Archivo

Archivo para la categoría ‘Campaña Presidencial 2009-2010’

Con Tomás Mosciati

Domingo, 6 de Junio de 2010

El jueves pasado estuve en CNN en la entrevista de Tomás Mosciati. ¿Tema? El libro, el cual Tomás había leído con detalle. Va el link si a alguien le interesa.

-Parte 1

- Parte 2

- Parte 3

Los Desalojados

Viernes, 28 de Mayo de 2010

El domingo antepasado, Andrés Allamand y Marcela Cubillos (A-C) publicaron una crítica a mi libro Radiografía de una Derrota. Se los agradezco. Necesitamos políticos como ellos, que lean y opinen; y requerimos también que el debate público tenga como blanco las ideas y no las intenciones de los que las promueven, y que emplee como arma la inteligencia y no los epítetos.
A–C me critican por no ir al fondo del asunto: que la Concertación perdió esta elección por padecer de un “agotamiento irremontable”, a raíz de fenómenos como el Transantiago, la delincuencia, la corrupción, el abuso de poder y una larga lista de fatalidades del mismo corte. Esto, dicen, hacía “inevitable su derrota”. Es raro que lo digan ellos, pues le resta los méritos a su propio triunfo. Pero al igual que Fernando Villegas en estas mismas páginas, A-C quieren hacernos creer que la derrota de Frei revela la bancarrota de la cultura política que representa la Concertación. Yo tengo mis dudas. Si este fuera el caso, estaríamos ante un quiebre histórico de marca mayor, pues la Concertación tiene raíces ideológicas, sociales y políticas que se entroncan con la dilatada historia del socialismo democrático y el social cristianismo en Chile. No creo que se así. Vamos viendo.
J. Samuel Valenzuela escribía a fines de enero en este mismo periódico que el resultado de la elección presidencial fue un pequeño temblor electoral, que provocó un terremoto político. En efecto, por un pequeño puñado de votos, una nueva coalición se hizo cargo del gobierno. Pero ojo: la Concertación recuperó su mayoría en el senado, sigue siendo una fuerza considerable en la Cámara, y su Presidenta, Michelle Bachelet, se alejó rodeada de una popularidad sin parangón. ¿De qué “agotamiento irremontable” nos hablan?
A-C dicen que las ideas importan. Tienen razón. Ellos afirman que la bancarrota de la Concertación reside en el fracasó su tesis básica, la cual fue esgrimida por Frei en su campaña: “más Estado”. ¿Es efectivamente así? También tengo mis dudas.
Me resisto a ampararme en las encuestas, pero no podemos esquivar lo que éstas revelan: que la gente quiere “más Estado” en todos los ámbitos; especialmente aquella que está inserta en las zonas más marginales de la economía de mercado (ver encuestas Icsos – UDP 2008 y 2009). Pero hay una evidencia aún mas empírica. ¿Qué explica el aprecio popular que rodeó a la Presidenta Bachelet al finalizar su mandato? Como bien reconocen A-C en su libro La Estrella y el Arco Iris, esto no obedeció a una misteriosa “cariñocracia”, sino al respaldo de la población a sus políticas. ¿Y qué fue lo singular de éstas políticas? Lo que afirman ellos mismos: que bajo Bachelet el Estado estuvo “en condiciones de apoyar a la gente más necesitada y de una manera que nunca se había hecho” (p 169). En suma, la popularidad de Bachelet no se constituyó no sobre el “más mercado”, sino sobre el “más Estado”; y por lo mismo, no era raro que Frei buscara identificarse con ella en este punto. Frei perdió, es cierto, pero Bachelet sigue ahí envuelta en el cariño popular. ¿Dónde está el derrumbe ideológico de la Concertación?
Hablando de la campaña de Piñera, en su libro A-C relatan algo muy iluminador. “En cuanto al Estado –señalan–, la idea se apartó del manual habitual de la derecha: la decisión fue no confrontar ideológicamente el concepto de “más Estado”. A lo más (sic), hacer presente que se necesitaba “mejor Estado” …” (p 253). O sea, A – C objetan ahora el “más Estado”, pero en la campaña recomendaban pasar el tema por alto. ¿Por qué? Muy simple: porque enfrentarse a Frei en el terreno Estado vs. Mercado, con Piñera identificado con este último, era electoralmente fatal.
