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Archivo para la categoría ‘Reflexiones’

Reseteo

Jueves, 4 de Marzo de 2010

De pronto la discusión sobre el terremoto parece desplazarse del tema de las víctimas y de la reconstrucción, a la cuestión de la gestión de la crisis. Las recriminaciones vuelan.

Es increíble ver además como esto ha sido tomado en el mundo. Partió con una columna de opinión en el WSJ, que decía que Friedman había salvado millones de vidas en Chile, porque sus políticas económicas bajo Pinochet habían permitido la prosperidad de la que hoy goza el país. Le han respondido numerosos columnistas, diciendo que ni Friedman provocó tal milagro, y que de haberlo seguido, se habrían eliminado todas las normas anti-sísmicas –que datan de 1972– que permitieron que Chile no se hundiera por completo, en aras por cierto de la “libertad de mercado”. Adjunto links con este debate.

Pero volvamos a Chile. Estoy convencido que ll problema no estuvo en el retraso del gobierno. Estuvo en la fragilidad del Estado chileno, incluyendo sus FFAA. El chileno es un Estado que descansa en operadores privados que le proveen de todos sus servicios, incluyendo los de telecomunicaciones. Caídos estos servicios –que están diseñados para fines distintos que los propios del Estado–, éste quedó desarticulado, ¡¡incluyendo a sus fuerzas armadas y policiales!!! –que, por ejemplo, usan celular para comunicarse entre sí, tirando sus equipos de radio a la basura.

En Chile pasó algo parecido a lo que ocurrió a Estados Unidos con el Katrina, producto del ultraliberalismo de Bush que había desmantelado la equivalente a nuestra ONEMI siguiendo la doctrina reaganiana de que en el Estado está el problema y no la solución.

La fragilidad del Estado significó que la presidenta y las fuerzas armadas no pudieron evaluar la magnitud de la catástrofe si no hasta muchas horas después del sismo. Por lo mismo, no imaginaron que se produciría un problema de orden público como el que se produjo. Incluso las comunicaciones al interior del Estado –como las del Shoa a la Onemi—parecen destinadas más a “sacarse el pillo” ante una eventual investigación de la Contraloría o de un Tribunal, que a dar indicaciones precisas de lo que hay que hacer. A esto se suma la poca solidaridad corporativa, con unos y otros tratando de evadir sus responsabilidades y endosándolas a terceros.

¿Si influyó también una resistencia ideológica de la Presidenta a terminar su mandato con los militares en las calles, como se ha especulado con insistencia?. Lo dudo: ella no tiene problema con los militares. Es hija de militar y se siente cómoda con ellos: mal que mal pasó toda su infancia y adolescencia la vivió entre ellos.

Manuel Tironi me indicaba que no habiendo Estado –como ocurrió en las horas posteriores al terremoto–, el orden debió haber descansado en la sociedad civil, en las comunidades; pero que ésta también brilló por su ausencia, quizás por efecto del “friedmanismo” que aquel articulista alababa en el WSJ.

Así entonces, lo que descubrimos atónitos con el terremoto es que tenemos un Estado de pacotilla. No tiene infraestructura propia, no tiene instancias de coordinación, las FFAA se mandan solas, no hay educación a la gente en caso de terremotos –que sabemos ocurren a cada rato–, no tenemos información oportuna, no hay protocolos de información, todo se dice a medias para “sacarse el pillo”, no hay solidaridad interna, y así por delante.

Pero descubrimos, también, que no tenemos tampoco un sólido capital social. Bastó que se debilitara por algunas horas el Estado para que cundiera la anomia, la auto – defensa, el acaparamiento. Los enormes grados de desigualdad que se observan en Chile fueron un combustible más poderoso que el del apoyo mutuo ante la catástrofe. Recién ahora comienza a aflorar la solidaridad y el espíritu comunitario.

