Trasnoche atlántica
TRANSCRIBO ESTE BRILLANTE COMENTARIO DE XIMENAGUI, MANDADO EL 1 DE ENERO A LAS 19:29HRAS.
Hoy, día circular que cierra y abre el tiempo, se me ocurre pensar en la “Concertación”. No en lo que fue, ha sido, es o será, sino en la palabra.
Dice la RAE en su versión habitualmente poco divertida:
concertación.
(Del lat. concertatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de concertar (‖ pactar, tratar un negocio).
2. f. concierto (‖ ajuste o convenio).
3. f. ant. contienda (‖ disputa).
¿Habrá habido futuro alguna vez allí, en ese pacto para salir de algo? ¿O sólo, simplemente, negación y sustitución de un abominable pasado? “Alegría” fue el nombre que se le puso a este ímpetu en fuga, indómito, libertario. El futuro estaba asegurado. El proyecto… eso estaba por verse.
Yo no recuerdo bien, pero entiendo que en este punto nuestro anfitrión proporcionó narración, un sentido al devenir de estas energías. Pero hoy, salvo al eschuchar los ánimos vibrantes de una solitaria Carolina Tohá, poco, casi nada o totalmente nada me suena a ese brioso ir más allá.
¿Más allá de qué? Este es el problema, el futuro es siempre un más allá de algo. El futuro tiene hambre de muerte, sin ella no hay renovación efectiva, sólo renovación de lo mismo, camuflaje para las conveniencias de los vivos, muy especialmente de aquellos a los que les ha ido bien, esos que tienen más intereses que proteger.
La Concertación nos ha dado un presente suficientemente satisfactorio, pero nos deja huérfanos de futuro. No se ha comprendido a sí misma porque no ha sabido reconocer la autonomía, la libertad y la creatividad de sus engendros.
Del futuro, Piñera y su clan no nos van a enseñar nada. Su “crecimiento” me recuerda siempre a ellos mismos. Si no es una oración bien intencionada, la desigualdad en sus bocas me suena a pretexto o recreación de eso que llaman alma, no a motor emocional con significancia política y moral. Nada de responsabilidad, a lo sumo vocación. Sus círculos son cerrados, no amplían su diámetro si no hay ganancia. No amplían el concepto de dignidad, reservado consciente o inconscientemente sólo a ellos mismos.
El futuro no es el rendimiento resultante de la explotación del presente y sus potencialidades. El futuro no está en la derecha, jamás estuvo allí, siempre fue un patrimonio de la izquierda o, en mucho menor grado, del liberalismo. Si acaso estos dos flujos irrigan el cuerpo de la Concertación, sus tan recurrentes cabezas hace rato que no leen las novelas que lo animan y pueden reanimar, sino sus propias biografías, espejos fotoshopeados de ellos mismos, leyendas muertas por nacimiento prematuro. Si hablan del libro del progresismo, parece que la edición que portan agotó hace tiempo sus capítulos. Así y todo, ellos no están para leer, están para dar cátedra. Este justamente es el problema: el catedrático está casado con su prestigio, está encerrado en el corral de su ego, ya no sueña, sólo sabe calcular.
En la columna de Tironi advierto el fastidio de un padre extenuado de intentar complacer al hijo para poder por fin irse del parque de diversiones donde hubo de ir para festejar el día del ansioso infante. Yo, un adulto ni tan adulto ni tan joven, no defiendo las exigencias de MEO porque entiendo que obedecen a un negocio político que afortunadamente no me compete, pero sí pienso que a través de su gesta se cuelan ánimos que sí me interesan, ánimos que a mí también me animan… aún.
El futuro no existe en otro lugar que en las expectativas de estos animales fantásticos que somos los seres humanos. El futuro que no es extensión del presente ha habido siempre que inventarlo. Como el parto, su nacimiento es inevitablemente doloroso. Escalona, escalona, escalona… ¿sabe de partos? Parece saber más de embalsamientos. Él no nos puede orientar hoy día.
El cambio generacional no es un antojo, es una necesidad.
Salud de trasnoche atlántica.
