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Archivo para Marzo, 2010

Reconstruyendo

Martes, 30 de Marzo de 2010

Mi columna de hoy en El Mercurio plantea algunos criterios para emprender la reconstrucción.

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/03/30/reconstruyendo.asp

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags:

Reconstrucción

Martes, 23 de Marzo de 2010

El viernes recorrí en helicóptero  la zona devastada por el tsunami y el terremoto de las regiones de O’Higgins sur y Maule norte.

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Fuimos con un grupo de Un Techo para Chile, para ver en directo lo que había ocurrido y el trabajo de los voluntarios. Estuvimos con los alcaldes de Chépica y Vichuquén. ¿Mi conclusión? Que se necesitará de una reconstrucción hormiga, caso a caso, porque hay una gran diversidad de situaciones.

No hay una catástrofe, sino miles. Cada una tiene sus particularidades. La peor es la que afecta a las familias más pobres o de adultos mayores o discapacitados. Si ya eran vulnerables, ahora lo son aún más. Y habrá que ayudarles a salir adelante, pues no tienen redes sociales, ni menos recursos económicos.

Pero ojo: para ellos el derrumbe de su casa o galpón de adobe es una fatalidad, algo así como la muerte de un animal; y si bien necesitan una solución urgente (¡la bendita mediagua!), pueden esperar un tiempo para una solución definitiva. No hay que acelerarse. Las soluciones deben encontrarse con participación de la comunidad y de las autoridades locales. Hay que respetar las formas de vida de cada comunidad: por ejemplo, la casa grande, la posibilidad de hacer fuego al interior, la cercanía al mar, o la fachada continua. Hay que utilizar materiales materiales y tecnologías vernáculas, para que los damnificados puedan ser actores de su reconstrucción.

Todo esto exigirá un esfuerzo prolongado, con grandes dificultades logísticas. Ojala existan ciertos vectores comunes, pero no puede haber un plan o un modelo común (tipo “one size fits all”). Los casos son muy distintos, y tratarlos como tales nos permitiría robustecer las alicaídas identidades locales.

Author: Eugenio Tironi Categories: Sociedad Tags:

Reescalamiento

Miércoles, 17 de Marzo de 2010

Esto era algo que ya se venía gestando desde la crisis económica internacional del 2008, pero que ahora estalló con la suma del 27F y el 11M: los desafíos del país se re-escalaron. ¡Y ya era hora!

Todo cambió de magnitud con el 27F. El caos en la 7a y 8a es cosa seria. La reconstrucción será larga y dura. Pero nadie quiere volver a levantar lo mismo de antes. Hay consenso de que hay que hacerlo mejor, con estándares del siglo 21 y no del 20. En todos los planos. Desde la participación ciudadana al tamaño de las viviendas. Desde la sostenibilidad ambiental a la capacidad de creación de empleos. Desde la salud a la educación. Y así por delante.

Parece que, aún en medio de la catástrofe, a todo el mundo se le abrió el apetito por innovar, por abandonar  la inercia, por ensayar prototipos, por correr riesgos. Quizás es la euforia incial que provocan las catástrofes. O quizas es algo más profundo que se venía incubando y que se destapó el 27F. Pienso que es lo segundo.

Teníamos el sentimiento que estábamos empatadados. O resignados a la idea de que las cosas se podían hacer sólo de una manera, y que cualquiera otra cosa era impensable o irracional. Y estábamos molestos. Bueno: esto se acabó después  que la naturaleza habló el 27F. Todo es posible. Y es mejor que lo intentemos nosotros, antes que esperar que las cosas nos sean impuestas por el destino.

Lo que hemos visto en los últimos días va en esta dirección. Son cuestiones que jamás alguien se habría imaginado antes del 27F. Esta suerte de hemorragia solidaria. O esta empatía, que hace que la gente que no sufrió daños siga pegada a la que sí los sufrió. Ver a los empresarios arriba del escenario de la Teletón. O el monto de las donaciones. O el Ministro de Hacienda del nuevo gobierno anunciando que estudia un alza tributaria rodeado de las mayores fortunas del país. Incluso esta publicidad a veces irritante de la empresas, que han transformado la solidaridad en una suerte de liquidación.

