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Reseteo

Jueves, 4 de Marzo de 2010

De pronto la discusión sobre el terremoto parece desplazarse del tema de las víctimas y de la reconstrucción, a la cuestión de la gestión de la crisis. Las recriminaciones vuelan.

Es increíble ver además como esto ha sido tomado en el mundo. Partió con una columna de opinión en el WSJ, que decía que Friedman había salvado millones de vidas en Chile, porque sus políticas económicas bajo Pinochet habían permitido la prosperidad de la que hoy goza el país. Le han respondido numerosos columnistas, diciendo que ni Friedman provocó tal milagro, y que de haberlo seguido, se habrían eliminado todas las normas anti-sísmicas –que datan de 1972– que permitieron que Chile no se hundiera por completo, en aras por cierto de la “libertad de mercado”. Adjunto links con este debate.

Pero volvamos a Chile. Estoy convencido que ll problema no estuvo en el retraso del gobierno. Estuvo en la fragilidad del Estado chileno, incluyendo sus FFAA. El chileno es un Estado que descansa en operadores privados que le proveen de todos sus servicios, incluyendo los de telecomunicaciones. Caídos estos servicios –que están diseñados para fines distintos que los propios del Estado–, éste quedó desarticulado, ¡¡incluyendo a sus fuerzas armadas y policiales!!! –que, por ejemplo, usan celular para comunicarse entre sí, tirando sus equipos de radio a la basura.

En Chile pasó algo parecido a lo que ocurrió a Estados Unidos con el Katrina, producto del ultraliberalismo de Bush que había desmantelado la equivalente a nuestra ONEMI siguiendo la doctrina reaganiana de que en el Estado está el problema y no la solución.

La fragilidad del Estado significó que la presidenta y las fuerzas armadas no pudieron evaluar la magnitud de la catástrofe si no hasta muchas horas después del sismo. Por lo mismo, no imaginaron que se produciría un problema de orden público como el que se produjo. Incluso las comunicaciones al interior del Estado –como las del Shoa a la Onemi—parecen destinadas más a “sacarse el pillo” ante una eventual investigación de la Contraloría o de un Tribunal, que a dar indicaciones precisas de lo que hay que hacer. A esto se suma la poca solidaridad corporativa, con unos y otros tratando de evadir sus responsabilidades y endosándolas a terceros.

¿Si influyó también una resistencia ideológica de la Presidenta a terminar su mandato con los militares en las calles, como se ha especulado con insistencia?. Lo dudo: ella no tiene problema con los militares. Es hija de militar y se siente cómoda con ellos: mal que mal pasó toda su infancia y adolescencia la vivió entre ellos.

Manuel Tironi me indicaba que no habiendo Estado –como ocurrió en las horas posteriores al terremoto–, el orden debió haber descansado en la sociedad civil, en las comunidades; pero que ésta también brilló por su ausencia, quizás por efecto del “friedmanismo” que aquel articulista alababa en el WSJ.

Así entonces, lo que descubrimos atónitos con el terremoto es que tenemos un Estado de pacotilla. No tiene infraestructura propia, no tiene instancias de coordinación, las FFAA se mandan solas, no hay educación a la gente en caso de terremotos –que sabemos ocurren a cada rato–, no tenemos información oportuna, no hay protocolos de información, todo se dice a medias para “sacarse el pillo”, no hay solidaridad interna, y así por delante.

Pero descubrimos, también, que no tenemos tampoco un sólido capital social. Bastó que se debilitara por algunas horas el Estado para que cundiera la anomia, la auto – defensa, el acaparamiento. Los enormes grados de desigualdad que se observan en Chile fueron un combustible más poderoso que el del apoyo mutuo ante la catástrofe. Recién ahora comienza a aflorar la solidaridad y el espíritu comunitario.

En suma, el terremoto no sólo derribó una gran parte de nuestras edificaciones. Derribó dos de nuestros principales mitos nacionales: el de que contábamos con un Estado nacional poderoso y eficiente (supongo que nadie objetará ahora que necesitamos “más Estado”), y el de que contábamos con un elevado capital social. La reconstrucción, por lo tanto, tendrá que ser triple: de las obras materiales caídas, de un Estado que no puede seguir pegado con chicle, y del tejido social amenazado por el individualismo extremo, la violencia y la prepotencia.