Sebastián Piñera siguió fielmente las recomendaciones. Como candidato jamás alegó a favor de una reducción del Estado ni, menos, por una ampliación del mercado. Pero la campaña ya es historia. Lo importante es lo que ha ocurrido desde que asumió la Presidencia. Ha sido consecuente con lo prometido. A tal punto que una de los primeros proyectos del nuevo gobierno ha sido una reforma tributaria destinada a extraer renta de las empresas para trasladarla al Estado; lo que ha sido rechazado por Libertad y Desarrollo, ¡y aplaudido por la Concertación! Si se presta atención al robusto Mensaje del 21 de Mayo, lo que se ve es una sana continuidad con las líneas matrices de las políticas instauradas bajo los gobiernos de la Concertación. No hay ni una traza de des – estatización. ¿Dónde está, entonces, la “derrota ideológica” de la que hablan A-C? ¿No será más apropiado hablar de la “derrota ideológica” de la derecha tradicional, que hoy por hoy se pregunta, como alma en pena, acerca de cual es la “identidad” del gobierno de Piñera?
A-C insisten en algo que creía superado: que Piñera ganó gracias a la oposición frontal de la Alianza al gobierno Bachelet (el llamado “desalojo”), no mimetizándose con la Concertación, como lo afirmo en mi libro. No soy tan omnipotente para creer que discuten conmigo. En realidad yo soy un mero instrumento: el blanco de sus criticas es el Presidente de la República, con quien diputan por el origen y la propiedad de la victoria.
Creo que la evidencia a favor de nuestra tesis es abrumadora. ¡Si bastaba con ver la gráfica y la franja de Piñera para ver su esfuerzo de acercarse a la Concertación! La verdad es que quien realmente adoptó el libreto del “desalojo” fue ME-O, no Piñera; lo que permitió –como dicen A-C — “remecer a la clase política y contribuir a reemplazar a la Concertación” (p 208). ¿Qué esto ayudó a la derrota de Frei? No cabe ninguna duda; pero supongo que Allamand no estaba pensando en ME-O cuando escribió su controvertido opúsculo.
A-C afirman que “no hay que dejar que la historia la escriban los derrotados”. Me temo que en esto hay algo de proyección. La Concertación y yo mismo fuimos derrotados, no cabe duda. Pero A-C también lo fueron. Decir que este es “el quinto gobierno de la Concertación” es ir muy lejos. Pero no hay dudas que no este no es el gobierno con el que soñó la Alianza ni A- C. Estamos ante un Presidente que no está acostumbrado a co – gobernar en ningún orden de cosas, y así lo dejó en claro al conformar su gabinete, cuando dejó de lado a los líderes políticos. Su equipo ministerial está conformado por ejecutivos, no por políticos; por subordinados, no por pares; por gente de experiencia en la empresa privada, no en los partidos. Esto no es casual: responde a su propósito central, como es inseminar al Estado de la nueva lógica empresarial chilena, que ellos mejor que nadie representan.
Lo que A – C buscan con su libro es “escribir la historia” para reivindicar el “desalojo” y el esfuerzo de los partidos y sus militantes en el triunfo de enero; un triunfo del cual –no sin cierta razón– se sienten expropiados. Pero revertir esta situación, me temo, requerirá mucho más que un libro. Hacer de éste un gobierno de la Alianza exigiría rehacerlo desde sus bases, y enfrentarse a un Presidente que ha demostrado que no suelta nada gratuitamente, y que no teme al vértigo del precipicio.
A-C plantean, con una cordial ironía, rebautizar mi libro, y llamarlo “La Derrota Analgésica”. Yo haría lo mismo con el suyo: le pondría “Los Desalojados”.
(Versión integral de columna en La Tercera 28.05.10)