Pero insisto. Todo se re-escaló. Lo que hasta el 27F parecía adecuado, hoy parece minúsculo. Lo que parecía imposible imaginar o proponer, hoy se puede. Hoy hay que actuar y pensar en grande, o de lo contrario mejor callar.

El nuevo Presidente no hay duda que ha estimulado este re-escalamiento. No se ha quedado chico en promesas. Ni en expectativas. Ni en riesgos. En vez de minimizar los problemas y las soluciones, las amplifica. Transmite voluntarismo, como si nada fuese imposible. Este es su ethos, su carisma su ADN. Y es bueno que sea fiel a ellos. Que no se arratone. Que no se achanche. ¿Que quizás reviente en el camino y deba resignarse a que las cosas son como son? Quizás. Pero por ahora es bueno que lo intente.

En suma, todo apunta al re-escalamiento de Chile. Y esto es contagioso. ¡Y qué bueno que lo sea! Si se pega en las empresas (y algo hay de esto ya), entre los académicos, entre los artistas, entre los estudiantes, entre los voluntarios, entre las ONGs y fundaciones, entre los deportistas, y desde luego entre los políticos, nos haría súper bien como nación, especialmentye en el Bicentenario. Ésta podría ser la causa de los profesionales sub40, que necesitaban de espacio para levantas cosas realmente nueva, y no dedicarse a gestionar un orden que le habían heredado sus mayores.

Es la hora de salir del m2. Escapar de los viejos paradigmas. Re-pensar los que estábamos haciendo y cómo veniamos viviendo. De mirar a la gente con otros ojos. De poner la confianza por delante, en vez de la sospecha. De dar y crear oportunidades. ¿Total qué perdemos? Si a lo mejor en pocas horas ya no estaremos contando el cuento….

Author: Eugenio Tironi Categories: Reflexiones, Sociedad Tags:

Catástrofe, duelo, resiliencia

Martes, 16 de Marzo de 2010

¿El terremoto ya es un asunto del pasado, o sigue vivo en la población a través de ese miedo difuso, esta irritabilidad inmanejable, y la resistencia silenciosa a retomar la antigua normalidad? ¿Hay que enfocarse ahora en la contención afectiva o en la efectividad; en la pausa o la velocidad; en la participación o la acción experta? ¿Pasamos ya de la “emergencia” a la “reconstrucción”? Releyendo a Boris Cyrulnik surgen algunas pistas para responder estas preguntas acuciantes.

Cuando se pierde un ser amado, o una casa, una calle o un barrio en los que se asentaban la identidad y la memoria, la persona siente que se le arrebató una parte de sí misma. Necesita reconstituir lo que perdió. Por eso quiere volver al lugar de los hechos a “recoger los pedazos del yo quebrado”: una foto, una prenda, un mueble. Luego necesita reconstruirlo simbólicamente a través de los relatos, de los diálogos, de los ritos, lo que será mucho más fácil si tiene el sostén afectivo de la comunidad. En esto consiste el trabajo del duelo.

La organización de la ayuda puede dinamizar o inhibir la resiliencia; esto es, la “utilización de la memoria de la herida para organizar una nueva manera de vivir”. La acción ordenada que ayuda a reponer la confianza del afectado en sí mismo, consultándole, tratándole como persona y no como “víctima”, la dinamiza. En cambio, el activismo precipitado, que niega el duelo y coloca a los damnificados en una suerte de “campo de refugiados psíquico”, es inhibidor de la resiliencia.

Toda catástrofe implica un quiebre con un orden antiguo. Por lo mismo, su superación requiere plantearse cual es el orden nuevo que quisiéramos crear. Esto es indispensable para que las personas re-organicen sus estrategias de existencia. Éste orden sólo puede ser creado por un relato o narración que impregne de sentido a los acontecimientos.

Todo indica, entonces, que es equivocado precipitarse en decretar por superada la etapa de la “emergencia”, para pasar a la de la “reconstrucción”. Los sentimientos de la gente no se mueven al ritmo de los planificadores.

Hay un duelo en curso, que requiere tiempo, respeto, compañía. Las alteraciones psíquicas después de una catástrofe no surgen de inmediato. Hay un tiempo de latencia. Y cuando son resultados de acciones humanas, las huellas son más profundas que cuando son provocadas por causas naturales. La experiencia de los saqueos y de la auto – defensa tiene que haber dejado traumas penetrantes que deben ser abordados con cuidado. Hay que contener el ímpetu y la hemorragia solidaria para que no estorben estos procesos, y dar prioridad a éstos antes que a las necesidades comunicacionales o psicológicas de otros actores.

El bienestar de los damnificados brotará de la mitigación de sus sufrimientos. Si no se sabe cuales son, las respuestas, por eficientes que parezcan, serán perfectamente inútiles. Es indispensable escuchar sus necesidades, aunque los expertos crean saber lo que necesitan. Las soluciones tienen que surgir desde ellos, evitando el exceso de planificación, orden y normatividad. A ellos se les desorganizó el mundo; y no puede haber empatía si los que vienen a apoyarles transpiran omnipotencia.

En fin, es un error decir que éste es el momento de la acción y no de la reflexión. El activismo es una forma de negación; y la negación impide el duelo e inhibe la resiliencia. El terremoto derrumbó un cierto orden, y necesitamos armar uno nuevo para reorganizar nuestras vidas. Esto hay que empezar a rumiarlo desde ya. Y esto demandará, quizás, instalar una “comisión”.

Día de estreno

Viernes, 12 de Marzo de 2010

Lo que ayer partió en un día sacudido por las replicas fue mucho más que un nuevo gobierno. Lo que partió fue un nuevo concepto de la autoridad. Fue día de estreno.

Lo que empezamos a ver ayer, y que seguramente veremos hasta el hartazgo en los años que vienen, es una elite dirigente fascinada con la velocidad, con el activismo, con la métrica. Un grupo que fetichiza la gestión, como si ésta fuera el deux-ex-machina que lo explica y lo resuelve todo. Un núcleo convencido que la ciudadanía juzga por resultados, y que no presta mayor atención a la forma como fueron alcanzados (de ahí entonces, por ejemplo, que se pase por alto la cuestión de los “conflictos de interés”). Un grupo dirigente que tiene una fe ciega en el “coraje” –de hecho, la palabra más usada en el día de ayer– y en la voluntad; y un mesianismo que no proviene de la ideología –como en los viejos revolucionarios– sino de la técnica, de aquello que la mayoría de ellos aprendió en las aulas de la UC y de sus post-grados en EE.UU. En fin, un núcleo que invoca permanentemente a Dios y a su familia –a la que muestra sin pudor–, y que se ve envidiablemente seguro de sí mismo, sin dudas ni vacilaciones.

Las nuevas autoridades saben que todo eso no se puede decir crudamente. Y  por lo mismo piden a sus speechwriters que les hagan discursos que hablen de valores, de viajes, de paisajes, de sueños, de dolores compartidos; pero estos discursos terminan enunciados sin mucha convicción y resultan a la larga un poco melosos, pues no reflejan el ADN auténtico de quien los emite, el cual se expresa mucho más auténticamente en la retórica de la gestión.

Eso, todo eso, es totalmente nuevo.

Es nuevo. Porque no es el régimen militar, con su espíritu marcial, su retórica guerrera y su estética de clase media. No es tampoco la derecha tradicional, con su estilo circunspecto, fruncido y como distante. Y es la antítesis de la centro-izquierda, que siempre ha tendido a ser más intelectual, más modesta y más reflexiva. ¿Alguien se habría imaginado a Lagos, o a Frei, o para qué decir a Aylwin, haciendo todo lo que hizo el nuevo Presidente en el día de ayer? No: imposible. Es otro ethos. Es otro carisma.

De hecho, el contraste lo marcó  ayer las diferencias entre la Presidenta Bachelet y el nuevo Presidente. Fue la oposición entre la sencillez y la afectación, entre la empatía (esa misteriosa capacidad de conmoverse internamente con el otro) y el activismo, entre la humildad y el “coraje”, entre esa sonrisa algo tímida y esta risa algo rígida, entre esa modestia republicana que conduce a reprimir las creencias y  vínculos personales y esta suerte de obsesión por invovocarlos y revelarlos.

En suma, lo de ayer no fue la inauguración de un nuevo gobierno. Fue el estreno de lo que podría ser un nuevo Chile. Veremos como responde el público.