Llevamos mucho tiempo escuchando a los jóvenes chilenos decir que no tienen una tarea épica que los aglutine y movilice, como la que tuvo la generación de los 60 con la revolución, o la de los 70 con Pinochet. Bueno: el terremoto (el triple terremoto) ha hecho trizas esa excusa. La reconstrucción (la triple reconstrucción) tiene épica de sobra. Lo importante es atreverse a asumir la tarea, la cual implica resetear a Chile entero en términos de sus prioridades, de sus instituciones, y también de su cultura.

Http://online.wsj.com/article/sb10001424052748703411304575093572032665414.html?mod=rss_today’s_most_popular

http://www.salon.com/technology/how_the_world_works/2010/03/02/chicago_boys_and_the_chilean_earthquake/index.html

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/mar/03/chile-earthquake

http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/03/03/fantasies-of-the-chicago-boys/

La Huella

Martes, 2 de Marzo de 2010

No estaba en Chile para el terremoto. Sé todo lo que pasó, pero no lo viví en carne propia. Cuando converso con colegas, familaires y amigos, me doy cuenta que esto me separa irremediablemente de todos ellos. Una cosa es escucharlo y entenderlo, pero otra vivirlo.  no haber estado aquí me da derecho a preguntarles cómo fue. Y soy testigo del desahogo. Es  como si se abriera una compuerta y fluyera nuevamente el terror de la madtugada del sábado.

Me doy cuenta que las chilenas y chilenos sintieron literalmente que se morían. Que esto se acababa. Una experiencia de este tipo deja una huella imborrable. Nadie sale aún del todo de su sorpresa, de su impotencia, de su terror. Nadie sabe ahora qué hacer. Por esto el inmovilismo. La conversación recurrente sobre lo ocurrido. Los deseos de ayudar y  no saber cómo. Andamos como sobrevivientes, aún atónitos y mascullando el milagro de estar vivos.

Algo cambió en el espíritu de los chilenos en la madrugada del sábado. Nadie escapaa del trauma. Esto dejará una huella profunda y perdurable. Todos estamos damnificados.

Hay que implementar una estrategia de superación del trauma. Esto parte por poner orden. Esto lo debe hacer el Estado. Y se necesita autoridad. Por esto es tan dañino que hayan desaveniencias ent5re el gobierno y la Armada, o entre el gobierno actual y el entrante. Sin unidad no hay autoridad. Y sin ésta no hay orden.

Tenemos que escucharnos. En cada círculo. En cada lugar. Creo que aún no se ha vaciado todo el terror que hay en cada chilena y chileno. Hay que vacieralo y compartirlo. Es un paso indispensable para superarlo.

Y luego tenemos que acompañarnos. Mostrar que estamos juntos. Sdentir que el dolor de cada chilena y chileno es mí dolor. Por esto es tan importante la “Teletón” del viernes. No importa la plata. Lo que importa es sentirnos juntos, como una sola comunidad. Lo que importa es sacarnos de la retina la imagen que hemos visto en las última horas, que han mostrado lo peor de nosotros mismo: la imagen de los saqueos, pillajes y auto-defensas. Esto debemos borrarlo cuanto antes; y sólo se logra con una muestra masiva de solidaridad.

Pero nada borrará la huella que ha dejado el terremoto en el alma de los chilenos. Hermos visto que la muerte y el caos están más cerca de nosotros de lo que creíamos, que la vida es más valiosa y dificil de mantener en este territorio de lo que suponíamos, y que cada uno por sí mismo no se la puede arreglar para sobrevivir ni para proyectarse.

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De regreso

Sábado, 23 de Enero de 2010

A Chile. Estuve unos días en California, EE.UU. En una Conferencia que organizamos Cieplan y el Instituto del Pacífico y las Américas de la Universidad de California en San Diego. Puros académicos progres. Me impresionó una cosa: a nadie le parece grave que haya ganado Piñera. Es más: casi nos felicitaban por ello, porque es la confirmación definitiva que Chile es “otra cosa”, fruto de la Concertación.

Leyendo la prensa me han llamado la atención dos cosas: 1) los numerosos trastabillones que se ha dado el Presidente electo como resultado –supongo– de una cierta precipitación acumulada por la espera; y 2) la relativa rapidez con que la Concertación ha digerido la derrota y se prepara para ser oposición.

Ahora lo que corresponde es observar….

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Presidente Piñera (columna El Mercurio, 19.01.10)

Martes, 19 de Enero de 2010

Son más de veinte años. El triunfo de Sebastián Piñera es el fin de una larga carrera. En ella mostró voluntad, audacia, inteligencia. Desde el senado o desde los directorios de sus empresas, desde la causa de las ballenas azules o desde la propiedad del Colo-Colo, desde Chilevisión o desde la filantropía, Piñera tuvo un objetivo: ganar la Presidencia de la República. Alcanzó la meta; y en las horas que han transcurrido ha mostrado que estaba preparado para la victoria.

¿Qué hará ahora? Él lo sabrá mejor que nadie, pero no quiero guardarme mis aprehensiones.

Ojala se saque ese reloj fosforescente que lució de candidato, y que entiendo se lo copió a los Obama. ¿Saben por qué lo digo? Porque es el símbolo de lo que debe dejar atrás. Estamos en Chile, y ya no es candidato sino nuestro Presidente. No puede seguir posando de celebridad del show-business. Sonará medio “ñoño”, pero lo que corresponde ahora es asumir la dignidad de su nuevo cargo. Un cargo que exige energía, pero también pausa, reflexión. Esla hora de bajar la ansiedad y la hiper-actividad, porque los chilenos no queremos un gobernante que nos agobie.

Sabemos que el Presidente Piñera es, ante todo, un empresario. Ahí está su ADN. Le gusta ganar. Le encanta correr el límite de lo imaginable. Se resiste a soltar lo que ha conquistado. Lo hizo esta vez de nuevo, y debe estar satisfecho. Fue electo sin dejar la propiedad de Lan, ni de Chilevisión, ni de Colo-Colo, y con un fideicomiso que no pasa un testo muy riguroso. ¿Quién se lo habría imaginado, incluso entre sus más cercanos adherentes? Está bien: la gente le creyó y le dió su apoyo. Ahora podría verse tentado a correr nuevamente los límites, y asumir y ejercer como Presidente sin hacer nada en esta materia.

Pero su espíritu empresarial podría incitarle a ir aún más lejos. Si lo hizo antes, si su gobierno tiene éxito y si su popularidad es alta, ¿por qué no seguir corriendo límites de lo imaginable? Esto podría llevarle, por ejemplo, a reformar la Constitución para permitir su reelección. Lo hizo Álvaro Uribe, al que tanto admira. ¿Por qué no, si la gente lo acepta? Sería bueno para él mismo y para el país que demuestre cuanto antes su capacidad de resistir estas tentaciones.

Casi la mitad de los electores prefirió el domingo a Eduardo Frei, en defensa de lo realizado por la Concertación. El Presidente Piñera ha expresado su empatía hacia los perdedores, y tiene que seguir en ello. No es fácil, pues pertenece al otro bando; al de aquel de los que andan en la vida de ganadores. Pues bien, aquí también debe reprimir su instinto y ponerse en la piel de los derrotados, de esos que ya lo fueron una vez y gravemente, de esos que le tienen miedo a la vida sin la ayuda del Estado.

El Presidente Piñera no tendrá mayoría en el Congreso. ¿Qué hará? Podría intentar construir mayorías caso a caso, apelando a los parlamentarios no-alineados y a los rebeldes de la Concertación. No sería bueno seguir este camino. Esto convertiría a la política en un bazar. Un anticipo lo tuvimos en las semanas pre – elección, y a todos nos disgustó. Mejor sería que busque acuerdos institucionales con la oposición sobre las grandes reformas que Chile necesita. Lo dijo el domingo, y ojala lo mantenga.

El nuevo mandatario tiene delante suyo una situación excepcional. Una democracia que el domingo volvió a dar muestras de su solidez. Una economía robusta y en fase de recuperación, después de haber sorteado con éxito la crisis internacional. Y por si fuera poco, un año en que celebraremos el Bicentenario y los triunfos –así lo esperamos— de la selección en Sudáfrica. Con pequeñas dosis de modestia, el Presidente Piñera debería tener éxito. Chile no espera menos.

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Aviso a los lectores

Jueves, 14 de Enero de 2010

Atendiendo las advertencias de algunos y las recomendaciones (entre otros, de algunos fieles seguidors de este blog), me he auto - impuesto un voto de silencio hasta el 17 en la noche. La razón es simple: la sensibilidad está a flor de piel, y cualquiera que diga algo que se salga del molde –lo sé por experiencia–, es acusado de las intenciones más aviesas.

Por ende, nada: sólo “wait & see”, como diría Navia. Y dar algunas entrevistas a medios extranjeros, como ésta, a una radio de Rosario, que la dí encantado ya se imaginan por qué: por Bielsa…

http://www.mariaherminiagrande.com.ar/articulo.php?id=0000000522 de la web www.mariaherminiagrande.com.ar

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Sobre adolescencia, adultez y otras vainas

Jueves, 17 de Diciembre de 2009

COPIO ESTE EXCELENTE COMENTARIO DE FRANCISCO EICHHOLZ

Excelente analogía. De gran potencial para producir interpretaciones. Aquí va la mía, algo larga para esta escena, pero así me suelen salir.

Aquí me parece que están hablando de la ley, dictada y encarnada por padre o madre en su rol de autoridad familiar. El adolescente se rebela -y revela- contra esa ley porque le impone límites a su recién descubierta libertad. Y necesariamente se rebela contra sus representantes, o sea sus cancerberos.

También se rebela, como describe Eugenio Tironi, contra el trato paternalista. En este caso siente restringida y hasta humillada su recién estrenada conciencia de sí, que por lo general se alimenta de fantasías ajenas al mundo estrecho de la casa y sus tutores, que pueden persistir en la  imagen infantil de esa persona que no dejan ser persona, situándolo y tratándolo según esa imagen que ellos crearon.

Pero el paternalismo es más que cariño. Es un efecto de dominación. Tratar así es anular la ignorancia –fuente de respeto- respecto de esa persona. Convertir a otra persona en la imagen que nos hacemos de ella es una falta de respeto. Y esto llega a la peor de las violencias cuando esa imagen es una etiqueta degradante, como yo he observado en los dominios rurales y como todos sabemos que llegó al paroxismo en la Alemania nazi contra el “invasor” judío.

La respuesta a la violencia, aunque se ejerza inconsciente o solapadamente, suele ser la violencia. Este fenómeno del asesinato del padre era considerado por Freud como el germen del “malestar en la cultura”, que él refería a la culpa que sienten los hijos luego de eliminarlo.

La solución, creo, es un trato alejado de los roles de autoridad. Si uno ve en el hijo algo que tiene que educar y proteger, se generará un vínculo de dependencia. Y la dependencia es dominio. Esto lo enseñó el primer teórico moderno de la educación, Rousseau.

La autoridad es la que sabe y no se equivoca. Esto, como la historia lo demuestra a raudales, a fin de cuentas no es otra cosa que la defensa de un poder, aunque sea el del padre frente al hijo, pero el padre como poseedor de la verdad.

Las reglas que deben primar en un hogar para garantizar los derechos de todos no deben quedar encarnadas en los padres, usuales aprovechadores de esas reglas porque las han instalado para su beneficio y por lo tanto se comprenden por sobre ellas. Cuando el joven adquiere mayor conciencia, no tarda ni un minuto en detectar estas ilicitudes, sobre todo porque entonces tiene mucho más que perder, en cuanto reconoce y desea la libertad en el mundo civil que lo deslumbra. Quiere ser adulto en la casa cada vez que las reglas le imponen límites. Pero los padres no concederán esa promoción porque la categoría de adulto implicaría la pérdida de su dominio sobre el joven, expresada en el orden de la casa, es decir su jerarquía.

Esto es lo que no ha pasado en el PS y ha irritado tanto a quien tenía enormes deseos de ejercer su libertad y su identidad. Pero como le estaba desordenando la casa a un padre que la tenía toda ordenadita para su beneficio, éste se opuso. ¿Injusto? Claro, el desarrollo entraña dolores porque las medidas establecidas se tensionan. Eso implica siempre un cambio, donde quienes más pierden, más se oponen.

Y por eso valen las metáforas propietarias que ha usado Marco, que como todo huérfano no “sufrió” de parte de la autoridad paterna la imposición de límites a su desarrollo (adolescente es quien sufre creciendo). El padre, como figura ausente recreada en la proyección de las propias expectativas libertarias, anima la audacia en el hijo. Esto se puede observar en muchos casos de huérfanos famosos. Y si el padre encarnaba la libertad y el desenfado juvenil, ni qué decir. Marco debiera llamarse Desmarco, quiebre de los marcos impuestos. Y mi única duda sobre su eventual gobierno era ésta: su dudosa constancia controlando su ansiosa ambición.

Pero volviendo al punto, los partidos políticos presentan estructuras organizacionales en franca decadencia. Esto los aleja de las nuevas dinámicas sociales, familiares e incluso productivas. La política debe, entre otras cosas, dar sentido a la convivencia social, y los partidos deben presentar ofertas de sentido. Pero caídas las ideologías que los vieron nacer, se ha quedado en un rol que ya ni siquiera es burocrático, como el Estado, al que postulan, sino policíaco-mercantil. El que tiene más, se cuida de quienes amenazan sus posesiones y prefiere acaparar. En estas actitudes no hay ni atisbos de democracia, precisamente en quienes dicen ser sus responsables.

Mucho mejor que la figura de la autoridad, hoy en crisis, es la del amigo. Lo digo pensando en el aprendizaje que puede obtenerse en la amistad, donde los consejos, si se dan, surgen desde la curiosidad antes que desde la certeza. La amistad es respeto porque es trato horizontal. Es aprecio y por lo tanto generosidad. Todo eso no calza con la actividad política, pero al menos podría inspirarla ahora que nada la inspira realmente salvo el poder. Mucho me temo no estar exagerando, así al menos en más del 50% de los políticos, y ciertamente más en la derecha, comenzando por el insaciable Piñera.

Por lo mismo, mejor que encarnar uno las leyes, y entre ellas las de la casa, debiera escribirlas. Quiero decir que las reglas de la casa se hagan valer por sí mismas y nadie esté sobre ellas. Así deben funcionar las reglas del juego democrático, así se asegura la convivencia y se da espacio a todas las voces. Eso se suponía que encarnaba la Concertación (es una imagen utópica, claro), pero los que muy pronto, demasiado en verdad, llegaron a ser patricio, hicieron lo que siempre hacen las castas.

Que los congéneres de Camilo se disculpen tras la violencia comenzada por ellos mismos, bueno, es parte de la vida. Pero que lo hagan porque les conviene, eso puede irritar. No creo que Marco acceda al consejo de Seguelá. Para seguir posicionado, debiera bastarle con aparecer en los medios tomando posición frente a Piñera y frente a cualquier abuso y oportunismo político entendido en el sentido ideal que pretende encarnar: la representación de las personas por personas que las escuchan y respetan sus decisiones.

Se ve mal, muy mal esta Concertación indigente. No parece que crea en sí misma. Esa energía emocional no se encuentra en el oportunismo del padre, sino en su confianza y generosidad.

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags:

Extraña elección

Miércoles, 9 de Diciembre de 2009

Ésta es, por donde se la mire, una elección extraña.

Esta es la campaña electoral que menos entusiasmo ha despertado desde la reinauguración de la democracia. No sólo a nivel de la presidencial; también en la parlamentaria. Se dirá que ME-O es la excepción, pero hasta ahí no más él provocó entusiasmo, es cierto, pero más por su condición de celebridad televisiva que por el proyecto político que representa. A esto se suma que los recursos económicos con que han contado las candidaturas han sido más escasos –con la excepción de Sebastián Piñera: su Franja televisiva es la más costosa que se conozca, y sus vallas de alto impacto más que triplican a las de Frei.

En esta campaña se consolidó un fenómeno que venía insinuándose ya en elecciones anteriores: el desacoplamiento entre las campañas parlamentarias y las presidenciales. Esto es un poco menor en el caso de la Alianza, pues aquí el peso de Piñera (entre otras cosas económico) se ha hecho sentir. Pero en el caso de ME-O el desacoplamiento es total, al punto que apoya en cada distrito a candidatos al parlamento de diferentes partidos y coaliciones. Y en el caso de la Concertación nunca se había visto tanta separación entre las candidaturas parlamentarias y la presidencial. La tradición era que el candidato presidencial ponía la música, y que los candidatos al parlamento buscaban afanosamente adaptarse a ella, pues a mayor identificación con el abanderado presidencial, mayores posibilidades de salir elegidos. Esto ya no corre: las elecciones parlamentarias tienen un carril propio, determinado básicamente por las circunstancias locales; y el grado de cercanía con la figura presidencial es cada vez menos determinante en el resultado.

Pero el desacople parlamentarias-presidencial no es el único novedoso de esta elección. También lo es el que se observa entre la adhesión que genera el gobierno y la Presidenta de la República, y la que despiertan los candidatos oficialistas. Para los electores ambas cosas están separadas: adherir a unos, y desear incluso su continuidad, no significa necesariamente adherir a los candidatos que pertenecen a la misma coalición –en este caso, la Concertación.

Hay otro fenómeno que hoy parece normal, pero que pocos vaticinaban hace un año atrás: la realización de la segunda vuelta. Cuando esto ocurrió por primera vez, en 1999, tuvo el carácter de cataclismo. Cuando volvió a ocurrir el 2005, la opinión pública nuevamente se vio sorprendida. Hoy, nadie duda que habrá segunda vuelta, y todos saben que uno de los elegidos para esa contienda es Piñera, y sólo queda alguna incertidumbre (no mucha) respecto de quién lo acompañará en el ticket del 17 de enero próximo. De hecho, en estas últimas semanas de campaña el interés periodístico ya se trasladó a ese evento, dejando la cobertura de la primera vuelta en un lugar cada vez más rezagado. ¿Qué provocó esta suerte de rutinización de la segunda vuelta? Claramente, la irrupción de ME-O. Éste, de una parte, redujo la adhesión al candidato de la Concertación; pero de la otra, aguó toda posibilidad de la Alianza de ganar en primera: pronto se verá quien fue más damnificado. Pero todo indica que la segunda vuelta (así como el período de cuatro años, que de alguna manera está asociado a aquella), llegaron para quedarse, pues resultan cada vez más confortables tanto para la clase política como para los electores: a la primera le da mas juego y le permite más rotación, y a los segundos les permite más opciones y más ocasiones para elegir.

Con todo, la gran novedad de esta campaña está en el hecho que la Concertación se presentó dividida. Dos figuras salidas de sus filas, ME-O y Arrate, estarán en la papeleta el 13 de diciembre. Esto no tenía precedentes. Curiosamente esto coincide con la convergencia de los cuatro candidatos en carrera con lo que ha sido el discurso histórico de la Concertación. Desde un Piñera, que habla de protección social y de un Estado más fuerte, que muestra a una pareja gay en su Franja y muestra sus credenciales anti-derechistas, hasta ME-O que ha enterrado su fama de “díscolo” (y con ella al senador Navarro) en un esfuerzo por ampliar su base electoral, lo que le ha conducido a proponer bases programáticas centristas y a re-inventarse como una figura que como parte de la élite dirigente del país asegura gobernabilidad; pasando desde luego por Arrate, cuyo discurso y estilo son mucho más centristas y moderados que los de los precedentes candidatos del Juntos Podemos. Para ponerlo de otro modo, esta campaña se ha desenvuelto en el campo ideológico y programático de la Concertación –así como, en los 90, lo hicieron en el de la Alianza–, y si nos ponemos más puntillosos, de su ala más de izquierda.

Ésta fue, en suma, una elección extraña. Y hay dos hipótesis posibles: o bien se trata de una anomalía excepcional, y más temprano que tarde las cosas van a retomar su curso natural; o bien se trata de un punto de quiebre (un “tipping point”, para que me entiendan mis colegas de twitter) que anticipa un nuevo ciclo en la política chilena. Me adelanto a decir que me quedo con la segunda hipótesis.

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Culpables

Martes, 8 de Diciembre de 2009

Creo que todos nos sentimos un poco culpables después de leer la sentencia del juez Madrid, quien califica de homicidio la muerte de Frei Montalva.

Culpables por no haber creído que algo así era posible, menos con un ex Presidente de la República. Culpables por no haber hecho nada cuando esto ocurrió. Culpables por no haberle creído a Carmen Frei y a Eugenio Ortega, cuando empezaron a reclamar por una investigación. Culpables por no haber creído en lo que mostró Informe Especial hace ya varios años. Culpables, en fin, por haber cerrado los ojos, quizás como una manera de resistir la pérdida de la fe en el ser humano, quizás porque queríamos retomar nuestras vidas, quizas porque deseábamos reestablecer la convivencia.

Pero nos equivocamos. Nos equivocamos igual como los que quisieron dar la espalda al holocausto nazi, o frivolizarlo, o explicarlo; todo aquello que tan magistralmente denuncia Primo Levi…

Si ya fuimos culpables, saquemos al menos las lecciones. La primera: no importa cuanto tiempo dure, hay que conocer la verdad y hacer justicia. Segundo: hay que creer en los familiares, en su intuición, en su tozudez, y darles las gracias por lo que han hecho por nosotros, pese a nuestra indiferencia y a veces nuestro rechazo. Tercero: los abogados que han estado con los familiares, que no los han abandonado, merecen otro homenaje, pues sin ellos los familiares hubiesen desfallecido y no habríamos llegado a donde estamos. Cuarto: qué sano que sean nuestros tribunales los que estén haciendo verdad y justicia, no entes extranjeros, y que ellos hayan encontrado la manera de sortear las limitaciones que impone la ya insostenible ley de amnistía. Y quinto: qué bueno que la Presidenta inaugure en los próximos días el Museo de la Memoria, y qué ejemplo han dado Carlos Peña defendiéndolo, y Arturo Fontaine y Oscar Godoy participando en su directorio.

Me pregunto: ¿alguien se atreve hoy a seguir cuestionando el MUSEO DE LA MEMORIA?; ¿alguien va a seguir –como lo hace Carlos Williamson hoy en El Mercurio, en un alegato que por su oportunidad es patético– insistiendo que no hay memoria sin una explicación de los hechos, como si en Auschwitz hiciese falta una explicación de los origenes del nazismo como consecuencia de la inestabilidad alemana después de la 1a Guerra Mundial y la amenaza comunista con la Revolución Rusa?

Lo que hemos sabido sobre el caso Frei Montalva parece haber puesto las cosas en su lugar, y demuestra hasta dónde hemos sido capaces de llegar en materia de verdad y justicia en Chile. Nos sentimos apenados y culpables, pero orgullosos.

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Gracias!!

Martes, 17 de Noviembre de 2009

A todos los posteadores, gracias x los comentarios sobre la franja Frei. Nos sirven para ir corrigiendo la puntería. Mírenla hoy y  verán sorpresas.

http://www.youtube.com/freichile#p/u/1/_Vezg5VXrNI

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Sobre la Franjas

Domingo, 15 de Noviembre de 2009

Bueno el debate de Tolerancia Cero sobre la Franjas. Al menos, lo mejor que se ha escuchado hasta ahora. Es cierto que es todavía temprano para evaluarlas. Aquí las candidaturas van soltando piezas dosificadamente, para ir así desplegando una historia; un relato acerca del país y del candidato. Y hay que mantener la atención del telespectador, que no resistirá que se le repita cada vez lo mismo, o lo mismo con variaciones.

Sé que soy poco objetivo; pero como dijo Eichholz  en TO,  en el caso de Frei la historia es clara: Chile y los chilenos han avanzado gracias a la conjunción entre el esfuerzo de las personas y sus familias y lo que ha hecho la Concertación, y lo q Frei ofrece es seguir esta senda para lograr que cada uno pueda vivir mejor. Nada más, nada menos.

¿Cual es la historia de los otros? No me queda claro….

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