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Archivo para Julio, 2009

Campaña sucia

Jueves, 30 de Julio de 2009

Se ha puesto de moda alegar contra la campaña electoral en curso por la falta de ideas y propuestas y  su inédito grado de beligerancia personal. No estoy seguro que esto sea tan así, pero aceptemos la premisa para tejer algunas reflexiones que me parecen pertinentes.

La primera dice relación con el papel que están ejerciendo los medios de comunicación en esta campaña. Alguna experiencia tengo al respecto, y nunca había visto tantas dificultades para colocar en la agenda noticiosa cualquier cosa que diga relación con propuestas o contenidos programáticos. A los medios hoy, en la lucha desenfrenada en que están por capturar audiencias o lectores, esto les resfala. Si no hay algún grado de truculencia o espectacularidad, asociada preferentemente a conflictos personales, simplemente “no pescan”. Y lo que es peor, cuando se hacen planteamientos de fondo, éstos son pasados por alto para quedarse en lo anecdótico, en lo curioso. Un ejemplo. Cuando los candidatos formularon sus propuestas de seguridad pública en un seminario de la Fundación Paz Ciudadana, ¿qué fué lo que capturó la atención de la prensa?: los ataques de MEO a Frei y la alusión que hizo a mi persona. Respecto a las propuestas sobre el problema que más aflige a la población, prácticamente cero. Yo comprendo la lógica de la industria de medios y no soy de los que estrilan contra ella acusándola de todos los males de la humanidad (al revés: me he ganado mucho malos ratos defendiéndola), ¡pero me parece como mucho que sean los propios periodistas los que rasguen vestiduras y culpen a las campañas de “guerras sucias” y falta de contenidos! Perdonen, pero son los propios periodistas y la lógica de los medios los que empujan a las campañas a recurrir a todo tipo de estratagemas propios de otros campos (como del mundo del espectáculo) para llegar a tener alguna presencia en la agenda mediática.  Si hay guerra sucia” o falta de contenidos, entonces, habría que decir, por lo menos, que los medios son co-responsables de aquello.

Mi segunda reflexión es más breve. Lo de Piñera y el Banco de Talca ha sido presentado como el caso más claro de “guerra sucia”. Pero ojo. Esto viene de mucho antes, como lo señalé en un posteo anterior. Pero hay que agregar que hay un contendor que ha venido empleando armas sin precedentes en campañas electorales anteriores, las que han venido enrareciendo el ambiente. Me refiero a MEO. Éste  utiliza calificativos para referirse a sus adversarios que sólo se conocían en las batallas entre figuras de los programas de farándula de la TV, pero no en el debate de los asuntos públicos. Su capacidad dialéctica y su virulencias son tales que amedrenta a sus interlocutores. Su astucia para manipular situaciones en su favor (como el caso Karen), para presentarse cómo víctima, para presentar  a sus adversarios como abusadores, para ocupar sus relaciones privadas con fines políticos, son ya legendarias y seguramente serán objeto de análisis de los estudiosos en comunicación. Y la prensa, reconozcámoslo, está embobada con el “estilo Marco” –el cual, además, es aplaudido desde las filas piñeristas, pues el blanco principal de MEO es Frei. Yo no  objeto la seducción de los periodistas hacia MEO, pues su estilo es genuinamente fascinante; ¡pero lo que no pueden hacer los medios es al mismo tiempo rasgar vestiduras porque esta sea una “campaña sucia” o “carente de ideas”! Una de dos: o nos dejamos fascinar por el “estilo Marco” y nos dejamos todos arrastrar hacia allá con las consecuencias que esto implica para las formas de hacer política , o hacemos algo para llevar la campaña a un plano más racional; pero proponerse ambas cosas a la vez simplemente no es posible.