Los partos se producen cuando la criatura está lista. Por ahora, se está botando el tapón mucoso, preludio de la inminencia. Deje que el parto tome su curso. Hay cuestiones previas que la naturaleza tiene que resolver para completarse el ciclo. Escalona, escalona,escalona está pujando…No es tonto y sabe que no puede seguir haciéndose el leso. Pero como político viejo, sabrá cual es el momento preciso…Ximenag
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Profesor del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile y del Magister en Comunicación Estratégica de la Universidad Adolfo Ibáñez. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado. Ha sido autor o coautor de 20 libros, el último de los cuales es Palabras Sueltas (Mercurio-Aguilar, 2008).

También es brillante el artículo: “Entre lo sublime y lo ridículo” de Carlos Peña. El Mercurio, 3 de enero.
El hecho que se plantea es efectivo, las coaliciones gobernantes tarde o temprano pierden la perceptiva de su propio proceso histórico y el de sociedad. Parece ser inevitable dada la naturaleza humana que creada una estructura tiende a apegarse a ella y resistir los cambios. Recuerdo la consigna con que salíamos a la calle en la época de Pinochet “y va caer.. y va caer… etc. Creíamos en nuestros lideres y corríamos ciertos riesgos al salir a la calle a gritar. Yo no tenia derecho a voto, pero recuerdo el espíritu y la mística que estaba con nosotros. Con todo respeto “la concertación a perdido totalmente la mística”, su sentido de proyecto social y político; con todo respeto la concertación se empezó a parecer mucho a la derecha, no digo que sean lo mismo, pero…
Cuando tuve derecho a voto, me inscribí para votar, y desde el comienzo he votado por la concertación, con la fé del carbonero, religiosamente e apoyado el proyecto político concertacionista. Pero el surgir de tantos casos de corrupción, el transantiago donde se paso a llevar la dignidad de la gente, mostrando una soberbia descomunal. El colmo fué, la manera en que se eligió el candidato de la concertación, con codazos, insultos etc. Ademas siempre la concertación había escogido al candidato correcto. Cuando se necesito experiencia la hubo, cuando se necesito ser más ejecutivo se hizo, cuando se tenia que romper con el mito de un “Socialista que gobierna”, se rompió el mito. Cuando había que romper el mito “De una mujer que gobierna” se rompió el mito. Pero ahora, la concertación se convirtió en estatua de sal porque tal vez miro al pasado… no lo sé, tal vez. Yo vote por Marco, el encarno algo de esa mística de cambió que teníamos cuando comenzamos… Pero la concertación no rompió el mito de que un hombre joven puede gobernar.
Totalmente de acuerdo!! Lo de Peña hoy es absolutamente brillante.
Interesante el profundo analisis que se hace sobre la concertacion hoy antes de la elección.Creo que mi caso es el de miles de chilenos.Caractristicas generales y comunes a estos miles de votantes:
En lo personal no tenemos nada que ganar ni perder con uno u otro.Pero,nos damos cuenta que,si bien es cierto la concertación logró muchos avancs para el pais,ello fue posible gracias a la capacidad y honradez de algunos,no de la mayoría,de modo que hubo mucha gente que se benefició mas alla de lo razonable con la militancia DC,PPD,PS u otra.
En resumen:Vamos a votar por Piñera convencidos que es lo mejor para Chile pues FREI no nos convence.Le falta carisma y lo que hizo en su
Gobierno anterior fue regular a malo.
Espero tranquilo el veredito de la ciudadanía.
@Eugenio Tironi Yo vote por el Marco, también estoy esperando que hace la concertación en estos días. Don Carlos Peña tiene razón en muchas cosas pero los análisis psicológicos hay que hacer celos a todos y no solo a los Ominami.
En su columna, Peña cierra bien, pero comienza mal. Comete un error que llego a creer deliberado. Lo cito: “No puede haber un malentendido peor: confundir las demandas del electorado con las condiciones impuestas por Enríquez-Ominami.”
Es cierto que MEO ha pedido las cabezas en bandeja de plata mientras se cruza de brazos (o los abre para saludar a los que pretenden que sean sus electores el 2014), pero no es cierto que dicha demanda no exprese una expectativa de quienes fueron sus votantes. Eso el señor Peña está lejos de poder deducirlo legítimamente, pues ha sido un férreo adversario no sólo de este joven candidato, sino de los cambios que propuso en la política, que él ha considerado como antojos opuestos a la solidez de las instituciones. Eso refleja para él la figura de Escalona.