Mas sobre el libro

Martes, 25 de Mayo de 2010

Artículo de Sergio Muñoz en www.giropais.cl. Ojalá pudiésemos tener un debate de este nivel…

CNN y la negación

Viernes, 14 de Mayo de 2010

Entrevista de Ramón Ulloa el 13 de mayo en la noche.Tironi con Ulloa en CNN

Los feligreses de la parroquia El Bosque

Martes, 11 de Mayo de 2010

De las cosas fuertes que han ocurrido el último tiempo –¡y por Dios que han pasado hartas!– fue la reacción de los feligreses de la parroquia El Bosque cuando surgieron las denuncias contra el padre Karadima por abuso.
¿Se acuerdan?
Se veían señoras y señores muy agresivos diciendo que ellos no creían ni una gota de lo que se decía. Que estaban seguros que detrás de esas denuncias habían intenciones aviesas. Que las presuntas víctimas no tenía problemas psicológicos. Que estaban buscando fama a costa del padre Karadima. Que si querían hacer denuncias, por qué lo hacían con publicidad; por qué involucraban a los medios de comunicación; por qué no lo hacían, mejor, a través de los canales de internos de la Iglesia. Que hacer hacer tales denuncias con publicidad era una traición sin nombre.
Cuando se les preguntaba a esos feligreses si habían visto el programa Informe Especial, donde 4 presuntas víctimas dieron sus testimonios, ellos decían que no lo habían visto ni lo verían, pues sabían que nada de eso era verdad. Y cuando los periodistas insistían con sus cámaras, los correteaban, exigiendo que los dejasen tranquilos.
Pues bien, al ver las reacciones que ha suscitado en dirigentes de la Concertación y en otros políticos salidos de ella mi libro sobre su derrota en las elecciones presidenciales, pensé inevitablemente en esos feligreses de El Bosque. Es exactamente la misma reacción.
¿Qué han dicho? Me han acusado de tener intenciones innobles, como ganar fama o dinero. Se me ha imputado ser un desleal, o actuar con bajeza, o incluso ser un traidor. Se ha dicho que si hay que hacer una autocrítica, ésta debe hacerse en privado, al interior de los partidos y sólo entre los militantes, y no en la arena pública.
Cuando los periodistas han preguntado a algunos de ellos si habían leído el libro, han respondido igual que los feligreses ante Informe Especial: que no lo habían hecho ni lo harían. Y que leerlo o no leerlo da lo mismo, pues viniendo de quien viene, ya saben que no tiene valor alguno.
Es una pena. Pero estos dirigentes de la Concertación comparten con aquellos feligreses de El Bosque el mismo espíritu oscurantista y corporativo que prefiere negar los problemas antes que asumirlos, y matar al mensajero que afrontar un diálogo abierto. Y que siempre tiene “razones” –llámese lealtad, prudencia, prioridades, fidelidad, o cómo sea– para no dejar que entre el aire de la argumentación racional.
Si la Iglesia Católica no rompe con esa lógica del los feligreses de El Bosque, nunca podrá recuperar la confianza de los fieles, que tantas y tantas denuncias desoídas por años y años –no sólo en el caso Karadima, sino en tantos otros en Chile y en todo el mundo– han terminado por trizar.
Si la Concertación no rompe con la lógica de esos dirigentes que insisten en negar la gravedad de la derrota y en combatir un debate racional y abierto al respecto, ella no recuperará jamás la confianza de los electores.