Estoy con Piñera

Martes, 28 de Julio de 2009

Aquí hay una cuestión de principios. En esta pasada estoy con Piñera. No me gustan las guerras sucias ni las campañas negativas. Nunca me he visto envuelto en ellas. Jamás he sido admirador de Karl Rove, el mítico estratega republicano, que ganaba las elecciones destruyendo la credibilidad de sus adversarios mediante el expediente sacar a la luz, con mano mora y de manera totalmente sesgada, situaciones del pasado (como lo hizo con Kerry, desacreditando su condición de hérore de Vietnam).  Nunca he ido a Washington a escuchar embobado a los asesores de George W. Bush, para regresar diciendo que esto será muy útil en las elecciones chilenas. Es más: siempre me ha repugnado el estilo republicano de ganar las elecciones, y nunca me cayó bien  McCain ni, menos aún, Sarah Palin. En el plano local, traté de leer “El Desalojo” –incluso lo compré– porque creí que tenía algunas ideas, pero no pude hacerlo porque me pareció el colmo de lo trivial. Me molestan los diputados de la Alianza que se han especializado en diseminar la sospecha hacia todo lo que hace el Estado y hacia todos los que tienen un contrato con éste, sin reparar en el daño que causan hacia la reputación de personas e instituciones. No me gusta, tampoco, que se descalifique a alguien simplemente por haber tenido alguna participación en el regimen pinochetista. Me indignan las críticas personales que Sebastián Piñera ha formulado reiteradamente a Michelle Bachelet, las que siempre parten de la base de que “no le da el ancho”, como lo dijo una vez. He discrepado  públicamente de la campaña de desprestigio llevada a cabo por el diputado Enríquez-Ominami hacia la clase política y la Concertación. Me ha parecido escandaloso, por todo esto, que durante meses el candidato Sebastián Piñera –con la complicidad del diputado Enríquez-Ominami– haya recorrido el país presentando a Eduardo Frei prácticamente como un aliado del narcotráfico por el indulto de Vargas Parga. Por todo esto, me parece una desvergüenzura que a raíz de las revelaciones que han surgido recientemente acerca de los problemas de Sebastián Piñera con la justicia en el caso del Banco de Talca en 1982,  salgan ahora los señores Hinzpeter y el propio Sebastián Piñera a acusar de “guerra sucia”, o denunciando a asesores de Frei que se habrían  “importado técnicas electorales norteamericanas”. Esto parece una proyección: ¡si fueron ellos mismos y sus asesores los que las han ido a estudiar a su fuente y los que han puesto en práctica impunemente esas técnicas por ya largo tiempo! Lo que están cosechando no es más de lo que han sembrado. Por lo mismo, confieso estar con Piñera. Con José, no con Sebastián. Y como él dijera en twitter, ya “basta”.

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¿Se acuerdan?

Lunes, 27 de Julio de 2009

¿Se acuerdan cuando se daba  por seguro que Piñera ganaría en la 1a vuelta? ¿O cuando se afirmaba que MEO se “desinflaría” en forma natural? ¿Se acuerdan cuando se sostenía que esta campaña era sólo de 2 candidatos, y que los demás carecía de importancia?

El tiempo que ha pasado es poco, pero la atmósfera política chilena ha cambiado radicalmente. Nadie afirma ya que alguien ganará en la 1a vuelta, incluyendo a Piñera. Toda la evidencia indica que MEO no se está desinflando sólo y que, al contrario, aún crece. Y que esta campaña es, definitivamente, un competencia entre tres, en la que por ahora hay dos que están aliados entre si para golpear al tercero –lo cual, por cierto, puede cambiar en el futuro.  Así las cosas –como decía en un posteo anterior–, esta es una campaña que se parece más a la del 70 que a las posteriores a 1989.

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Guillermo Ossandón

Domingo, 26 de Julio de 2009

Estoy en Buenos Aires y he quedado conmovido por la noticia de  la muerte de Guillermo Ossandón. Quisiera transmitir mi cariño a su mujer, Irma, a sus hijos que nunca conocí, a sus padres, que no sé si aún siguen viviendo en su casa de Ñuñoa, a sus hermanos y sobrinos. Murió una persona cuya consecuencia terminó por consumirla. Un tipo valiente como pocos, y  porfiado como ninguno.

Me habría gustado encontrarme con él y revisar lo que fue de nuestras vidas, que tomaron cursos tan diferentes. Yo lo conocí a comienzos de los 60, en el Mapu del regional Sur, yo en La Florida y él en San Bernardo. Ví cómo él, quien venía del San Ignacio de Alonso Ovalle y de Ñuñoa, se fue mimetizando con los trabajadores y pobladores de San Bernardo, hasta el punto de adoptar su lenguaje, sus gestos, su forma de razonar. Vi cómo nunca vaciló a la hora de correr riesgos en los primeros y peores días de la dictadura. Vi cómo la indignación por las injusticias se fue apoderando de él al punto de entrar en una espiral de dogmatismo y de rigidez. Vi cómo esto mismo lo fue haciendo cada vez más atractivo para los jóvenes pobladores y estudiantes, de los cuales se convirtió en un líder natural. Vi también cómo se indignaba ante cualquier actitud o razonamiento  que viera débil, inconsecuente, acomodaticio. Esto fue algo que siempre tuvimos en común. Por lo mismo, nos enfrentamos radicalmente cuando él plantó, a comienzos de los 80, que el camino para terminar con la dictadura era la “insurrección popular”. Yo, en cambio, sostenía ya entonces que la salida iba más bien por la utilización de sus propios mecanismos internos, como el plebiscito. Nos volvimos a enfrentar frontalmente a comienzos de los 90, cuando Guillermo siguió promoviendo la violencia frente a una democracia extraordinariamente frágil que recién estaba emergiendo, y yo lo enfrenté. Pero pese a estas discrepancias y enfrentamientos, yo siempre mantuve mi respeto hacia Guillermo y mi cariño hacia él.

