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Por qué falla la NFG
Creo haber descubierto por qué está fallando la NFG, según lo que indica la última CEP. Se trata de lo siguiente: no sabe de manejo de expectativas. O para ser más exactos: maneja las expectativas de la ciudadanía desde el gobierno como lo hace la empresa privada; y esto es incorrecto.
Me explico. La empresa vive de la inflación permanente de las expectativas de los consumidores. El mkt se dedica precisamente a esto. Ella le genera más demanda, lo cual le permite invertir en más y mejores productos y servicios para satisfacer el alza de las expectativas. Hay un gap, cierto, entre oferta y demanda; pero éste es rápidamente superado si la empresa es eficiente.
Con el Gobierno es distinto. Éste no tiene cómo responder en breve plazo a una inflación de expectativas de la ciudadanía. Tiene que tener recursos, pasar leyes, contar con las aprobaciones de Contraloría, poner en marcha procesos, contratar u re-entrenar gente, y así por delante. Todo esto es relativamente simple en el mundo privado habiendo una demanda que satisfacer, pero no lo es en el Estado.
La NFG no ha trepidado en multiplicar las expectativas en todo orden de cosas. Por lo demás, lo mismo se hizo en la campaña. A esto se suma que siendo un gobierno de empresarios exitosos, la ciudadanía tiene el derecho a esperar que todo se arreglará rápido, empezando por la economía. Pero pasan los meses y las cosas no cambian. ¿Resultado? Frustración con el gobierno y caída en su popularidad.
En suma, si la NFG no aprende de administración de expectativas (y no de mera generación, como en la empresa), seguirá en problemas.
Osadía
Osé hace un rato twitear que este gobierno me recuerda al de Allende: quiere cambiarlo todo sin reparar que no tiene mayoría en el Parlamento, y quizás, ni siquiera en la sociedad. Vale decir, que debe negociar y alcanzar consensos, así, abierta y limpiamente, para hacer al menos algunas de las reformas que quiere emprender; pues de lo contrario se va a dar contra la pared, y lo que es peor, va a tornar el clima político del país irrespirable.
¡Hay que aprender de Allende!!! No basta con los resquicios. Tampoco con alcanzar mayorías circunstanciales en base a uno que otro tránsfuga. Esto sirve para una vez, pero no para desarrollar un plan coherente de reformas.
El Presidente Piñera –con razón– dijo al comenzar que quería replicar la “democracia de los acuerdos” de comienzos de los 90, en base a la cual se lograron reformas fundamentales, como la tributaria, la laboral y la que democratizó los gobiernos locales. Bueno: ¿por qué no lo intenta, pero en serio? Hay mucha gente de la oposición que estaría dispuesta a dar la mano y colaborar. Pero tildar de “poco patriotas” a los que se oponen no es el camino. Hay que tener la osadía de intentarlo. Esto sólo lo puede hacer el Presidente, y le queda poco tiempo para ello.
Por decir esto en 140 caracteres en twiter me han crucificado. Una prueba más de que esto no va por buen camino.
En Conce
La otra derecha
Con Tomás Mosciati
El jueves pasado estuve en CNN en la entrevista de Tomás Mosciati. ¿Tema? El libro, el cual Tomás había leído con detalle. Va el link si a alguien le interesa.
Los Desalojados
El domingo antepasado, Andrés Allamand y Marcela Cubillos (A-C) publicaron una crítica a mi libro Radiografía de una Derrota. Se los agradezco. Necesitamos políticos como ellos, que lean y opinen; y requerimos también que el debate público tenga como blanco las ideas y no las intenciones de los que las promueven, y que emplee como arma la inteligencia y no los epítetos.
A–C me critican por no ir al fondo del asunto: que la Concertación perdió esta elección por padecer de un “agotamiento irremontable”, a raíz de fenómenos como el Transantiago, la delincuencia, la corrupción, el abuso de poder y una larga lista de fatalidades del mismo corte. Esto, dicen, hacía “inevitable su derrota”. Es raro que lo digan ellos, pues le resta los méritos a su propio triunfo. Pero al igual que Fernando Villegas en estas mismas páginas, A-C quieren hacernos creer que la derrota de Frei revela la bancarrota de la cultura política que representa la Concertación. Yo tengo mis dudas. Si este fuera el caso, estaríamos ante un quiebre histórico de marca mayor, pues la Concertación tiene raíces ideológicas, sociales y políticas que se entroncan con la dilatada historia del socialismo democrático y el social cristianismo en Chile. No creo que se así. Vamos viendo.
J. Samuel Valenzuela escribía a fines de enero en este mismo periódico que el resultado de la elección presidencial fue un pequeño temblor electoral, que provocó un terremoto político. En efecto, por un pequeño puñado de votos, una nueva coalición se hizo cargo del gobierno. Pero ojo: la Concertación recuperó su mayoría en el senado, sigue siendo una fuerza considerable en la Cámara, y su Presidenta, Michelle Bachelet, se alejó rodeada de una popularidad sin parangón. ¿De qué “agotamiento irremontable” nos hablan?
A-C dicen que las ideas importan. Tienen razón. Ellos afirman que la bancarrota de la Concertación reside en el fracasó su tesis básica, la cual fue esgrimida por Frei en su campaña: “más Estado”. ¿Es efectivamente así? También tengo mis dudas.
Me resisto a ampararme en las encuestas, pero no podemos esquivar lo que éstas revelan: que la gente quiere “más Estado” en todos los ámbitos; especialmente aquella que está inserta en las zonas más marginales de la economía de mercado (ver encuestas Icsos – UDP 2008 y 2009). Pero hay una evidencia aún mas empírica. ¿Qué explica el aprecio popular que rodeó a la Presidenta Bachelet al finalizar su mandato? Como bien reconocen A-C en su libro La Estrella y el Arco Iris, esto no obedeció a una misteriosa “cariñocracia”, sino al respaldo de la población a sus políticas. ¿Y qué fue lo singular de éstas políticas? Lo que afirman ellos mismos: que bajo Bachelet el Estado estuvo “en condiciones de apoyar a la gente más necesitada y de una manera que nunca se había hecho” (p 169). En suma, la popularidad de Bachelet no se constituyó no sobre el “más mercado”, sino sobre el “más Estado”; y por lo mismo, no era raro que Frei buscara identificarse con ella en este punto. Frei perdió, es cierto, pero Bachelet sigue ahí envuelta en el cariño popular. ¿Dónde está el derrumbe ideológico de la Concertación?
Hablando de la campaña de Piñera, en su libro A-C relatan algo muy iluminador. “En cuanto al Estado –señalan–, la idea se apartó del manual habitual de la derecha: la decisión fue no confrontar ideológicamente el concepto de “más Estado”. A lo más (sic), hacer presente que se necesitaba “mejor Estado” …” (p 253). O sea, A – C objetan ahora el “más Estado”, pero en la campaña recomendaban pasar el tema por alto. ¿Por qué? Muy simple: porque enfrentarse a Frei en el terreno Estado vs. Mercado, con Piñera identificado con este último, era electoralmente fatal.
Sebastián Piñera siguió fielmente las recomendaciones. Como candidato jamás alegó a favor de una reducción del Estado ni, menos, por una ampliación del mercado. Pero la campaña ya es historia. Lo importante es lo que ha ocurrido desde que asumió la Presidencia. Ha sido consecuente con lo prometido. A tal punto que una de los primeros proyectos del nuevo gobierno ha sido una reforma tributaria destinada a extraer renta de las empresas para trasladarla al Estado; lo que ha sido rechazado por Libertad y Desarrollo, ¡y aplaudido por la Concertación! Si se presta atención al robusto Mensaje del 21 de Mayo, lo que se ve es una sana continuidad con las líneas matrices de las políticas instauradas bajo los gobiernos de la Concertación. No hay ni una traza de des – estatización. ¿Dónde está, entonces, la “derrota ideológica” de la que hablan A-C? ¿No será más apropiado hablar de la “derrota ideológica” de la derecha tradicional, que hoy por hoy se pregunta, como alma en pena, acerca de cual es la “identidad” del gobierno de Piñera?
A-C insisten en algo que creía superado: que Piñera ganó gracias a la oposición frontal de la Alianza al gobierno Bachelet (el llamado “desalojo”), no mimetizándose con la Concertación, como lo afirmo en mi libro. No soy tan omnipotente para creer que discuten conmigo. En realidad yo soy un mero instrumento: el blanco de sus criticas es el Presidente de la República, con quien diputan por el origen y la propiedad de la victoria.
Creo que la evidencia a favor de nuestra tesis es abrumadora. ¡Si bastaba con ver la gráfica y la franja de Piñera para ver su esfuerzo de acercarse a la Concertación! La verdad es que quien realmente adoptó el libreto del “desalojo” fue ME-O, no Piñera; lo que permitió –como dicen A-C — “remecer a la clase política y contribuir a reemplazar a la Concertación” (p 208). ¿Qué esto ayudó a la derrota de Frei? No cabe ninguna duda; pero supongo que Allamand no estaba pensando en ME-O cuando escribió su controvertido opúsculo.