La Concertación y su derrota en un Chile que cambió

Martes, 11 de Mayo de 2010

Este escrito tiene como principal objeto dialogar con el último libro de Eugenio Tironi, Radiografía de una derrota o cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta (Uqbar, 2010). El autor tiene el talento envidiable de poner en el debate público temas espinudos. A nadie, que le interese el debate político, le pasan desapercibidos las opiniones y escritos de este autor, que es difícil de encasillar tipológicamente, ya que fluctúa entre una especie de político, intelectual, experto en comunicaciones, empresario, etc. Su pertenencia a la generación MAPU, al “famoso” partido transversal de la Concertación, su carácter de lobbista o su paso como director de comunicaciones durante del gobierno de Patricio Aylwin en el inicio de la transición, lo han transformado en una moneda de doble cara: villano para unos, héroe para otros. Nuevamente Tironi ha dado que hablar y a menos de 4 meses de la derrota presidencial de la Concertación, nos regala un análisis que tiene sus altos y bajos, pero que por cierto tiene la virtud de hacernos reflexionar.

El texto de Eugenio Tironi es un texto que tiene al menos tres características centrales que recorren la estructura argumentativa. En primer lugar es un texto experencial. Tironi relata la experiencia cruda (erfahrung) de haber participado activamente en la campaña fracasada de Eduardo Frei y la eleva al grado analítico para explicar el fracaso, la derrota y el fin de los gobiernos concertacionistas. Es decir, transforma ese erfahrung en una erlebnis (experiencia significativa), precisamente a través del proceso de conceptualización político social que realiza. No es primera vez que este autor realiza esta tarea analítica de la experiencia vital, que recorre a su generación y a la clase política de la izquierda en su momento, y de la centro izquierda en los 90. Para quienes hemos dedicado parte de nuestro esfuerzo académico en comprender la producción político/intelectual de los años 70 y 80, que estuvo en el sustrato de la posibilidad de pensar la transición a la democracia, Tironi es un nombre que aparece con recurrencia, haciendo de la experiencia de la crisis el mejor momento para radicalizar el análisis. Quizás este nuevo texto no tenga el impacto subjetivo que tuvo un articulo publicado por la ong Sur hacia fines de la década de 1970, titulado y sólo ayer éramos dioses. Pero al igual que en ese entonces, la experiencia de la crisis entendida como oportunidad de transformación, se estructura en la subyacencia del análisis y la conducta reflexiva.

En segundo lugar, el texto de Tironi es analítico. Nos permite adentrarnos en el cómo se realizan las campañas en esta modernidad tardía. Así va desde la construcción programática y de imagen del candidato hasta los relatos de la implementación de técnicas específicas que validan la técnica y la experticia en el conocimiento de la opinión pública y la creación de un programa-candidato para ser puesto en “el mercado” electoral. Un relato interesante desde lo que no se vio en la campaña electoral, un especie de backstage de una puesta escena, que culmina con la franja televisa y los debates en los medios de comunicación masiva.

También relata sobre las dificultades de implementación operativa de la campaña, los problemas de financiamiento, la carencia de información “científica” previa, es decir, la falta de un cuerpo de “pensadores operativos” y de técnicos que nutrieran de manera más efectiva no sólo el “know how”, sino que también la dotación de un cuerpo de ideas contundentes sobre las cuales debatir. Desliza también una crítica a los canales, que es quizás el lugar donde más aguda se vuelve la mirada. Estos canales que debieron ser los partidos y los mecanismos apropiados, para permitir que el conocimiento se hiciera práctica y la práctica política nutriera el debate. En los mecanismos y en los instrumentos está el primero de los puntos que explica la derrota, a juicio del autor. Los canales estaban con problemas de transito, el atochadero inhibió una adecuada fluidez.

Pero el texto de Tironi también es analítico en otro sentido. En concordancia con varios de sus últimos escritos (El sueño chileno (2005), El eslabón perdido… (2006), Chile y la ruta a la felicidad (2006), entre otros), el autor ha intentado reflexionar sobre los cambios culturales, sociales y políticos que ha vivido Chile durante los años inaugurados con el retorno a la democracia. En ese sentido, tampoco es nuevo el interés de Tironi. Ya en los años 80, podíamos leer en este autor numerosas páginas destinadas a develar precisamente cuáles habían sido los cambios que Chile había vivido como sociedad durante la dictadura. Según el autor, ese conocimiento era clave para construir la transición y en ese sentido, colaboró al pensamiento de renovación en la izquierda, siendo muy relevante su análisis sobre las transformaciones laborales, la cultura y el propio sujeto social.

Pero como todos sabemos, el proceso de conocimiento no es develación, sino que cruzado por el interés (entendido en terminos habermasianos), aporta precisamente a la disputa por la construcción de la realidad social. Así fluctuando entre el intento de indicar los cambios, también está el intento por normar los mismos y anticipar los caminos. En este plano, este último libro de Tironi aborda los cambios en la subjetividad política de la sociedad chilena. ¿Cómo han cambiado los chilenos? (imagen un tanto discutible producto de su diversidad, pero muy útil para la construcción interesada de la sociedad) es la pregunta clave que se hace el autor y a continuación, en un par de páginas y de manera muy breve y discutible, nos sumerge en los cambios subjetivos vividos. Hoy tenemos chilenos más “empoderados”, “igualitaristas”, “desconfiados”, “exigentes”, que aspiran a una “vida plena” donde la felicidad y la calidad son referentes claves, “presentitas”, “crispados”, “estatistas”, “radicales” y “bacheletistas”. A juicio del autor, este diagnostico guió la campaña y la construcción de los “clivajes” socio políticos sobre el cual se articularía el debate electoral, sin embargo, pese a su asertividad analítica, nuevamente fueron los canales, de implementación y transferencia, lo que hizo que dicho diagnóstico no llegara a buen termino y no se lograra traducir en una propuesta consistente. El foco de crítica nuevamente apunta a los partidos políticos y en parte también, a la propia responsabilidad del candidato.

En tercer y último lugar, el texto de Tironi es también normativo. Tanto en el análisis tipificado como balance, así como en las expectativas de futuro. La crítica que realiza el autor a los partidos políticos, a la manera anquilosada de hacer las cosas en la Concertación, el debate de recambio generacional, el rol que jugó MEO en el fenómeno de la derrota, así como a la implementación de la propuesta programática, no es sólo una visión retrospectiva, sino que también está marcando por un deber hacer hacia delante. El foco apunta a los partidos y a su cultura política.

Sin embargo, es precisamente en este tema donde el análisis de Tironi se queda corto. Falta un análisis más profundo de las culturas políticas partidarias y de la propia cultura política concertacionista, de la que casi no se ha escrito nada. No basta con sólo quedarse con la crítica a las prácticas, al lugar común de la corrupción, la ineficiencia, los cuoteos, los pitutos. Falta entrar en ese mundo político cultural, sin eso difícilmente es posible también pensar, lo que en el libro de Tironi aparece como una panacea en el contexto de la campaña, me refiero a otro lugar común: el recambio generacional.

Este último no es simplemente una posta o un relevo, un recambio generacional también necesita de una crisis articuladora, que permita articular experencialmente la derrota y dispute la historicidad del relato que constituya la experiencia significativa de la nueva generación política. Las conclusiones analíticas y normativas dibujarán el horizonte de expectativas.

Sin embargo, Tironi no se introduce en este ámbito, quizás por su propia experiencia de vida, por la distancia y la relación tensa con los partidos que se traduce en su propia autobiografía política. Por su propia trayectoria y las cuentas no saldadas dentro de la misma generación que ha conducido la transición.

Ese espacio queda en blanco, aunque algunas pinceladas muy tenues se deslizan en el análisis. A mi juicio, esa carencia no debilita el texto, sino que abre el debate y por cierto, nuevos horizontes reflexivos sobre los cuales se estructurará no sólo el análisis político e histórico, sino que de acción de los sujetos políticos de nuestro hoy. También pone en evidencia los limites de lo pensable cuando el texto es también un texto que apela a autoaplicarnos la experiencia.

Dra. Cristina Moyano B.
Académica Universidad de Santiago de Chile.

