “generación de la transición” para reemplazarla por rostros nuevos. No, en absoluto. No se trata de eso.

Es importane que se exprese, de parte de los Presidentes de partido, la disposición a dejar sus cargos, si ello fuese necesario –como lo han señalado Auth y Escalona. Es importante también que adquieran relieve otras caras, como Tohá, Orrego o Lagos W. Pero esto no significa sacar de escena hoy a los dirigentes históricos de la Concertación para satisfacer las condiciones de ME-O. No, porque 1) no hay tiempo para hacer bien esa reestructuración, y no hacerla como un mero acto cosmético; y 2) cualquier acuerdo será más sólido y estable si en él participan aquelos dirigentes históricos.

Por ende, el gran acto de sabiduría, coraje y generosidad de los dirigentes históricos de la Concertación no está hoy en hacerse un lado o en poner sus cabezas resignadamente en la guillotina, sino en esmerarse para proponer en las próximas horas  nuevos escenarios políticos donde quepan, como protagonistas y no como “actores secundarios”, ME-O y la gran mayoría de quienes lo respaldaron como símbolo de un grito de renovación de la política de centro-izquierda.

¿Qué hacer concretamente? Hay muchas ideas, y no viene al caso contribuir al ruido colocando más sobre la mesa. Los dirigentes de la Concertación, que han dado tantas batallas y se han sobrepuesto a tantas situaciones límite, estoy seguro que las conocen y que tendrán la lucidez y generosidad para sacarlas adelante.

Buen camino

Domingo, 20 de Diciembre de 2009

Las cosas se empiezan a mover del lado de Frei. No será aún un terremoto, pero son sacudones grandes.

El respaldo del PC en el día de hoy es relevante, muy relevante. Es un hecho inédito de 1989  hasta acá. Esto le permite a Frei pararse frente a Piñera con otra posición.

Lo que han estado planteando Auth y Escalona (presidentes de los partidos de donde surgió el “marquismo”, particularmente el PS), va también en la línea correcta. Se ve apertura, humildad, generosidad; todo esto muy ajeno del estereotipo de la soberbia y altanería que le cargan a la Concertación. Esta actitud, más que las ofertas programáticas, es la que va a reconectar a Frei con el votante dee ME-O,

Se avanza. Pero hay que acelerar, pues el tiempo es muy corto.

Cristalización

Sábado, 19 de Diciembre de 2009

Siempre se supo que el candidato que actuara con más rapidez y claridad en la 2a vuelta, ganaría ventaja. Por esto era tan importante que Frei, que parte de muy atrás en esta contienda, de pasos claros. Ha dado algunos, pero no suficientes.

Hay nuevo equipo, nueva campa comunicacional, nueva actitud; pero aún no se percibe claramente “por qué Frei”. En cambio, mientras el tiempo pasa, la opción Piñera se va “naturalizando” como algo cada día más posible, más racional,  y ya en ningún caso terrible.

Es por erllo, además, que el discurso de la “polarización”, o peor, el de la campaña del terror encubierta, si en algún momento tuvo sentido (que lo dudo), ya no es éste: definitivamente “se le pasó la vieja”, pues el león ya está aquí, y la gente cada día lo ve meos feroz.

Lo de Frei está todo bien, pero claramente no resulta suficiente. Muchas aspirinas, relajantes musculares, estimulantes; pero nada de cirugía. Muchas frases sugerentes, mucho acercamiento, mucho coqueteo, pero ninguna invitación clara y firme a una empresa mayor “aquí y ahora”.

Y el tiempo se acaba, y la gente se aburre. Quedan 3 días útiles. El 24 se cierra el escenario de la 2a vuelta. Si se mantiene el actual Frei tiene la posibilidad de hacer un papel digno (así lo revela la encuesta de EM-Opina de hoy), pero muy pocas de ganar. Si realmente quiere ganar, tiene que correr más riesgo, lo que implica bajarse con una propuesta que cambie el escenario.

En suma, Frei tiene que provocar un terremoto –a lo mejos éste viene, y no lo sé–, pues de los contrario las cosas van lentamente cistalizando, y a favor de Piñera.

Sobre adolescencia, adultez y otras vainas

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

COPIO ESTE EXCELENTE COMENTARIO DE FRANCISCO EICHHOLZ

Excelente analogía. De gran potencial para producir interpretaciones. Aquí va la mía, algo larga para esta escena, pero así me suelen salir.

