COPIO ESTE EXCELENTE COMENTARIO DE FRANCISCO EICHHOLZ
Excelente analogía. De gran potencial para producir interpretaciones. Aquí va la mía, algo larga para esta escena, pero así me suelen salir.
Aquí me parece que están hablando de la ley, dictada y encarnada por padre o madre en su rol de autoridad familiar. El adolescente se rebela -y revela- contra esa ley porque le impone límites a su recién descubierta libertad. Y necesariamente se rebela contra sus representantes, o sea sus cancerberos.
También se rebela, como describe Eugenio Tironi, contra el trato paternalista. En este caso siente restringida y hasta humillada su recién estrenada conciencia de sí, que por lo general se alimenta de fantasías ajenas al mundo estrecho de la casa y sus tutores, que pueden persistir en la imagen infantil de esa persona que no dejan ser persona, situándolo y tratándolo según esa imagen que ellos crearon.
Pero el paternalismo es más que cariño. Es un efecto de dominación. Tratar así es anular la ignorancia –fuente de respeto- respecto de esa persona. Convertir a otra persona en la imagen que nos hacemos de ella es una falta de respeto. Y esto llega a la peor de las violencias cuando esa imagen es una etiqueta degradante, como yo he observado en los dominios rurales y como todos sabemos que llegó al paroxismo en la Alemania nazi contra el “invasor” judío.
La respuesta a la violencia, aunque se ejerza inconsciente o solapadamente, suele ser la violencia. Este fenómeno del asesinato del padre era considerado por Freud como el germen del “malestar en la cultura”, que él refería a la culpa que sienten los hijos luego de eliminarlo.
La solución, creo, es un trato alejado de los roles de autoridad. Si uno ve en el hijo algo que tiene que educar y proteger, se generará un vínculo de dependencia. Y la dependencia es dominio. Esto lo enseñó el primer teórico moderno de la educación, Rousseau.
La autoridad es la que sabe y no se equivoca. Esto, como la historia lo demuestra a raudales, a fin de cuentas no es otra cosa que la defensa de un poder, aunque sea el del padre frente al hijo, pero el padre como poseedor de la verdad.
Las reglas que deben primar en un hogar para garantizar los derechos de todos no deben quedar encarnadas en los padres, usuales aprovechadores de esas reglas porque las han instalado para su beneficio y por lo tanto se comprenden por sobre ellas. Cuando el joven adquiere mayor conciencia, no tarda ni un minuto en detectar estas ilicitudes, sobre todo porque entonces tiene mucho más que perder, en cuanto reconoce y desea la libertad en el mundo civil que lo deslumbra. Quiere ser adulto en la casa cada vez que las reglas le imponen límites. Pero los padres no concederán esa promoción porque la categoría de adulto implicaría la pérdida de su dominio sobre el joven, expresada en el orden de la casa, es decir su jerarquía.
Esto es lo que no ha pasado en el PS y ha irritado tanto a quien tenía enormes deseos de ejercer su libertad y su identidad. Pero como le estaba desordenando la casa a un padre que la tenía toda ordenadita para su beneficio, éste se opuso. ¿Injusto? Claro, el desarrollo entraña dolores porque las medidas establecidas se tensionan. Eso implica siempre un cambio, donde quienes más pierden, más se oponen.
Y por eso valen las metáforas propietarias que ha usado Marco, que como todo huérfano no “sufrió” de parte de la autoridad paterna la imposición de límites a su desarrollo (adolescente es quien sufre creciendo). El padre, como figura ausente recreada en la proyección de las propias expectativas libertarias, anima la audacia en el hijo. Esto se puede observar en muchos casos de huérfanos famosos. Y si el padre encarnaba la libertad y el desenfado juvenil, ni qué decir. Marco debiera llamarse Desmarco, quiebre de los marcos impuestos. Y mi única duda sobre su eventual gobierno era ésta: su dudosa constancia controlando su ansiosa ambición.
Pero volviendo al punto, los partidos políticos presentan estructuras organizacionales en franca decadencia. Esto los aleja de las nuevas dinámicas sociales, familiares e incluso productivas. La política debe, entre otras cosas, dar sentido a la convivencia social, y los partidos deben presentar ofertas de sentido. Pero caídas las ideologías que los vieron nacer, se ha quedado en un rol que ya ni siquiera es burocrático, como el Estado, al que postulan, sino policíaco-mercantil. El que tiene más, se cuida de quienes amenazan sus posesiones y prefiere acaparar. En estas actitudes no hay ni atisbos de democracia, precisamente en quienes dicen ser sus responsables.
Mucho mejor que la figura de la autoridad, hoy en crisis, es la del amigo. Lo digo pensando en el aprendizaje que puede obtenerse en la amistad, donde los consejos, si se dan, surgen desde la curiosidad antes que desde la certeza. La amistad es respeto porque es trato horizontal. Es aprecio y por lo tanto generosidad. Todo eso no calza con la actividad política, pero al menos podría inspirarla ahora que nada la inspira realmente salvo el poder. Mucho me temo no estar exagerando, así al menos en más del 50% de los políticos, y ciertamente más en la derecha, comenzando por el insaciable Piñera.
Por lo mismo, mejor que encarnar uno las leyes, y entre ellas las de la casa, debiera escribirlas. Quiero decir que las reglas de la casa se hagan valer por sí mismas y nadie esté sobre ellas. Así deben funcionar las reglas del juego democrático, así se asegura la convivencia y se da espacio a todas las voces. Eso se suponía que encarnaba la Concertación (es una imagen utópica, claro), pero los que muy pronto, demasiado en verdad, llegaron a ser patricio, hicieron lo que siempre hacen las castas.
Que los congéneres de Camilo se disculpen tras la violencia comenzada por ellos mismos, bueno, es parte de la vida. Pero que lo hagan porque les conviene, eso puede irritar. No creo que Marco acceda al consejo de Seguelá. Para seguir posicionado, debiera bastarle con aparecer en los medios tomando posición frente a Piñera y frente a cualquier abuso y oportunismo político entendido en el sentido ideal que pretende encarnar: la representación de las personas por personas que las escuchan y respetan sus decisiones.
Se ve mal, muy mal esta Concertación indigente. No parece que crea en sí misma. Esa energía emocional no se encuentra en el oportunismo del padre, sino en su confianza y generosidad.