Ginebra

Martes, 11 de Mayo de 2010

Eugenio, a propósito de la radiografía que te sacaste, debo compartir que desde hace dias que tenia ganas de escribirte porque encontré muy valiente de tu parte haberse lanzado al aire con esta publicación sobre la derrota. Esa era mi primera impresión, la encontraba un poco exagerada, pero después de ver las reacciones me queda más claro que nunca que se necesitaba coraje. Constato que el famoso libro (que no he leído) esta sirviendo para sacar algo de veneno por la herida. Al final, le podría haber tocado a cualquiera que pusiera primero el dedo en la llaga.

Estoy seguro que el libro en si mismo ayudará a salir de este ambiente de medias frases o de frases cuñas o de consignas en el cual nos movemos. Ya vendrán otros que recogerán el guante y publicaran lo suyo. Discutir a través de libros en lugar de frases armadas para la prensa será un verdadero progreso, por lo tanto todos “los progresistas” deberíamos saludar tu libro como el comienzo y no como el cierre de un capítulo (le puso el acento a la palabrita, porque sino aparecería como capitulo, y en esto tu libro parece ser claro: capitulación no hay). Nota aparte: haz visto la cantidad de libros publicados en Francia a propósito de la última campaña y la derrota del PS, bueno ahora se prepara una nueva colección para la que viene. Nadie se enoja, nadie dice no lo deberías haber hecho, a lo más están en desacuerdo, lo encuentran malo, o etc.

Por el ambiente que se ha generado, podemos anotar una nueva causa de la derrota: la Concertación ha permitido que el debate intelectual se reduzca fácilmente a un fuego cruzado de opiniones a medias, que caen en el campo de las amenazas, las imputaciones y las frases ingeniosas de menosprecio por los que no piensan como uno, a pesar de tener una historia como patrimonio común. Esto viene desde hace tiempo, puede aparecer como un síntoma, pero más bien parece que hace parte “constitutiva” de las condiciones de la derrota.

Manteniéndome optimista, estimo que el libro es progreso y, para rematar, si tuviese que hablar en plural diría que los progresistas de aquí y de allá saludamos su publicación y que aquellos progresistas que tienen sólidos fundamentos para decir que el libro es una radiografía parcial, bueno, ya tienen un piso, quedan invitado a publicar lo suyo.
(mal enviado por Ramiro Pizarro, desde Ginebra, Suiza)

Radiografía de una Derrota

Martes, 4 de Mayo de 2010

Así se titula el libro en el que he estado abocado desde fines de octubre del año pasado, cuando dejé la 1era línea de la campaña de Frei. Cuando vino el terremoto me volqué a eso, y dejé de lado este proyecto; pero después lo retomé, pues me pareció pertinente intentrar, desde mi perspectiva y como actor directo y por ende responsable, responde por qué perdió la Concertación.
No voy a referirme al contenido. Sólo diré que traté de ser honesto intelectualmente y no herir a personas, ni tener cuidado en ser “políticamente correcto”.
La tradición es que los libros se “lanzan” en un salón con comentaristas y un vino de honor, donde van 100 personas con suerte. Decidí romper con esta tradición. En www.eugeniuotironi.cl iré presentando sus contenidos en los próximos días, invitando a que cada uno, en 560 caracteres (4 twiteos) dé su opinión de por qué perdió la Concertación, lo mismo que a mi me tomó 250 páginas.
Ojalá se arme un debate atractivo. Y que lo podamos subir” luego al papel, en la próxima edición del libro –si las ventas dan para ello.
Invito a mis contertulios en este blog a que den su opinión.

Giro a la izquierda

Miércoles, 3 de Febrero de 2010

Con el triunfo de Sebastián Piñera, se ha hecho un lugar común decir que “Chile se derechizó”, y han salido al ruedo múltiples explicaciones “sociológicas” del fenómeno: que los emergentes, que los aspiracionales, que la ineficiencia del Estado, que las nuevas tecnologías. Tal fenómeno, sin embargo, no existe. Al revés: a la luz de lo que fue la campaña 2009, “Chile se izquierdizó”; o más exactamente, se centro – izquierdizó.