Guillermo Ossandón ha muerto. No tuvimos la ocasión de revisar juntos nuestros caminos. De conversar sobre nuestras dudas. Quizás de nuestras penas. No supe siquiera que estaba enfermo. Pero quiero rendirle, aunque sea tarde, un modesto homenaje. No por haber estado en lo cierto, que no lo estuvo; sino por todo lo demás.

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Rarezas

Jueves, 23 de Julio de 2009

La campaña electoral en ciernes tiene muchas rarezas. Una ya la he comentado anteriormente: la “discolización”, esto es, el surgimiento de múltiples candidaturas “por fuera” de las grandes coaliciones, especialmente de la Concertación. La segunda rareza es la falta de interés de la población.

Estamos a 5 meses de la elección y la verdad es que las campañas no entusiasman a nadie. No es un problema de los candidatos, sino más bien de la sociedad. La gente está en otra: preocupada por la crisis, entusiasmada con “Donde está Elisa”  o el “Pelotón” de la Karen, o bien zambullida en sus propias intimidades que le consumen todas sus energías, o bien cabreada de la política y los políticos. Lo que se ve, en el fondo, es un proceso extremo de individualización, por una parte, y de descrédito de la política y de la acción colectiva, por la otra, todo lo cual  conduce al sentimiento que aquí cada uno se las tiene que arreglar por sí solo o sola, que los demás no son fuente de apoyo sino de peligro, y que lo que haga el  Estado no es relevante para mi vida personal. En este clima, el que lleguen los candidatos haciendo propuestas o levantando promesas, vale maní. Nadie  se abanderiza ni se apasiona. Cuando mucho llama la atención aquel candidato que más gesticula, amenaza o se victimiza, porque se inscribe en el registro de la entretención que todos buscamos para mitigar las miserias de la vida cotidiana. Esto es, por lo demás, lo que captura la prensa. Lo que esto hace preveer es que en esta elección tendremos los más altos niveles de abstención que se tenga memoria, y que no importa lo que se haga, los niveles de inscripción en los registros electorales no se van a mover. Ninguna candidatura, no importa lo que haga, va a cambiar este curso de las cosas.

En fin, una tercera rareza de esta elección es que, por primera vez desde 1989, la candidatura de la Concertación no es la preferida, sino que este privilegio lo tiene la candidatura de la Alianza.  A esto se suma  otro hecho único para la Concertación: tener que enfrentarse a dos candidatos que convergen y hasta se apoyan tácitamente en el propósito de demoler a su candidato  para ganar votos a sus expensas. ¿Sabrá la Concertación moverse como “underdog”, como retador? ¿Tiene el hambre suficiente para dar la pelea en un escenario que se ve hostil, o va a rehuir la pelea?  ¿Tendrá la suficiente sangre fría para aceptar que esta situación sólo podría superarla gradualmente, soportando entre medio un alud de malas noticias, o se dejará apabullar por el desánimo ante nuevos contratiempos (como por ejemplo, una encuesta negativa)? En suma, ¿soportará el invierno y todas sus inclemencias? La pregunta queda abierta, pues la Concertación vive por primera vez una experiencia como ésta. Cuando se recuerda el grado de depresión que se generó cuando Lagos se vió obligado a pasar con Lavín a la segunda vuelta en 1999, y cuando se observa el grado de alivio que generó en las huestes concertacionistas el resultado de la ultima encuesta CEP (como se reflejó en las banderas chilenas que sacaron a relucir sus diputados en el hemiciclo), surgen legítimas dudas sobre la capacidad de la Concertación de sobreponerse a esta rareza. Pero ahí está Frei, que se ha visto, es incólume a estos estados de ánimo. Y si alguien se interroga qué es lo que lo tiene donde está, probablemente la respuesta esta aquí: que tiene un norte claro y no se deja llevar por el viento.

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Cambio de marea

Viernes, 17 de Julio de 2009

Tengo la impresión (porque en este plano son solo esto: impresiones) que la marea ha cambiado de curso. Que lo que hasta ayer era objeto de aplausos inmediatos y efusivos, hoy es visto con más cautela. Me refiero a la crítica a los partidos, a sus dirigentes y a su obra más visible, que es el Chile que tenemos. Tengo la sospecha que se fue en esto demasiado lejos, y que hoy impera el temor de no estar botando el bebé con el agua de la bañera. ¿Cual es el bebé en cuestión? Una democracia basada en instituciones, y no en el carisma, los humoeres y los caprichos de un líder. Y, también, un país que, pese a todo, funciona y da oportunidades de prosperar, aunque para esto haya que esforzarse solitaria y duramente.

Si esta impresión es correcta, esto que está ocurriendo a nivel de los sentimientos y las ideas públicas, pronto se traducirá en el plano de las adhesiones electorales. Quienes han basado todo su discurso en la crítica al “establishment”, me temo que tendrán que reciclarse si no quieren quedar marcando ocupado. Y los que han cargado con éste aún en los momentos más duros, sin perder jamás la calma, serán recompensados.

Es mi impresión.

Cinismo y altruismo

Sábado, 11 de Julio de 2009

Cada vez me resulta más curiosa esa propensión de alguna gente de cultura de izquierda de ver en toda conducta humana, incluso aquella de apariencia más noble, la búsqueda de un interes individual inconfesado. Es una  visión en que no existe el espacio para el altruismo, eso que la RAE define como “diligencia en procurar el bien ajeno, aun a costa del propio”.  Es un mundo donde todos nos guiamos por el aprovechamiento, el zarpazo, el camuflaje o la mentira. Es un mundo donde reina el cinismo, donde no hay lugar para la buena fe, menos aún para la ingenuidad, y mucho menos aún para el error. Todo es cálculo; todo es estrategia; todas son “movidas”, la mayoría de las veces en función de beneficios económicos. Por lo mismo no hay espacio para un debate racional, pues todo quien discrepe de las posiciones “correctas” no es encarado por sus ideas, sino  inmediatamente estigmatizado como defensor de no se qué intereses oscuros. Esta mirada del mundo uno se la explica en la mentalidad neoliberal más extrema, según la cual todas las acciones humanas están movidas por el interés económico individual, y donde no tiene lugar ni el  altruismo ni nada que parezca un proyecto colectivo.  Lo que es curioso es que esta mirada cínica de las cosas prolifere con tanto vigor en cierta cultura de izquierda que podríamos llamar post-moderna; la misma que balbucea rutinariamente apelaciones abstractas a la solidaridad, al bien común, a la acción colectiva. Difícil creerle pues, lamentablemente, nada revela mejor las convicciones y motivaciones reales de las personas que el juicio que ellas proyectan sobre los demás. Y en este caso, lo que proyectan es mierda, nada más que mierda.

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Discolización

Miércoles, 8 de Julio de 2009

Complicado lo que está pasando con los partidos. En otra época su patrimonio principal eran sus ideologías o programas, que generaban una adhesión ferviente de militantes que estaban dispuestos a morir por ellos. Esto se acabó hace ya bastante tiempo. ¿Qué les queda como  patrimonio? En parte una capacidad de instalar militantes leales en el sector público, sea el gobierno, los municipios o el parlamento; pero esta capacidad está en entredicho y condenada , si no a desparecer, por lo menos a jibarizarse por efecto de la mayor intolerancia de la ciudadanía a ese tipo de prácticas que han derivado en abusos escandalosos. ¿Qué les queda entonces? Lo fundamental, el cuasi-monopolio de los partidos de definir los cupos de los candidatos, sean municipales, parlamentarios o prsidenciales. Esta capacidad casi exclusiva es lo que daba a los partidos herramientas para sostener cierta disciplina y colaborar por esa vía a la gobernabilidad. Pues bien, ese “monopolio natural” de los partidos resulta que está en bancarrota. Ya vimos en las municipales el gran número de candidatos que fueron “por fuera” de las coaliciones y partidos (especialmente de la Concertación), y cómo muchos de ellos fueron recibidos posteriormente con los brazos abiertos por los partidos que habían abandonado. Lo mismo se está repitiendo ahora con ocasión de las parlamentarias e incluso de la presidencial. La apelación a los “proyectos colectivos” suena como música celestial ante un espacio político que ha hecho suyo hasta el extremo los mecanismos del mercado, incluido por cierto lo que es su motor: la ambición y el  individualismo. Lo que tenemos, en suma, es un escenario donde los “díscolos” dejaron de ser la excepción para transformarse en la regla.