Aquí me parece que están hablando de la ley, dictada y encarnada por padre o madre en su rol de autoridad familiar. El adolescente se rebela -y revela- contra esa ley porque le impone límites a su recién descubierta libertad. Y necesariamente se rebela contra sus representantes, o sea sus cancerberos.

También se rebela, como describe Eugenio Tironi, contra el trato paternalista. En este caso siente restringida y hasta humillada su recién estrenada conciencia de sí, que por lo general se alimenta de fantasías ajenas al mundo estrecho de la casa y sus tutores, que pueden persistir en la  imagen infantil de esa persona que no dejan ser persona, situándolo y tratándolo según esa imagen que ellos crearon.

Pero el paternalismo es más que cariño. Es un efecto de dominación. Tratar así es anular la ignorancia –fuente de respeto- respecto de esa persona. Convertir a otra persona en la imagen que nos hacemos de ella es una falta de respeto. Y esto llega a la peor de las violencias cuando esa imagen es una etiqueta degradante, como yo he observado en los dominios rurales y como todos sabemos que llegó al paroxismo en la Alemania nazi contra el “invasor” judío.

La respuesta a la violencia, aunque se ejerza inconsciente o solapadamente, suele ser la violencia. Este fenómeno del asesinato del padre era considerado por Freud como el germen del “malestar en la cultura”, que él refería a la culpa que sienten los hijos luego de eliminarlo.

La solución, creo, es un trato alejado de los roles de autoridad. Si uno ve en el hijo algo que tiene que educar y proteger, se generará un vínculo de dependencia. Y la dependencia es dominio. Esto lo enseñó el primer teórico moderno de la educación, Rousseau.

La autoridad es la que sabe y no se equivoca. Esto, como la historia lo demuestra a raudales, a fin de cuentas no es otra cosa que la defensa de un poder, aunque sea el del padre frente al hijo, pero el padre como poseedor de la verdad.

Las reglas que deben primar en un hogar para garantizar los derechos de todos no deben quedar encarnadas en los padres, usuales aprovechadores de esas reglas porque las han instalado para su beneficio y por lo tanto se comprenden por sobre ellas. Cuando el joven adquiere mayor conciencia, no tarda ni un minuto en detectar estas ilicitudes, sobre todo porque entonces tiene mucho más que perder, en cuanto reconoce y desea la libertad en el mundo civil que lo deslumbra. Quiere ser adulto en la casa cada vez que las reglas le imponen límites. Pero los padres no concederán esa promoción porque la categoría de adulto implicaría la pérdida de su dominio sobre el joven, expresada en el orden de la casa, es decir su jerarquía.

Esto es lo que no ha pasado en el PS y ha irritado tanto a quien tenía enormes deseos de ejercer su libertad y su identidad. Pero como le estaba desordenando la casa a un padre que la tenía toda ordenadita para su beneficio, éste se opuso. ¿Injusto? Claro, el desarrollo entraña dolores porque las medidas establecidas se tensionan. Eso implica siempre un cambio, donde quienes más pierden, más se oponen.

Y por eso valen las metáforas propietarias que ha usado Marco, que como todo huérfano no “sufrió” de parte de la autoridad paterna la imposición de límites a su desarrollo (adolescente es quien sufre creciendo). El padre, como figura ausente recreada en la proyección de las propias expectativas libertarias, anima la audacia en el hijo. Esto se puede observar en muchos casos de huérfanos famosos. Y si el padre encarnaba la libertad y el desenfado juvenil, ni qué decir. Marco debiera llamarse Desmarco, quiebre de los marcos impuestos. Y mi única duda sobre su eventual gobierno era ésta: su dudosa constancia controlando su ansiosa ambición.

Pero volviendo al punto, los partidos políticos presentan estructuras organizacionales en franca decadencia. Esto los aleja de las nuevas dinámicas sociales, familiares e incluso productivas. La política debe, entre otras cosas, dar sentido a la convivencia social, y los partidos deben presentar ofertas de sentido. Pero caídas las ideologías que los vieron nacer, se ha quedado en un rol que ya ni siquiera es burocrático, como el Estado, al que postulan, sino policíaco-mercantil. El que tiene más, se cuida de quienes amenazan sus posesiones y prefiere acaparar. En estas actitudes no hay ni atisbos de democracia, precisamente en quienes dicen ser sus responsables.

Mucho mejor que la figura de la autoridad, hoy en crisis, es la del amigo. Lo digo pensando en el aprendizaje que puede obtenerse en la amistad, donde los consejos, si se dan, surgen desde la curiosidad antes que desde la certeza. La amistad es respeto porque es trato horizontal. Es aprecio y por lo tanto generosidad. Todo eso no calza con la actividad política, pero al menos podría inspirarla ahora que nada la inspira realmente salvo el poder. Mucho me temo no estar exagerando, así al menos en más del 50% de los políticos, y ciertamente más en la derecha, comenzando por el insaciable Piñera.

Por lo mismo, mejor que encarnar uno las leyes, y entre ellas las de la casa, debiera escribirlas. Quiero decir que las reglas de la casa se hagan valer por sí mismas y nadie esté sobre ellas. Así deben funcionar las reglas del juego democrático, así se asegura la convivencia y se da espacio a todas las voces. Eso se suponía que encarnaba la Concertación (es una imagen utópica, claro), pero los que muy pronto, demasiado en verdad, llegaron a ser patricio, hicieron lo que siempre hacen las castas.

Que los congéneres de Camilo se disculpen tras la violencia comenzada por ellos mismos, bueno, es parte de la vida. Pero que lo hagan porque les conviene, eso puede irritar. No creo que Marco acceda al consejo de Seguelá. Para seguir posicionado, debiera bastarle con aparecer en los medios tomando posición frente a Piñera y frente a cualquier abuso y oportunismo político entendido en el sentido ideal que pretende encarnar: la representación de las personas por personas que las escuchan y respetan sus decisiones.

Se ve mal, muy mal esta Concertación indigente. No parece que crea en sí misma. Esa energía emocional no se encuentra en el oportunismo del padre, sino en su confianza y generosidad.

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags:

Reconciliación

Miércoles, 16 de Diciembre de 2009

Los que hemos tenido hijos que han pasado de la adolescencia a la adultez sabemos lo difícil que es para los padres este tránsito. Instintivamente, insistimos en tratarlos como niños, usando incluso diminutivos para referirnos a ellos. A no creer en sus deseos de autonomía, y tomarlos como caprichos pasajeros, o cuando mucho como ilusiones. A pedirles majaderaamente a que sigan las pautas que nosotros le impusimos cuando niños. A tomar sus actos de rebeldía como falta de respeto. En suma, a infantilizarlos, a rechazar su paso a seres independientes, con una identidad propia.

A los padres nos cuesta asunir que los adolescentes deben crear una identidad propia en oposición a la que tienen más cerca: la de los padres. Esto los vuelve críticos y hasta despectivos hacia lo que fueron o son las opciones de los padres, hacia sus estilos de vida, hacia su estética; en fin, hacia todo lo que huela a ellos. Esto es ciertamente muy doloroso para los padres, pues se ven cuestionados por aquellos que mas quieren. ¿Y cual es entonces su reacción? Rechazar de plano al hijo adolescente que dice aborrecer de ellos. Cortar con él. Expulsarlo incluso de la casa. En casos, declarar que ya no es más un ser querido…

Hay que agragar una cosa. Generalmente la reacción más dura y agresiva viene del padre –especialmente con un hijo hoimbre–, no de la madre. Aunque sea solidaria con el padre –lo que es siempre desgarrador, pues tiene que “elegir” entre su pareja y su hijo/hija–, la madre  siempre mantiene el nexo con el hijo o hija, incluso a espaldas de su pareja, y nunca lo descaalifica ni lo enfrenta. Siempre, de un modo u otro, los mantiene como parte del hogar. A la larga, este es un factor clave, pues hace menos traumático este proceso para todas las partes.

Par los hijos, aunque no parezca, el proceso no es más facil que para los padres. Su ruptura con ellos –que es insoslayable: sin ésta, nadie es totalmete adulto– es muy doloroso y desgarrador. Muchas veces se siente que se está quebrando cone ellos, sin saber qué los espera, sobre qué nueva identidad sostenerse. También brota la incertidumbre respecto a cuestiones prosaicas pero importantes: donde encontrar ese “calor de hogar”, ese cariño y respaldo incondicional que brindaba el hogar paterno. La duda acerca de en quién confiar. Y surge la tentación de encontrar apoyo únicamente en los pares, o bien en padres o madres postizos o placebos; esto es, adultos que pasan a cumplir los roles de los padres originales, pero con quien no existen los lazos básicos, y que a veces pueden conducir a los jóvenes por caminos imprevisibles.