La campaña reciente, en efecto, se desplegó en el campo ideológico y programático de la centro - izquierda. Miremos lo que hizo la Alianza. Algo ya había ya ocurrido el 2005, pero en esta ocasión llegó al extremo, con el desplazamiento de sus líderes ligados al ancienne régime por uno que estuvo en contra de éste, y que se preocupó en la campaña de sacar del baúl de los recuerdos sus credenciales anti - pinochetistas, y de mimetizarse con el discurso histórico de la centro - izquierda: protección social, extensión de las regulaciones, ampliación de los derechos de las minorías, etc. De este modo, si en los años noventa del siglo pasado las campañas electorales se desenvolvieron en el campo ideológico de la derecha, con una Concertación dando garantías que no arrasaría con el equilibrio fiscal, ni ahogaría la libertad de elegir, ni restringiría el consumo –en otras palabras, que no haría trizas el tipo de capitalismo instaurado bajo Pinochet–, ahora lo hicieron en el terreno de la centro – izquierda.

Marco Enríquez – Ominami, por su parte, quien partió como la figura de una izquierda rebelde o “díscola”, en el curso de la campaña se fue inclinando hacia el centro, con el fin de ampliar su base electoral. Así, al final terminó presentándose como un candidato híbrido que se situaba “más allá” de las divisiones entre izquierdas y derechas propias de un pasado que él prometía dejar atrás. Por el lado de la izquierda articulada en torno al Partido Comunista, ella eligió el 2009 al candidato más moderado que ha tenido desde 1989, Jorge Arrate, quien hizo propuestas que cabían perfectamente en el campo programático de la Concertación. En suma, en las recientes elecciones no hubo candidaturas ni de izquierda ni de derecha: todas convergieron en la centro – izquierda; un campo que hasta entonces había sido monopolio de la Concertación.

El Partido Comunista se alió con la Concertación para entrar al Parlamento. Y lo logró, por primera vez desde el retorno de la democracia. En la arena legislativa, es probable que el peso simbólico del PC sea muy superior a su número de congresistas, por la influencia que tendrá sobre los parlamentarios de la Concertación, en especial del PS y PPD, así como por su capacidad para servir de articuladores entre las movilizaciones sociales y el sistema político. Se sumará a esto una Concertación en la oposición, que buscará refugiarse en el mundo social, laboral y sindical, donde volverá a competir mano a mano con el PC, que ha sido su adversario histórico en este mundo. El resultado de todo esto será una mucho mayor conexión entre las movilizaciones sociales y el sistema político, lo que implica revertir la tendencia que ha dominado en las últimas dos décadas. Todas éstas son señales de un giro a la centro – izquierda, no a la derecha.

Curiosa situación. Las chilenas y chilenos eligieron un Presidente de derechas, pero para realizar políticas de izquierdas. Lo que no es nuevo: lo mismo hicieron con la Concertación a comienzos de los noventa, pero en el sentido inverso. ¿No habrá en esto, acaso, una secreta sabiduría de los electores?

La doctrina Emanuel

Lunes, 18 de Enero de 2010

Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete  de Obama, dijo una vez que “una buena crisis nunca hay que dejarla pasar”. Se refería a la crisis económica, y de aprovecharla para hacer reformas que introdujesen más regulaciones en la economía de EEUU.

Lo mismo deberían pensar los partidos de la Concertación después de su derrota de ayer.

Esto exige actuar con calma. No precipitarse. No buscar ahora chivos expiatorios, igual como ayer se buscaron figuras carismáticas, para evitar una reflexión a fondo. Digerir lo ocurrido, porque lo del domingo puso en escena una crisis de fondo, que no viene simplemente de la decisión de los Presidentes de partido de evitarse una primaria de verdad, sino de mucho antes, quizás desde fines de los 90.

Los partidos tienen que cambiar. Pero en serio; no como un (otro) montaje. Y los cambios de verdad se cocinan a fuego lento. Pero sí:  éste es el momento de partir…