A-C afirman que “no hay que dejar que la historia la escriban los derrotados”. Me temo que en esto hay algo de proyección. La Concertación y yo mismo fuimos derrotados, no cabe duda. Pero A-C también lo fueron. Decir que este es “el quinto gobierno de la Concertación” es ir muy lejos. Pero no hay dudas que no este no es el gobierno con el que soñó la Alianza ni A- C. Estamos ante un Presidente que no está acostumbrado a co – gobernar en ningún orden de cosas, y así lo dejó en claro al conformar su gabinete, cuando dejó de lado a los líderes políticos. Su equipo ministerial está conformado por ejecutivos, no por políticos; por subordinados, no por pares; por gente de experiencia en la empresa privada, no en los partidos. Esto no es casual: responde a su propósito central, como es inseminar al Estado de la nueva lógica empresarial chilena, que ellos mejor que nadie representan.
Lo que A – C buscan con su libro es “escribir la historia” para reivindicar el “desalojo” y el esfuerzo de los partidos y sus militantes en el triunfo de enero; un triunfo del cual –no sin cierta razón– se sienten expropiados. Pero revertir esta situación, me temo, requerirá mucho más que un libro. Hacer de éste un gobierno de la Alianza exigiría rehacerlo desde sus bases, y enfrentarse a un Presidente que ha demostrado que no suelta nada gratuitamente, y que no teme al vértigo del precipicio.
A-C plantean, con una cordial ironía, rebautizar mi libro, y llamarlo “La Derrota Analgésica”. Yo haría lo mismo con el suyo: le pondría “Los Desalojados”.
(Versión integral de columna en La Tercera 28.05.10)
Mas sobre el libro
Carta a The Clinic
En la ultima edicion de The Clinic aparece una entrevista al matrimonio Frei - Larraechea, donde Martita dice que le parece “último” que alguien escriba un libro “si te hace un trabajo por el que tu le pagas”. Si se refiere a mi -como lo supongo- debo rectificar tres errores. Primero, a ella no le hice ningun “trabajo”, sino que colaboré con el candidato de la Concertación. Segundo, el libro no contiene ninguna alusión a las intimidades de su familia, pues mi interés no son las celebridades ni de Hollywood ni de Chile, sino los procesos políticos y sociales. Y tercero, a mi nadie me pago ni un peso por colaborar en el comando de Frei: por el contrario, fui yo quien financió al equipo humano que me acompañó y todos los gastos asociados.
Lo verdaderamente “último” no es abrir un debate sobre la derrota de la Concertacion, sino hablar de lo que no se ha leído y arrogarse lo que no se ha hecho.
En todo caso, dado que a Martita le interesa tanto el tema de la plata que yo pueda ganar, vuelvo a decir lo que ya he señalado públicamente: que los derechos de autor de “Radiografia de una Derrota” irán en un 100% a Un Techo para Chile. Espero que esto le de un poco de paz.
21 x 8
Seguí completo el discurso del Presidente Piñera el 21 de mayo. No me gustó su retórica. No hay caso: cuando la elite trata de vestirse de popular, no le resulta. Puros clichés, frente a los cuales hasta Arjona parece un poeta.
Pero me gustaron sus contenidos. Es una suerte de síntesis de los mejor que propusieron el mismo Piñera, mas Frei y ME-O, en la campaña presidencial. Y aquello recogía lo que se había venido elaborando, tanto desde los gobiernos anteriores como desde los centros académicos, acerca de una nueva generación de políticas públicas.
Por ejemplo, el 7%, la escuela sindical, la intermediación laboral, la reforma a la justicia civil, la bonificación a las familias si cuidan a sus ancianos, los tribunales de drogas, entre muchas otras. También el paquete político propuesto es altamente consensual, incluyendo la reforma a los partidos y las primarias financiadas por el Estado –aunque no obligatorias.
Dijo cosas golpeadoras, como introducir principios de solidaridad al seguro privado de salud (Isapres). Esto sería una revolución parecida a la reforma previsional de Bachelet. Lagos lo intentó, cuando implantó el Auge, y no pudo por la oposición de la Alianza. Veremos ahora qué pasa.
Todo esto el Presidente lo tradujo a un lenguaje ejecutivo, empresarial; con medidas concretas y audaces, y plazos precisos. Si esta es la “nueva forma de gobernar”, vamos por ella.
La Concertación se vio desconcertada a la salida del Congreso. No es para menos. El discurso del 21 no calza con la caricatura de un gobierno de derecha. ¿Debiera estar apesadumbrada por ello? No, al contrario: debería estar contenta y orgullosa. Y prepararse para controlar que lo prometido ahora se cumpla, que es el rol de cu<alquier oposición.
Lo planteado el 21 no es para 4 años, que es lo que dura su mandato. Es para 8, cuando menos. ¿Qué será lo que está pasando por la cabeza del Presidente cuando hace planteamientos de este alcance? Esta es la pregunta que muchos deben estar haciéndose.
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y director de Un Techo para Chile, Paz Ciudadana y Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles. Ha sido profesor de diversas universidades en Chile y el extranjero. Autor o coautor de 22 libros, el último de los cuales es "Radiografía de una Derrota. O cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta" (Uqbar, 2010).