En suma, el terremoto no sólo derribó una gran parte de nuestras edificaciones. Derribó dos de nuestros principales mitos nacionales: el de que contábamos con un Estado nacional poderoso y eficiente (supongo que nadie objetará ahora que necesitamos “más Estado”), y el de que contábamos con un elevado capital social. La reconstrucción, por lo tanto, tendrá que ser triple: de las obras materiales caídas, de un Estado que no puede seguir pegado con chicle, y del tejido social amenazado por el individualismo extremo, la violencia y la prepotencia.

Llevamos mucho tiempo escuchando a los jóvenes chilenos decir que no tienen una tarea épica que los aglutine y movilice, como la que tuvo la generación de los 60 con la revolución, o la de los 70 con Pinochet. Bueno: el terremoto (el triple terremoto) ha hecho trizas esa excusa. La reconstrucción (la triple reconstrucción) tiene épica de sobra. Lo importante es atreverse a asumir la tarea, la cual implica resetear a Chile entero en términos de sus prioridades, de sus instituciones, y también de su cultura.

Http://online.wsj.com/article/sb10001424052748703411304575093572032665414.html?mod=rss_today’s_most_popular

http://www.salon.com/technology/how_the_world_works/2010/03/02/chicago_boys_and_the_chilean_earthquake/index.html

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/mar/03/chile-earthquake

http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/03/03/fantasies-of-the-chicago-boys/

La doctrina Emanuel

Lunes, 18 de Enero de 2010

Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete  de Obama, dijo una vez que “una buena crisis nunca hay que dejarla pasar”. Se refería a la crisis económica, y de aprovecharla para hacer reformas que introdujesen más regulaciones en la economía de EEUU.

Lo mismo deberían pensar los partidos de la Concertación después de su derrota de ayer.

Esto exige actuar con calma. No precipitarse. No buscar ahora chivos expiatorios, igual como ayer se buscaron figuras carismáticas, para evitar una reflexión a fondo. Digerir lo ocurrido, porque lo del domingo puso en escena una crisis de fondo, que no viene simplemente de la decisión de los Presidentes de partido de evitarse una primaria de verdad, sino de mucho antes, quizás desde fines de los 90.

Los partidos tienen que cambiar. Pero en serio; no como un (otro) montaje. Y los cambios de verdad se cocinan a fuego lento. Pero sí:  éste es el momento de partir…

Polvareda

Miércoles, 6 de Enero de 2010

Nunca pensé que mi columna de ayer en EM iba a producir tanta polvareda.La adjunto para los que no la han leído. Y la explico –esto siempre es una mala señal, pero parece que aquí algo salió mal.

La escribí pensando en los lectores de la A3, entre los que hay muchísimos viudos de Hermogenes, para advertirles que no destaparan la champaña ante un eventual triunfo de Piñera, porque éste en rigor ha sido inventado por la Concertación para derrotar esratégicamente a los herederos de Pinochet. Y para recordarle a los demás lectores, que Piñera se alejapor  completo del tipo de liderazgo político que conocemos, y que se parece peligrosamente a Berlusconi.

Pero bueno. Una cosa es la que uno escribe, y otra la que se lee. Sobre todo en el caso de las columnas periodísticas , que se leen muy  superficialmente, y sólo se retiene una idea –cuando mucho. Y sobretodo cuando impera el espíritu maniqueo propio de las campañas políticas.

Lo concreto es que muchos leyeron que yo estaba poco menos que adhiriendo a Piñera, lo que no es así en absoluto. No soy, ni de lejos, un Navia; ni  ando ofreciendo, en absoluto, mis servicios. Soy un concertacionista impenitente, voto por Frei y trabajo por Frei.

Muchos se sorprendieron porque, en la columna de marras, yo estaría “enterrando” a la Concertación. Esto sí merece detenerse. Pienso que el tipo de Concertación que se inauguró el 2005 entre Adolfo y Camilo, basada exclusivamente en el entendimiento entre las directivas de los partidos, efectivamente murió –y de mala forma– el 13D.