Protagonismo a los damnificados

Jueves, 11 de Marzo de 2010

Ni el terremoto ha detenido la tendencia. Lo que estamos viendo es que la gente en Chile, no importa lo pobre que sea o damnificada que esté, exige que la tomen en cuenta. Puede venir el gobierno y decirle qué es lo mejor para ella; o una empresa a decirle cual es la solución técnica perfecta; o una fundación a plantearles que le traen soluciones. No importa. Sea quien sea, la gente quiere que se la consulte, que se les pida la opinión, que se les haga participar.

Quieren respuestas, sí, pero no a costa de su protagonismo. No aceptan que nadie les imponga la “mejor solución técnica”. La emergencia  no es aceptada como justificación para actuar “desde arriba”, con soluciones pre-hechas que no se consensúan con las autoridades locales y la comunidad. Quieren, en suma, soluciones “desde abajo”.

La reconstrucción, sobre todo ahora que es encabezada por una elite que idolatra la eficiencia y la rapidez y que está acostumbrada a saberlo todo, tendrá que aprender a escuchar a los damnificados. Si no lo hace surgirán conflcitos; y lo peor, se transformará a los damnificados en seres pasivos, inhibiendo su capacidad de resiliencia.

La primera reconstrucción es esta: la destinada a devolver a los damnificados la confianza en sí mismos, y no infantilizarlos con soluciones cocinadas en Santiago, por “técnicas” o benevolentes que parezcan.

Aclaración frente a nota del Financial Times

Jueves, 11 de Marzo de 2010

El Financial Times publicó una nota donde yo aparezco diciendo que el futuro político de la Presidenta Bachelet “se ha evaporado” porque el terremoto sembró “dudas sobre su habilidad para tomar decisiones”. Estas afirmaciones están sacadas totalmente de contexto y no interpretan lo que yo pienso.

Prueba de ello son las opiniones que he venido expresando a través de mi blog y de twitter desde el día mismo del terremoto, y lo que he dicho en numerosas entrevistas a periodistas extranjeros. Puse en duda desde el primer día aquello de la resistencia ideológica de la Presidenta a terminar su mandato con los militares en las calles, cuando ella “es hija de militar y se siente cómoda con ellos” (4 marzo). Afirmé también que “se pueden decir muchas cosas ciertas respecto a las fallas de gestión, las demoras, las indecisiones, etc. Pero hay algo que no se puede negar: la Presidenta estuvo ahí al lado de la gente sufriente, y no dejó de reconfortarla ni por un minuto; en sus gestos, en sus palabras, en su pena, nos interpretó a todos nosotros” (7 marzo).

Cuando días después (9 marzo) apareció la encuesta Adimark GFK, que confirmó la enorme popularidad de la Presidenta, señalé que esto era un “cataclismo para los que imaginaban que Bachelet saldría castigada. Ella es, definitivamente, la Presidenta del Pueblo”. Luego, a raíz de comentarios en twitter, señalé que aquellos “que dicen que la popularidad de Bachelet es “sólo” comunicacional no entienden nada. Ella se conecta con la gente, es auténtica, genera confianza, encarna valores, produce identificación; todo lo que pide el mentado George Lakoff” (el lingüista de Berkeley autor de ”No Pienses en un Elefante”).

Por lo mismo, indiqué, su figura será “un fantasma” que rondará sobre la cabeza de las nuevas autoridades desde el primer día. La Presidenta Bachelet sale acompañada del cariño del pueblo, quien le está retribuyendo así la preocupación que ella siempre expresó hacia la gente más humilde. Así, de cómo se relacione el nuevo gobierno con este “fantasma” dependerá en parte su destino.

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags:

Bachelet y terremoto

Domingo, 7 de Marzo de 2010

La naturaleza fue cruel con Bachelet. Cuando la esperaba una despedida triunfal, le lanzó a la cara un terremoto. Ella es una víctima más de este cataclismo.

Se pueden decir muchas cosas ciertas respecto a las fallas de gestión, las demoras, las indecisiones, etc. Pero hay algo que no se puede negar: la Presidenta estuvo ahí al lado de la gente sufriente, y no dejó de reconfortarla ni por un minuto, y en sus gestos, en sus palabras, en su pena, nos interpretó a todos nosotros.

Lo de anoche en el evento para recolectar rfecursos encabezado por Don Francisco ella estuvo notable. La iniciativa vino de la Presidenta. Fue ella quien convocó a todas esas instituciones para esta cruzada. Hizo llorar a todo Chile. Junto a Don Francisco, efectivamente reconstruyó el alma de Chile.

Bachelet deja su cargo el jueves. Será recordada ñor muchas cosas. Y entre ellas, por su entereza ante el terremoto.

Reseteo

Jueves, 4 de Marzo de 2010

De pronto la discusión sobre el terremoto parece desplazarse del tema de las víctimas y de la reconstrucción, a la cuestión de la gestión de la crisis. Las recriminaciones vuelan.

Es increíble ver además como esto ha sido tomado en el mundo. Partió con una columna de opinión en el WSJ, que decía que Friedman había salvado millones de vidas en Chile, porque sus políticas económicas bajo Pinochet habían permitido la prosperidad de la que hoy goza el país. Le han respondido numerosos columnistas, diciendo que ni Friedman provocó tal milagro, y que de haberlo seguido, se habrían eliminado todas las normas anti-sísmicas –que datan de 1972– que permitieron que Chile no se hundiera por completo, en aras por cierto de la “libertad de mercado”. Adjunto links con este debate.

Pero volvamos a Chile. Estoy convencido que ll problema no estuvo en el retraso del gobierno. Estuvo en la fragilidad del Estado chileno, incluyendo sus FFAA. El chileno es un Estado que descansa en operadores privados que le proveen de todos sus servicios, incluyendo los de telecomunicaciones. Caídos estos servicios –que están diseñados para fines distintos que los propios del Estado–, éste quedó desarticulado, ¡¡incluyendo a sus fuerzas armadas y policiales!!! –que, por ejemplo, usan celular para comunicarse entre sí, tirando sus equipos de radio a la basura.

En Chile pasó algo parecido a lo que ocurrió a Estados Unidos con el Katrina, producto del ultraliberalismo de Bush que había desmantelado la equivalente a nuestra ONEMI siguiendo la doctrina reaganiana de que en el Estado está el problema y no la solución.

La fragilidad del Estado significó que la presidenta y las fuerzas armadas no pudieron evaluar la magnitud de la catástrofe si no hasta muchas horas después del sismo. Por lo mismo, no imaginaron que se produciría un problema de orden público como el que se produjo. Incluso las comunicaciones al interior del Estado –como las del Shoa a la Onemi—parecen destinadas más a “sacarse el pillo” ante una eventual investigación de la Contraloría o de un Tribunal, que a dar indicaciones precisas de lo que hay que hacer. A esto se suma la poca solidaridad corporativa, con unos y otros tratando de evadir sus responsabilidades y endosándolas a terceros.

¿Si influyó también una resistencia ideológica de la Presidenta a terminar su mandato con los militares en las calles, como se ha especulado con insistencia?. Lo dudo: ella no tiene problema con los militares. Es hija de militar y se siente cómoda con ellos: mal que mal pasó toda su infancia y adolescencia la vivió entre ellos.

Manuel Tironi me indicaba que no habiendo Estado –como ocurrió en las horas posteriores al terremoto–, el orden debió haber descansado en la sociedad civil, en las comunidades; pero que ésta también brilló por su ausencia, quizás por efecto del “friedmanismo” que aquel articulista alababa en el WSJ.

Así entonces, lo que descubrimos atónitos con el terremoto es que tenemos un Estado de pacotilla. No tiene infraestructura propia, no tiene instancias de coordinación, las FFAA se mandan solas, no hay educación a la gente en caso de terremotos –que sabemos ocurren a cada rato–, no tenemos información oportuna, no hay protocolos de información, todo se dice a medias para “sacarse el pillo”, no hay solidaridad interna, y así por delante.

Pero descubrimos, también, que no tenemos tampoco un sólido capital social. Bastó que se debilitara por algunas horas el Estado para que cundiera la anomia, la auto – defensa, el acaparamiento. Los enormes grados de desigualdad que se observan en Chile fueron un combustible más poderoso que el del apoyo mutuo ante la catástrofe. Recién ahora comienza a aflorar la solidaridad y el espíritu comunitario.

En suma, el terremoto no sólo derribó una gran parte de nuestras edificaciones. Derribó dos de nuestros principales mitos nacionales: el de que contábamos con un Estado nacional poderoso y eficiente (supongo que nadie objetará ahora que necesitamos “más Estado”), y el de que contábamos con un elevado capital social. La reconstrucción, por lo tanto, tendrá que ser triple: de las obras materiales caídas, de un Estado que no puede seguir pegado con chicle, y del tejido social amenazado por el individualismo extremo, la violencia y la prepotencia.

Llevamos mucho tiempo escuchando a los jóvenes chilenos decir que no tienen una tarea épica que los aglutine y movilice, como la que tuvo la generación de los 60 con la revolución, o la de los 70 con Pinochet. Bueno: el terremoto (el triple terremoto) ha hecho trizas esa excusa. La reconstrucción (la triple reconstrucción) tiene épica de sobra. Lo importante es atreverse a asumir la tarea, la cual implica resetear a Chile entero en términos de sus prioridades, de sus instituciones, y también de su cultura.

Http://online.wsj.com/article/sb10001424052748703411304575093572032665414.html?mod=rss_today’s_most_popular

http://www.salon.com/technology/how_the_world_works/2010/03/02/chicago_boys_and_the_chilean_earthquake/index.html

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/mar/03/chile-earthquake

http://krugman.blogs.nytimes.com/2010/03/03/fantasies-of-the-chicago-boys/

La Huella

Martes, 2 de Marzo de 2010

No estaba en Chile para el terremoto. Sé todo lo que pasó, pero no lo viví en carne propia. Cuando converso con colegas, familaires y amigos, me doy cuenta que esto me separa irremediablemente de todos ellos. Una cosa es escucharlo y entenderlo, pero otra vivirlo.  no haber estado aquí me da derecho a preguntarles cómo fue. Y soy testigo del desahogo. Es  como si se abriera una compuerta y fluyera nuevamente el terror de la madtugada del sábado.

Me doy cuenta que las chilenas y chilenos sintieron literalmente que se morían. Que esto se acababa. Una experiencia de este tipo deja una huella imborrable. Nadie sale aún del todo de su sorpresa, de su impotencia, de su terror. Nadie sabe ahora qué hacer. Por esto el inmovilismo. La conversación recurrente sobre lo ocurrido. Los deseos de ayudar y  no saber cómo. Andamos como sobrevivientes, aún atónitos y mascullando el milagro de estar vivos.

Algo cambió en el espíritu de los chilenos en la madrugada del sábado. Nadie escapaa del trauma. Esto dejará una huella profunda y perdurable. Todos estamos damnificados.

Hay que implementar una estrategia de superación del trauma. Esto parte por poner orden. Esto lo debe hacer el Estado. Y se necesita autoridad. Por esto es tan dañino que hayan desaveniencias ent5re el gobierno y la Armada, o entre el gobierno actual y el entrante. Sin unidad no hay autoridad. Y sin ésta no hay orden.

Tenemos que escucharnos. En cada círculo. En cada lugar. Creo que aún no se ha vaciado todo el terror que hay en cada chilena y chileno. Hay que vacieralo y compartirlo. Es un paso indispensable para superarlo.

Y luego tenemos que acompañarnos. Mostrar que estamos juntos. Sdentir que el dolor de cada chilena y chileno es mí dolor. Por esto es tan importante la “Teletón” del viernes. No importa la plata. Lo que importa es sentirnos juntos, como una sola comunidad. Lo que importa es sacarnos de la retina la imagen que hemos visto en las última horas, que han mostrado lo peor de nosotros mismo: la imagen de los saqueos, pillajes y auto-defensas. Esto debemos borrarlo cuanto antes; y sólo se logra con una muestra masiva de solidaridad.

Pero nada borrará la huella que ha dejado el terremoto en el alma de los chilenos. Hermos visto que la muerte y el caos están más cerca de nosotros de lo que creíamos, que la vida es más valiosa y dificil de mantener en este territorio de lo que suponíamos, y que cada uno por sí mismo no se la puede arreglar para sobrevivir ni para proyectarse.

Author: Eugenio Tironi Categories: General Tags: