Extraña elección
Ésta es, por donde se la mire, una elección extraña.
Esta es la campaña electoral que menos entusiasmo ha despertado desde la reinauguración de la democracia. No sólo a nivel de la presidencial; también en la parlamentaria. Se dirá que ME-O es la excepción, pero hasta ahí no más él provocó entusiasmo, es cierto, pero más por su condición de celebridad televisiva que por el proyecto político que representa. A esto se suma que los recursos económicos con que han contado las candidaturas han sido más escasos –con la excepción de Sebastián Piñera: su Franja televisiva es la más costosa que se conozca, y sus vallas de alto impacto más que triplican a las de Frei.
En esta campaña se consolidó un fenómeno que venía insinuándose ya en elecciones anteriores: el desacoplamiento entre las campañas parlamentarias y las presidenciales. Esto es un poco menor en el caso de la Alianza, pues aquí el peso de Piñera (entre otras cosas económico) se ha hecho sentir. Pero en el caso de ME-O el desacoplamiento es total, al punto que apoya en cada distrito a candidatos al parlamento de diferentes partidos y coaliciones. Y en el caso de la Concertación nunca se había visto tanta separación entre las candidaturas parlamentarias y la presidencial. La tradición era que el candidato presidencial ponía la música, y que los candidatos al parlamento buscaban afanosamente adaptarse a ella, pues a mayor identificación con el abanderado presidencial, mayores posibilidades de salir elegidos. Esto ya no corre: las elecciones parlamentarias tienen un carril propio, determinado básicamente por las circunstancias locales; y el grado de cercanía con la figura presidencial es cada vez menos determinante en el resultado.
Pero el desacople parlamentarias-presidencial no es el único novedoso de esta elección. También lo es el que se observa entre la adhesión que genera el gobierno y la Presidenta de la República, y la que despiertan los candidatos oficialistas. Para los electores ambas cosas están separadas: adherir a unos, y desear incluso su continuidad, no significa necesariamente adherir a los candidatos que pertenecen a la misma coalición –en este caso, la Concertación.
Hay otro fenómeno que hoy parece normal, pero que pocos vaticinaban hace un año atrás: la realización de la segunda vuelta. Cuando esto ocurrió por primera vez, en 1999, tuvo el carácter de cataclismo. Cuando volvió a ocurrir el 2005, la opinión pública nuevamente se vio sorprendida. Hoy, nadie duda que habrá segunda vuelta, y todos saben que uno de los elegidos para esa contienda es Piñera, y sólo queda alguna incertidumbre (no mucha) respecto de quién lo acompañará en el ticket del 17 de enero próximo. De hecho, en estas últimas semanas de campaña el interés periodístico ya se trasladó a ese evento, dejando la cobertura de la primera vuelta en un lugar cada vez más rezagado. ¿Qué provocó esta suerte de rutinización de la segunda vuelta? Claramente, la irrupción de ME-O. Éste, de una parte, redujo la adhesión al candidato de la Concertación; pero de la otra, aguó toda posibilidad de la Alianza de ganar en primera: pronto se verá quien fue más damnificado. Pero todo indica que la segunda vuelta (así como el período de cuatro años, que de alguna manera está asociado a aquella), llegaron para quedarse, pues resultan cada vez más confortables tanto para la clase política como para los electores: a la primera le da mas juego y le permite más rotación, y a los segundos les permite más opciones y más ocasiones para elegir.
Con todo, la gran novedad de esta campaña está en el hecho que la Concertación se presentó dividida. Dos figuras salidas de sus filas, ME-O y Arrate, estarán en la papeleta el 13 de diciembre. Esto no tenía precedentes. Curiosamente esto coincide con la convergencia de los cuatro candidatos en carrera con lo que ha sido el discurso histórico de la Concertación. Desde un Piñera, que habla de protección social y de un Estado más fuerte, que muestra a una pareja gay en su Franja y muestra sus credenciales anti-derechistas, hasta ME-O que ha enterrado su fama de “díscolo” (y con ella al senador Navarro) en un esfuerzo por ampliar su base electoral, lo que le ha conducido a proponer bases programáticas centristas y a re-inventarse como una figura que como parte de la élite dirigente del país asegura gobernabilidad; pasando desde luego por Arrate, cuyo discurso y estilo son mucho más centristas y moderados que los de los precedentes candidatos del Juntos Podemos. Para ponerlo de otro modo, esta campaña se ha desenvuelto en el campo ideológico y programático de la Concertación –así como, en los 90, lo hicieron en el de la Alianza–, y si nos ponemos más puntillosos, de su ala más de izquierda.
Ésta fue, en suma, una elección extraña. Y hay dos hipótesis posibles: o bien se trata de una anomalía excepcional, y más temprano que tarde las cosas van a retomar su curso natural; o bien se trata de un punto de quiebre (un “tipping point”, para que me entiendan mis colegas de twitter) que anticipa un nuevo ciclo en la política chilena. Me adelanto a decir que me quedo con la segunda hipótesis.
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y director de Un Techo para Chile, Paz Ciudadana y Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles. Ha sido profesor de diversas universidades en Chile y el extranjero. Autor o coautor de 22 libros, el último de los cuales es "Radiografía de una Derrota. O cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta" (Uqbar, 2010).

Confieso lo que me costó admirar a laPresidenta (por su diferencia con Lagos), pero qué decir, es cierto todo lo que comentas de ella: cero pompa, independencia, amor por Chile (ese clase mediero de los funcionarios, que nos cuesta reconocer), progresismo inteligente y mucha mucha responsabilidad. Finalmente, ganó tanto, que todos prometen ser como ella. Bien por el progresismo.
De la campaña, mi hijo de 5 años me dijo que ganará Piñera …porque tiene muchos más carteles en la calle. Espero se equivoque.
De la franja, confieso que me aburrió seguirla, sobre todo la parlamentaria. Pero youtube me ha servido para enterarme de la de Frei…y logra emocionar.
Saludos
Don Eugenio.
Mi humilde opinión.
Ya que no tenemos recursos para contrarrestar el aparato comunicacional de la derecha, y esta de hecho ya ha asesinado la imagen de Don Camilo Escalona, ¿por qué no usar su renuncia como un ofrenda por el nacimiento de una Nueva Concertación?
Propongo un nombre, Movimiento Amplio, caben todos.
Después de todo lo que Don Camilo ha hecho por el país, sustentando el gobierno de nuestra presidenta y conteniendo el desbande del PS, su INMOLACION POLITICA pasaría a coronar su entrada al panteón de nuestra historia política, donde ya tiene un puesto de honor.
No lo digo en broma, soy un escalonista acerrimo, que trabaja en los puerta a puerta aquí en Antofagasta.