Debo decir que en otra columna mía que provocó gran polvareda (”El Mapu ha muerto”), escrita el 2005 despues de la defenstración de Viera-Gallo, así como en una enrevista posterior a Claudia Álamo en La Tercera, yo decía que un tipo de Concertación había muerto (aquella basada en el famoso núcleo transversal, al que yo eufemísticamente me refería como “mapu”) y que nacia otra, una más institucional, basada en un “directorio” compuesto por los presidentes de partido. Bueno: es lo que ocurrió, y lo que condujo a los magros resultados del 13D. Por ende, lo que hay que hacer ahora es efectivamente “enterrar” al tipo de Concertación que nació el 2005, e inventar una nueva. No veo pecado alguno en decir esto.

Pero bueno. Pongamos fin a la lata de las explicaciones. Aquí va la columna en cuestión.


Piñerismo

Joaquin Lavín fue derrotado en su intento por entrar al senado. No se sabe cual será ahora su destino político –si es que tiene aún alguno. Hace diez años, estuvo a punto de hundir al “transatlántico” de la Concertación, Ricardo Lagos, y dejó mortalmente herido el clivaje autoritarismo – democracia, lo que esfumó la cómoda ventaja electoral de la que ella disponía desde 1988. Y hace apenas cuatro años, todo indicaba que debía ser electo Presidente de la República, si las cosas hubiesen seguido su inercia.

Pero no fue así, para desgracia de Lavín. Entre el 2000 y 2005 ocurrieron tres cosas. La primera, el éxito del gobierno de Lagos, que con su ritmo endemoniado evitó que se echara de menos a Lavín. Segundo, que éste no encontró un lugar donde pasar confortablemente la espera hasta las próximas elecciones presidenciales: la alcaldía de Santiago fue su Stalingrado. Y tercero, que se le apareció Michelle Bachelet, quien le expropió su novedad, su lógica y su carisma.

De ahí que, ad portas de la elección presidencial del 2005, los partidarios de la Alianza fuesen corroídos por la duda de si Lavín daba el ancho para hacerse de la mayoría. Lagos había abierto una nueva etapa, y Lavín ya no tenía el atractivo de antaño. Esto lo percibió sagazmente Sebastián Piñera –quien de oportunidades, sabe–; y con Lavín herido en el ala, sintió que había llegado su hora. Luchó –no con mucho ahínco, a decir verdad– por ganarle a Bachelet. Pero su real objetivo era enterrar al lavinismo e imponerse estratégicamente sobre la UDI. Y lo consiguió plenamente. Perdió la presidencial, pero hundió a Lavín. Así, quedó en la pole position para el 2009, e inmunizado ante las críticas por sus conflictos de interés o los vínculos entre política y negocios, como se confirmó en la campaña 2009.

Piñera está hoy en una posición expectante para ganar el 17 de enero. Pero su éxito va aún más allá: fundó una nueva derecha, el piñerismo. Una derecha que hace aspavientos de haber estado con el NO; que no reniega del Estado ni de la protección social; que asume las uniones entre homosexuales y atrae a los jóvenes; en fin, una derecha ya no sólo post-Pinochet, sino post-UDI. El símbolo de esta ruptura fue precisamente la derrota de Lavín en su intento de resucitar, vencido otra vez por Piñera. Por esto se justifica el duelo de la UDI: bajo el piñerismo, ha muerto su hegemonía sobre la derecha chilena.

Con el piñerismo nace también un nuevo tipo de liderazgo en la política chilena, el cual va a dar que hablar. Él no representa la típica figura del político, cuya trayectoria está marcada por diferentes roles, pero siempre en el ámbito público. El está en múltiples actividades, en especial en cuatro que excitan la imaginación de la gente: los viajes, el fútbol, la TV y la política. Traspira éxito y optimismo, a diferencia de los políticos tradicionales, que creen que es mejor mimetizarse con las miserias de la gente. Muestra su riqueza como prueba de su empuje, de sus méritos, de su capacidad individual, no de sus privilegios. Y transforma el antiguo problema del conflicto de intereses en el don post-moderno de la ubicuidad. Como si fuera natural, Piñera es a la vez empresario y político, candidato y filántropo, hombre de Estado y patrón de la farándula, hincha de la UC y accionista de Colo-Colo. El está más allá de los roles tradicionales: es único; es una celebridad.

Con el piñerismo se ha roto con una anomalía de la democracia chilena, como era tener una derecha controlada por los hijos del ancienne régime. Es otro logro, quizás entre los primeros del ranking en el memorial de la Concertación.

Vuelta a casa

Viernes, 4 de Diciembre de 2009

(Versión completa de columna escrita a petición de revista Qué Pasa, 3 diciembre 2009)

No. No crean que estoy imaginando que la Presidenta Michelle Bachelet va a “retornar” adonde nunca estuvo: a la función de mujer doméstica, volcada exclusivamente a la gestión de su hogar. No, nada de eso. Cuando digo “vuelta a casa” estoy pensando que ella volverá en gloria y majestad al espacio donde pertenece y parece sentirse más cómoda, y del cual da la impresión que salió sólo por un rato y en comisión de servicio: a la sociedad civil.

Si lo anterior es cierto, ello descarta algunas alternativas. No me la imagino, por ejemplo, tomando un cargo en un organismo multilateral, que la obligaría a instalarse fuera de Chile por al menos ocho años. Tampoco incorporándose al circuito de los conferencistas internacionales, paseándose de aeropuerto en aeropuerto. No descarto, no obstante, que pase temporadas en alguna universidad extranjera renovándose intelectualmente y enseñando, pero no instalada ahí con camas y petacas, ni menos haciendo carrera en ella.

Yo apostaría a que Michelle Bachelet se quedará en Chile. Es que le gusta Chile, y se le nota. No pertenece a esa elite cosmopolita que se mofa del patriotismo y que hace gala de que su chilenidad fue una opción racional. Ella tiene algo de ese espíritu propio de la gente de armas. No por nada ella es hija de militar y se crió en la “familia militar”.

Si siendo Presidenta tomó distancia del exceso de protocolo y de la pompa del poder, y se cuidó al mismo tiempo de no ser cooptada por las élites, con más razón evitará estas tentaciones una vez que deje la Presidencia. Ella volverá al pueblo llano; ese que la quiere precisamente porque siente que nunca dejó de pensar en el para protegerlo y alentarlo.

Michelle Bachelet dejará la Presidencia con una popularidad sin precedentes. No sólo por ser la primera mujer Presidenta de la República. No sólo por haber sabido manejar la abundancia y la crisis económica. Sino, sobretodo, por ser la “Presidenta del Pueblo”.

Pero todo balance tiene un lado negativo. Esta no es la excepción. Michelle Bachelet termina su mandato con una Concertación pulverizada, por la incapacidad de sus partidos de asumir lo que significó su Presidencia. Esto le impone, inevitablemente, una responsabilidad. No en el sentido estrictamente político, como sería dedicarse a reorganizar la centro-izquierda y sus partidos. Pero sí en el plano simbólico: si la centro-izquierda se va a re-unir y re-inventar bajo una identidad más amplia e inclusiva, la figura de Bachelet será clave.

Por todo lo anterior, me imagino a Michelle Bachelet en Chile, prosiguiendo su cruzada por romper la distancia entre la sociedad civil y las instituciones políticas, sin pompa y con la sencillez que la caracteriza, jugando un rol crucial –aún sin quererlo– en la consolidación del nuevo ciclo política que ella inauguró con su Presidencia.

Author: Eugenio Tironi Categories: Política, Reflexiones Tags:

Lula y Bachelet, meme combat

Domingo, 11 de Octubre de 2009

Los astros están coludidos a favor de Lula y Bachelet. El primero consigue los Juegos Olímpicos para Río, después de probar que la izquierda y los trabajadores pueden conducir el capitalismo de una manera más humana.

Bachelet, por su parte, corona su mandato con Chile clasificado para el mundial de fútbol de la mano de Bielsa, con un plan sin precedentes para renovar la infraestructura deportiva del país, y con una economía que ya empieza a mostrar signos de recuperación después de una crisis que no fue tan brava como se creía, gracias en gran parte a su buena conducción.

Lula y Bachelet tienen mucho en común. Se construyeron por sí mismos, tienen experiencia militante, disponen de una simpatía desbordante, no se dejan llevar por los oropeles del poder, saben respaldar su gente, y tienen una misteriosa a e intransferible capacidad para estar en contacto con las cosas cotidianas de la gente común. Es una mezcla extraordinaria, y potentísima.

Hoy se habla en Brasil que Lula podría volver el 2014. ¿Y Bachelet?

Author: Eugenio Tironi Categories: Reflexiones, Sociedad Tags: ,

Los Marx

Miércoles, 5 de Agosto de 2009

“El Capital”. Así se llama el libro que viene de publicar el arzobispo de Munich y Freising, y Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, Reinhard Marx. Según ha declarado al semanario Der Spiegel, «Karl Marx tenía razón» en su análisis del capitalismo, y su obra “nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo”.
Marx (Reinhard) no está sólo en este juicio. Los libros de Marx (Karl) han vuelto a los estantes de los best-sellers en las librerías de Londres, Paris y Berlín. Grandes periódicos como el Financial Times se refieren al pensador alemán del siglo 19 con muchas más frecuencia que en el pasado, y revistas estadounidenses como el Foreign Policy lo colocan en sus portadas.
¿De dónde viene el atractivo de Marx (Karl) en estos días? Básicamente del hecho que él proveyó (como puntualiza Reinhard) de una interpretación del capitalismo y de sus crisis, que es sobre lo cual hoy se interroga todo el mundo, en un momento en que buena parte de la teoría económica aparece en cuestión. Pero hay otro factor, creo yo, que explica la nueva fascinación por Marx (Karl): la revalorización de su pasión por la fuerzas productivas.
Con la crisis reciente esa leyenda de que la economía moderna es puro marketing, puro branding, pura “experiencia de servicio”, y nada de producto, de producción, de trabajo bien hecho, ha sufrido un fuerte declive. Lo que está de vuelta, en cambio, es la revalorización de la vieja cultura fabril, manufacturera, artesanal, de la agregación de valor y la innovación productiva.
Lo que está haciendo actualmente China –como antes lo hizo Japón, o Corea o Taiwan, o el propio Estados Unidos a comienzos del siglo 20–, es notable. Su paquete anti-crisis no está orientado a mejorar su “imagen-país”, sino a expandir su mercado interno para protegerse de los vaivenes de la economía internacional, mientras sus empresas se lanzan a productos de mayor valor agregado para salir con ellos a conquistar nuevos mercados, abandonando su papel de sub – contratistas de empresas occidentales. La India y Brasil están en lo mismo.
El otro factor que hace atractivo a Marx (Karl) en nuestros días es el valor que éste otorga al trabajo vis-a-vis los otros factores de producción: el capital y a la tierra. Después de tanto énfasis puesto en variables como el ingreso,  la protección social o la misma educación, la onda parece ser volver al trabajo, al viejo empleo, en particular el formal. No hay mejor política social que el empleo, tanto desde el punto de vista del individuo, de la familia, de la sociedad y de la propia economía.
En Chile tenemos que aprender de todo esto. Nuestro paquete anti-crisis tiene elementos en esta línea, como el fomento del empleo y de la capacitación. Numerosas empresas que están moviéndose para aprovechar la crisis para conquistar mercados e introducir nuevos productos. El Estado perdió el temor reverencial a jugar un papel en la política industrial, como lo demostró con la industria del salmón. Pero hay que perseverar en esta dirección. Es indispensable incrementar la tasa de participación laboral y el nivel de calificación de la fuerza de trabajo, creando condiciones para que los más pobres y postergados se incorporen al mercado laboral.
Marx, el arzobispo, señala que “el capitalismo deshumanizado, insolidario e injusto no conoce moral ni tiene futuro”, y alega contra los que apelan al mercado como si fueran sus “marionetas”. Marx (Karl), lo debe aplaudir desde su tumba. Pero hay otros capitalismos, y muchos los que pensamos que nada de lo humano escapa de nuestro deber moral.

Columna El Mercurio, 4 agosto 2009

Author: Eugenio Tironi Categories: General, Reflexiones Tags:

Campaña sucia

Jueves, 30 de Julio de 2009

Se ha puesto de moda alegar contra la campaña electoral en curso por la falta de ideas y propuestas y  su inédito grado de beligerancia personal. No estoy seguro que esto sea tan así, pero aceptemos la premisa para tejer algunas reflexiones que me parecen pertinentes.

La primera dice relación con el papel que están ejerciendo los medios de comunicación en esta campaña. Alguna experiencia tengo al respecto, y nunca había visto tantas dificultades para colocar en la agenda noticiosa cualquier cosa que diga relación con propuestas o contenidos programáticos. A los medios hoy, en la lucha desenfrenada en que están por capturar audiencias o lectores, esto les resfala. Si no hay algún grado de truculencia o espectacularidad, asociada preferentemente a conflictos personales, simplemente “no pescan”. Y lo que es peor, cuando se hacen planteamientos de fondo, éstos son pasados por alto para quedarse en lo anecdótico, en lo curioso. Un ejemplo. Cuando los candidatos formularon sus propuestas de seguridad pública en un seminario de la Fundación Paz Ciudadana, ¿qué fué lo que capturó la atención de la prensa?: los ataques de MEO a Frei y la alusión que hizo a mi persona. Respecto a las propuestas sobre el problema que más aflige a la población, prácticamente cero. Yo comprendo la lógica de la industria de medios y no soy de los que estrilan contra ella acusándola de todos los males de la humanidad (al revés: me he ganado mucho malos ratos defendiéndola), ¡pero me parece como mucho que sean los propios periodistas los que rasguen vestiduras y culpen a las campañas de “guerras sucias” y falta de contenidos! Perdonen, pero son los propios periodistas y la lógica de los medios los que empujan a las campañas a recurrir a todo tipo de estratagemas propios de otros campos (como del mundo del espectáculo) para llegar a tener alguna presencia en la agenda mediática.  Si hay guerra sucia” o falta de contenidos, entonces, habría que decir, por lo menos, que los medios son co-responsables de aquello.

Mi segunda reflexión es más breve. Lo de Piñera y el Banco de Talca ha sido presentado como el caso más claro de “guerra sucia”. Pero ojo. Esto viene de mucho antes, como lo señalé en un posteo anterior. Pero hay que agregar que hay un contendor que ha venido empleando armas sin precedentes en campañas electorales anteriores, las que han venido enrareciendo el ambiente. Me refiero a MEO. Éste  utiliza calificativos para referirse a sus adversarios que sólo se conocían en las batallas entre figuras de los programas de farándula de la TV, pero no en el debate de los asuntos públicos. Su capacidad dialéctica y su virulencias son tales que amedrenta a sus interlocutores. Su astucia para manipular situaciones en su favor (como el caso Karen), para presentarse cómo víctima, para presentar  a sus adversarios como abusadores, para ocupar sus relaciones privadas con fines políticos, son ya legendarias y seguramente serán objeto de análisis de los estudiosos en comunicación. Y la prensa, reconozcámoslo, está embobada con el “estilo Marco” –el cual, además, es aplaudido desde las filas piñeristas, pues el blanco principal de MEO es Frei. Yo no  objeto la seducción de los periodistas hacia MEO, pues su estilo es genuinamente fascinante; ¡pero lo que no pueden hacer los medios es al mismo tiempo rasgar vestiduras porque esta sea una “campaña sucia” o “carente de ideas”! Una de dos: o nos dejamos fascinar por el “estilo Marco” y nos dejamos todos arrastrar hacia allá con las consecuencias que esto implica para las formas de hacer política , o hacemos algo para llevar la campaña a un plano más racional; pero proponerse ambas cosas a la vez simplemente no es posible.

Cambio de marea

Viernes, 17 de Julio de 2009

Tengo la impresión (porque en este plano son solo esto: impresiones) que la marea ha cambiado de curso. Que lo que hasta ayer era objeto de aplausos inmediatos y efusivos, hoy es visto con más cautela. Me refiero a la crítica a los partidos, a sus dirigentes y a su obra más visible, que es el Chile que tenemos. Tengo la sospecha que se fue en esto demasiado lejos, y que hoy impera el temor de no estar botando el bebé con el agua de la bañera. ¿Cual es el bebé en cuestión? Una democracia basada en instituciones, y no en el carisma, los humoeres y los caprichos de un líder. Y, también, un país que, pese a todo, funciona y da oportunidades de prosperar, aunque para esto haya que esforzarse solitaria y duramente.