De fondo, lo que aquí hay –aunque Peña no lo distinga o no lo reconozca- es una lucha generacional. La arena es la política, y a mi modo de ver, esto es muy sano. Yo descreo de toda esa palabrería del cambio y de los nuevos tiempos y todo aquello que sirva para embellecer y darle brillo a las aspiraciones de quienes quieren tomarse el poder o se verán beneficiados con la victoria de uno de los candidatos. El tema es otro.
Es verdad aquello a lo que se opone Peña: la gente está aburrida de lo mismo y quiere novedad, impulsados por un ansia digna de consumidores más que de ciudadanos. Pero confundir esto con la necesidad de cambios en la política es un insulto a la inteligencia y un cuasi homicidio al progreso más efectivo. El progreso -esa invención de la izquierda que ahora Piñera quiera representar malversando su fondo semántico- supone cambio y renovación en las ideas o categorías del pensamiento -como diría Hegel, sin duda el artífice ideológico del concepto. La caducidad o fecha de vencimiento, para recordar las palabras de nuestro anfitrión, es una cáscara que encapsula y coarta la vida de los conceptos y de las sociedades.
El progreso es lo que define a la política moderna. Como los cambios materiales se suscitan a toda velocidad, la política debe articular las partes del cuerpo social en evolución guardando la coherencia total en contra de las conveniencias parciales. La política es el ánimo del cuerpo social. Por esto, la actitud de los políticos no es un pormenor. Y esto lo sabe Peña muy bien cuando celebra la actitud recatada de un Escalona. Así celebra la actitud del político burocrático, ajeno a la escenificación de la política. No es difícil estar de acuerdo con la repulsa a lo segundo, pero el señor Peña, que ataca a MEO por faltarle ideas, podría tal vez decirnos si acaso fue Frei o Piñera quienes dijeron cosas como “el Mercado sabe crear riqueza, pero no repartirla”. Muy agradable escuchar a Orrego decir que en Chile ha cambiado todo menos la política, pero ¿quién ha logrado hacer más por convertir esta ilusión en una aparente necesidad? Y en los temas valóricos, ¿quién llevó a Frei a estar en contra del aborto terapéutico? No pido admiración por este jovenzuelo, pero el chaqueterismo ultraja esta vez ideas y sobre todo valentía, el valor de los valores.
Piñera estrena hoy su franja cantando “la esperanza de un nuevo futuro está por nacer… porque Chile contigo va a cambiar”. ¿Cuál es el Chile deseado de la derecha? Mayor crecimiento, poco más que eso. ¿Reforma Tributaria? Claro, eso dicen ahora, pero la idea, si no estoy equivocado, es de MEO, e incluía aumento tributario a las grandes empresas. ¿Acaso extraña a alguien que esa parte de la reforma haya desaparecido? A mí no, como tampoco me extraña, lamentablemente, que Landerretche deje de mencionarla en su propuesta de reforma. El aumento del royalty a la gran minería… eso está por verse. Yo apuesto a que si gana Piñera, nada de eso veremos.
¿Lo veremos con Frei? Ximena nos enseña una ecografía. ¿Se ve a la Concertación embarazada de futuro? Sí, pero Ximena dice que la criatura aún está en formación. ¿Cuánto tiempo lleva embarazada la Concertación? Hay que admitirlo, muy poco. Esto es lo triste, su infertilidad. Flaca no está, pero sí estreñida, alimentada con una dieta rica en grasas y pobre en aspiraciones. Es la eterna historia de la vida… de los sedentarios. El dictamen médico es claro: la Concertación necesita moverse, respirar nuevos aires. Peña será buen catedrático y muy buen orador, pero para la medicina muestra incluso poca intuición.
Si la derecha gana habrá sido por muchas razones, pero sobre todo porque la Concertación no supo tomarle la temperatura a los tiempos. La presión atmosférica decía muy claro que Chile se había venido economizando, los valores políticos habían venido cediendo a los valores económicos, las aspiraciones colectivas perdían terreno frente a la avidez individualista. Crecía una clase media con buen viento de popa, ilusionada con alcanzar a las embarcaciones rezagadas que siguen al holding de avanzada. No era inspiración lo que inflaba esas velas. Era ambición. De eso se ha nutrido Piñera con sus negocios especulativos en bolsa y ahora en política.
Si la Concertación no supo ver esto, fue porque ella misma infla sus pulmones en ese aire rancio por el que se puja, el aire que ya respiraron unos y ahora quieren respirar otros. Inspirados por un libro contrario a este ánimo competitivo, Océanos Azules quería llevar la nave nodriza hacia aguas más profundas, menos fétidas; pero no, pronto se vio que la nave estaba encallada (la excusa para seguir engordando en puerto). Si la derecha monopoliza el poder empresarial entre pocas familias y clubs de amigos que gestan negocios en los matrimonios de sus herederos, la Concertación hace lo mismo en el aparato público. Ambas se ajetrean en espacios estancos. Mucha ventilación las podría matar, han perdido tolerancia inmunológica al cambio.
Las cabezas de los presidentes de partido es un sacrificio ritual necesario. Que MEO lo pida ha hecho las cosas hasta cierto punto más fáciles, pero también más difíciles. No entiendo cuando se defiende a Escalona o Latorre. No se trata de ellos, se trata de un gesto simbólico para el que ellos, con justicia o sin ella, son chivos expiatorios. Si parece un gesto hacia MEO y su agenda es una lástima, y en esto estoy de acuerdo con Peña, en enfatizar el contenido de las aspiraciones que hay detrás de todo esto, pero sin dejar de lado el ánimus que apunta a la renovación de la política, para el cual no hay mejor alimento que la cara sangre de los viejos estandartes. No hay señal más inequívoca de renovación. Si ha costado, demuestra cuán profundas son las tenazas de un Escalona. Y sí, la enemistad con los Ominami es antigua en el PS, pero la causa es esto mismo, no por nada el PS chileno puede dar cátedra de tozudez ideológica e inefectiva a nivel mundial.
Si las revanchas personales, al contrario, están al servicio de posturas conservadoras, además de satisfacer egos, revelan una actitud tan poco solícita en las obras como furiosamente solícita en los juicios. Quien enjuicia y conserva, satisface aun más su ego, y de esto el maestro de la curia académica sabe y nos da cátedra todos los domingos.
Así las cosas, tal vez, simplemente, es mejor que esta vez gane la derecha, pues quizás no haya renovación efectiva de otro modo. En este sentido las palabras de Ximena al que fuera mi comentario (viva el palimpsesto) me hacen sentido.
Jefe, mientras usted está bajando los brazos, nosotros seguimos en la calle trabajando.
@francisco eichholz
Lo anterior me parece acertado. De cualquier manera el Marco tuvo el coraje y la ambición, y porque no decirlo la imaginación para construir un proyecto de la nada.Él Refresco a la concertación y le recordó que es una coalición de centro izquierda y no de centro derecha. ¿Están lo Ominami heridos y por eso se están vengando? Es posible, pero quien en la política es un santo!!!!!!!!!!!
Simplemente la concertación se estancó, se torno rígida por el acostumbra miento al poder y un sacudón era necesario…
Ahora no basta decir que Piñera es un empresario multimillonario adicto al dinero y la especulación. Él a adoptado al menos en el discurso muchas ideas y perspectivas de la concertación tal como hizo la concertación con Pinochet; cosa que brillantemente le recomendó el Sr. Tironi a la derecha. Es momento que nuestra democracia madure.
Para que nuestra democracia madure necesitamos también que la derecha madure y en eso Piñera puede ayudar. Reconozco que me da miedo volver a un gobierno de derecha, mi instinto natural es volver a decir NOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!. Es inevitable lo que ocurre ahora. Tarde o temprano debe ganar la derecha, tal vez ahora es el momento.
¿Que de nuevo nos ofrece la derecha? que administre democraticamente el poder, que sea civilizada, que los chilenos no nos sentimos aplastados por la autoridad policial y gubernamental y que nuestra vida continua con relativa calma. Espero que Piñera lo haga. La transición a la democracia solo terminará cuando un gobierno de derecha tome el poder, nos guste o no. Reconozco que me cuesta escribir esto.