No soy sicólogo ni nada que se le parezca, pero sí padre cinco veces. Creo que este proceso, con más o menos bemoles, es inevitable. Y que éste es bien llevado no cuando no hay ruptura, sino cuando no hay reconciliación. Y la reconciliación no consiste que los padres o el hijo/hija renuncien a lo que teinen que vivir, sino que se reencuentren en un nuevo estadio. Un estadio donde el padre reconozca a su hijo como adulto, como alguien que tiene una identidad propia y diferente a la de sus progenitores, y que tiene un mundo por delante también diferente. Un estadio donde el hijo se reconozca diferente de sus padres, crítico incluso de ellos en muchos aspectos, pero que vea en ellos un afluente de su identidad,  los quiera por ello.

La reconciliación se da, en suma, cuando ambos, hijo/hija y padres, renuncian a la idea de transformar a su gusto lo que es el otro; y es más, cuando aceptan e incluso fomentan la autonomía y la libertad de cada cual. Cuando reconocen en el otro algo propio pero que ya no manejan, y sienten orgullo por ello. Cuando ya la autonomía, la originalidad, y desde luego el éxito del otro ya no se vive como una pérdida, sino como un logro propio. En fin, cuando se acaba la competencia –que, como sabemos, se camufla de mil formas, algunas muy biondadosas–, y lo que se impone es la colaboración entre iguales en status y diferentes en identidad. Todo lo cual conduce, por cierto, al fin del lenguaje despectivo, lo que significa que por un lado se termina con los términos infantilizadores, y por el otro los términos despreciativos.

Este proceso, tan típico de las familias, uno los vive también en las organizaciones, sean empresas, iglesias, ONGs, partidos políticos, etc. Por lo mismo, esta es una óptica que permite comprender muchos procesos que van más allá de las familias. Y me pregunto, por ejemplo, si acaso ésta óptica no es la mejor para comprender lo que ha pasado en la “familia” socialista, y los roles que han jugado un Camilo, un Marco, y por qué no agregarla, una Presidenta Bachelet –entre varios otros. Y  si acaso esta misma óptica no es la mejor también para imaginarse lo que pueda venir; si una reconcliación entre seres adultos que se reconocen como tales, o un nuevo episodio de una guerra en la que, finalmente, todos se comportan como adolescentes.

Author: Eugenio Tironi Categories: Política Tags:

La hora de Carola

Lunes, 14 de Diciembre de 2009

Erré en mi apuesta, y hay que admitirlo. SP y MEO sacaron  mas votos  de lo q pensaba, y EF y JA menos. Pero ojo: todo más o menos en el “márgen de error”, como ya se dice eufemísticamente.

Lo cierto es q el escenario es difícil para Frei, pues tiene que remontar una ventaja muy apreciable a favor de SP. Y Arrate no le basta. Sólo tiene una opción: conseguir para sí gran parte del voto de ME-O –y con éste incluído, al menos como cómplice.

Para ello, no puede seguir haciendo más de lo mismo. Tiene que introducir un factor nuevo. ¿Cual es, a juzgar por las noticias de hoy? La incorporación de Carolina Toha como “generalísima”. Ésta era una figura de la que Frei había rehuído, quizás porque no quería entregar a nadie su representación.

Pues bien, eso se acabó. Carolina Tohá hoy representa a Frei. Es su tarea, entonces, abrir el diálogo con el marquismo, y si él quiere, con el propio ME-O. Y nadie lo puede hacer mejor que ella. En cierto modo, ella representa lo mismo que ha logrado reprsentar ME-O, con el plus que le da su cercanía con la Presidenta Bachelet.

Hoy estuve en un programa de radio con Max Colodro. Señaló que ME-O ya había dicho lo que tenía que decir; que ahora será decisión de cada dirigente y de cada adherente de ME-O tomar su opción para 2a vuelta, de acuerdo a si siente que sus motivaciones están reflejadas en las candidaturas de Frei o SP.

Ahí está la tarea de Carola: recoger genuinamente el sentimiento y las ideas que estuvieron tras ME-O, darles protagonismo en un Frei 2.0, abrir todos los espacios de diálogo posibles, y con esta nueva alianza emprender la  2a vuelta.

Nada de consumirse administrando la campaña. Esto se lo puede dejar a otros. Carola debe representar la convergencia entre Frei, Bachelet y ME-O. Nada más; nada menos.

Es la hora de Carola. De nadie más.