Si esta impresión es correcta, esto que está ocurriendo a nivel de los sentimientos y las ideas públicas, pronto se traducirá en el plano de las adhesiones electorales. Quienes han basado todo su discurso en la crítica al “establishment”, me temo que tendrán que reciclarse si no quieren quedar marcando ocupado. Y los que han cargado con éste aún en los momentos más duros, sin perder jamás la calma, serán recompensados.

Es mi impresión.

Cinismo y altruismo

Sábado, 11 de Julio de 2009

Cada vez me resulta más curiosa esa propensión de alguna gente de cultura de izquierda de ver en toda conducta humana, incluso aquella de apariencia más noble, la búsqueda de un interes individual inconfesado. Es una  visión en que no existe el espacio para el altruismo, eso que la RAE define como “diligencia en procurar el bien ajeno, aun a costa del propio”.  Es un mundo donde todos nos guiamos por el aprovechamiento, el zarpazo, el camuflaje o la mentira. Es un mundo donde reina el cinismo, donde no hay lugar para la buena fe, menos aún para la ingenuidad, y mucho menos aún para el error. Todo es cálculo; todo es estrategia; todas son “movidas”, la mayoría de las veces en función de beneficios económicos. Por lo mismo no hay espacio para un debate racional, pues todo quien discrepe de las posiciones “correctas” no es encarado por sus ideas, sino  inmediatamente estigmatizado como defensor de no se qué intereses oscuros. Esta mirada del mundo uno se la explica en la mentalidad neoliberal más extrema, según la cual todas las acciones humanas están movidas por el interés económico individual, y donde no tiene lugar ni el  altruismo ni nada que parezca un proyecto colectivo.  Lo que es curioso es que esta mirada cínica de las cosas prolifere con tanto vigor en cierta cultura de izquierda que podríamos llamar post-moderna; la misma que balbucea rutinariamente apelaciones abstractas a la solidaridad, al bien común, a la acción colectiva. Difícil creerle pues, lamentablemente, nada revela mejor las convicciones y motivaciones reales de las personas que el juicio que ellas proyectan sobre los demás. Y en este caso, lo que proyectan es mierda, nada más que mierda.

Author: Eugenio Tironi Categories: Reflexiones, Sociedad Tags:

Aires europeos

Domingo, 5 de Julio de 2009

Discrepo de la crítica a Gonzalo Martner por haber facilitado la cita Piñera-Rodríguez Zapatero. Me alegra que los líderes de la derecha chilena conozcan de primera mano la experiencia europea, para que aquí no sigan demonizándola, presentándola como decadente frente al idealizado modelo del capitalismo estadounidense. En los tiempos que corren, el estilo europeo de un capitalismo más regulado, con más protección social y ambiental, si bien no los salva de la crisis (¡maldita globalización!), no hay duda que se vuelve a poner de moda. Es cierto que las izquierdas social-demócratas fueron derrotadas en casi todos los países en las últimas elecciones europeas, pero la razón (como lo dijo el Economist) es muy simple: que la derecha le arrebató sus banderas de manera radical, abogando por más intervención del Estado y criticando el modelo de capitalismo anglosajón. La derecha chilena empezó hace ya varios años (diría que con Lavín el 99) un proceso de conversión, que tuvo un hito en la suscripción x Piñera de la red de protección social del gobierno Bachelet (la misma que criticaban por estatista y clientelista), para rematar en el reciente viaje de Piñera a Europa. Pero a quienes falta un reciclaje es a sus intelectuales, que siguen demasiado aferrados a los dogmas neoliberales; lo que les lleva, apenas se apagan los focos de las cámaras, a despotricar contra el “modelo europeo”. Los políticos de derecha deberían tener más cuidado con ellos, o renunciar a su reciclaje y buscarse definitivamente otros intelectuales de apoyo.