Guillermo Ossandón
Estoy en Buenos Aires y he quedado conmovido por la noticia de la muerte de Guillermo Ossandón. Quisiera transmitir mi cariño a su mujer, Irma, a sus hijos que nunca conocí, a sus padres, que no sé si aún siguen viviendo en su casa de Ñuñoa, a sus hermanos y sobrinos. Murió una persona cuya consecuencia terminó por consumirla. Un tipo valiente como pocos, y porfiado como ninguno.
Me habría gustado encontrarme con él y revisar lo que fue de nuestras vidas, que tomaron cursos tan diferentes. Yo lo conocí a comienzos de los 60, en el Mapu del regional Sur, yo en La Florida y él en San Bernardo. Ví cómo él, quien venía del San Ignacio de Alonso Ovalle y de Ñuñoa, se fue mimetizando con los trabajadores y pobladores de San Bernardo, hasta el punto de adoptar su lenguaje, sus gestos, su forma de razonar. Vi cómo nunca vaciló a la hora de correr riesgos en los primeros y peores días de la dictadura. Vi cómo la indignación por las injusticias se fue apoderando de él al punto de entrar en una espiral de dogmatismo y de rigidez. Vi cómo esto mismo lo fue haciendo cada vez más atractivo para los jóvenes pobladores y estudiantes, de los cuales se convirtió en un líder natural. Vi también cómo se indignaba ante cualquier actitud o razonamiento que viera débil, inconsecuente, acomodaticio. Esto fue algo que siempre tuvimos en común. Por lo mismo, nos enfrentamos radicalmente cuando él plantó, a comienzos de los 80, que el camino para terminar con la dictadura era la “insurrección popular”. Yo, en cambio, sostenía ya entonces que la salida iba más bien por la utilización de sus propios mecanismos internos, como el plebiscito. Nos volvimos a enfrentar frontalmente a comienzos de los 90, cuando Guillermo siguió promoviendo la violencia frente a una democracia extraordinariamente frágil que recién estaba emergiendo, y yo lo enfrenté. Pero pese a estas discrepancias y enfrentamientos, yo siempre mantuve mi respeto hacia Guillermo y mi cariño hacia él.
Guillermo Ossandón ha muerto. No tuvimos la ocasión de revisar juntos nuestros caminos. De conversar sobre nuestras dudas. Quizás de nuestras penas. No supe siquiera que estaba enfermo. Pero quiero rendirle, aunque sea tarde, un modesto homenaje. No por haber estado en lo cierto, que no lo estuvo; sino por todo lo demás.
EUGENIO TIRONI (1951) es doctor en sociología de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, París. Investigador de Cieplan. Miembro del Consejo Superior de la Universidad Alberto Hurtado y director de Un Techo para Chile, Paz Ciudadana y Fundación Orquestas Juveniles e Infantiles. Ha sido profesor de diversas universidades en Chile y el extranjero. Autor o coautor de 22 libros, el último de los cuales es "Radiografía de una Derrota. O cómo Chile cambió sin que la Concertación se diera cuenta" (Uqbar, 2010).

No comparto para nada sus opiniones y la verdad que dedusco en sus palabras el socialismo viejo y trasnochado, romanticoide pero sin ninguna base. Pensemos que hablo su corazon y no la razon