El sistema, para decirlo así, se “discolizó”. Esto coincide con un fenómeno que no es coincidencia: la elevada popularidad de una Presidenta que transmite (aún sin quererlo) una actitud comprensiva hacia la crítica de la opinión pública hacia los partidos y los modos de selección de sus candidatos  (como lo hizo por ejemplo en Tolerancia Cero con las primarias de la Concertación), lo cual da un aire de legitimidad a la “discolización”. En un sistema tan presidencialista como el nuestro, y con una Presidenta tan popular, si la institución presidencial no “presta ropa” a los partidos, que hoy enfrentan rebeliones internas de diversa envergadura, el apaleo de la opinión pública y el sarcasmo sistemático de un candidato presidencial que funda su posicionamiento y notoriedad en la critica a los partidos, el poco patrimonio que éstos aún poseen se diluirá en poco tiempo.

Lo que está ocurriendo ha vuelto más  sabrosa la política, no hay duda. Todos entran y salen. Cualquier alianza es posible. Nada es definitivo. Hay tantas agendas como candidatos. Para los operadores y lobbistas intra-política este es el mundo ideal, pues sus servicios serán requeridos para armar mayorías y sacar acuerdos, en sustitución a los viejos entendimientos entre partidos, que pasarán a ser totalmente inútiles. Siempre he pensado que en la política nos hemos venido acercando a Estados Unidos con más intensidad que en la economía –como lo dijo la propia Presidenta en Tolerancia–; y curiosamente, los que más han empujado en esta dirección son los partidos ¡de izquierda!

Adiós a los partidos militantes y jerarquizados; adios a los dirigentes que apelan a la lealtad, la disciplina y los “proyectos colectivos”; adiós a los parlamentos ordenados; adios a las mayorías estables; y bienvenidos los tránsfugas, los migrantes, los arrepentidos, los negociadores y los caudillos.  No sé si nos damos cuenta, pero esto es lo que está ocurriendo con la “discolización” en curso, la cual a mi juicio no tiene vuelta atrás.

Estamos, en suma, en medio de un cambio bastante radical en la forma como se arman mayorías y se gobierna el país. Es un cambio que está íntimamente asociado a la popularidad de la que goza la Presidenta Bachelet. Son las dos caras de la misma moneda.

Aires europeos

Domingo, 5 de Julio de 2009

Discrepo de la crítica a Gonzalo Martner por haber facilitado la cita Piñera-Rodríguez Zapatero. Me alegra que los líderes de la derecha chilena conozcan de primera mano la experiencia europea, para que aquí no sigan demonizándola, presentándola como decadente frente al idealizado modelo del capitalismo estadounidense. En los tiempos que corren, el estilo europeo de un capitalismo más regulado, con más protección social y ambiental, si bien no los salva de la crisis (¡maldita globalización!), no hay duda que se vuelve a poner de moda. Es cierto que las izquierdas social-demócratas fueron derrotadas en casi todos los países en las últimas elecciones europeas, pero la razón (como lo dijo el Economist) es muy simple: que la derecha le arrebató sus banderas de manera radical, abogando por más intervención del Estado y criticando el modelo de capitalismo anglosajón. La derecha chilena empezó hace ya varios años (diría que con Lavín el 99) un proceso de conversión, que tuvo un hito en la suscripción x Piñera de la red de protección social del gobierno Bachelet (la misma que criticaban por estatista y clientelista), para rematar en el reciente viaje de Piñera a Europa. Pero a quienes falta un reciclaje es a sus intelectuales, que siguen demasiado aferrados a los dogmas neoliberales; lo que les lleva, apenas se apagan los focos de las cámaras, a despotricar contra el “modelo europeo”. Los políticos de derecha deberían tener más cuidado con ellos, o renunciar a su reciclaje y buscarse definitivamente otros intelectuales de apoyo.

Simple curiosidad

Miércoles, 1 de Julio de 2009

En un debate realizado hoy en Paz Ciudadana sobre seguridad pública, Marco Enríquez-Ominami señaló: “Aquí hay candidaturas que tienen prominentes asesores de las farmacias y que nos podrán ayudar a entender cómo combatimos la colusión”. Lo dijo en alusión a mí, que dirijo una empresa consultora que asesoró a SalcoBrand. Si al diputado realmente le interesa, le ayudo cuando quiera a entender cómo combatir la colusión, tanto en la industria de las farmacias como en cualquier otra, pues nunca he apoyado ni avalado esta práctica, que aparte de ser delito, es un abuso contra consumidores indefensos. Como contrapartida, le pediría que en la ocasión me ayude a entender cómo se hace para ser elegido diputado oficialista en un distrito donde su propio padre es senador. Simple curiosidad.

Author: Eugenio Tironi Categories: Reflexiones Tags: