Giro a la izquierda

Miércoles, 3 de Febrero de 2010

Con el triunfo de Sebastián Piñera, se ha hecho un lugar común decir que “Chile se derechizó”, y han salido al ruedo múltiples explicaciones “sociológicas” del fenómeno: que los emergentes, que los aspiracionales, que la ineficiencia del Estado, que las nuevas tecnologías. Tal fenómeno, sin embargo, no existe. Al revés: a la luz de lo que fue la campaña 2009, “Chile se izquierdizó”; o más exactamente, se centro – izquierdizó.

La campaña reciente, en efecto, se desplegó en el campo ideológico y programático de la centro - izquierda. Miremos lo que hizo la Alianza. Algo ya había ya ocurrido el 2005, pero en esta ocasión llegó al extremo, con el desplazamiento de sus líderes ligados al ancienne régime por uno que estuvo en contra de éste, y que se preocupó en la campaña de sacar del baúl de los recuerdos sus credenciales anti - pinochetistas, y de mimetizarse con el discurso histórico de la centro - izquierda: protección social, extensión de las regulaciones, ampliación de los derechos de las minorías, etc. De este modo, si en los años noventa del siglo pasado las campañas electorales se desenvolvieron en el campo ideológico de la derecha, con una Concertación dando garantías que no arrasaría con el equilibrio fiscal, ni ahogaría la libertad de elegir, ni restringiría el consumo –en otras palabras, que no haría trizas el tipo de capitalismo instaurado bajo Pinochet–, ahora lo hicieron en el terreno de la centro – izquierda.

Marco Enríquez – Ominami, por su parte, quien partió como la figura de una izquierda rebelde o “díscola”, en el curso de la campaña se fue inclinando hacia el centro, con el fin de ampliar su base electoral. Así, al final terminó presentándose como un candidato híbrido que se situaba “más allá” de las divisiones entre izquierdas y derechas propias de un pasado que él prometía dejar atrás. Por el lado de la izquierda articulada en torno al Partido Comunista, ella eligió el 2009 al candidato más moderado que ha tenido desde 1989, Jorge Arrate, quien hizo propuestas que cabían perfectamente en el campo programático de la Concertación. En suma, en las recientes elecciones no hubo candidaturas ni de izquierda ni de derecha: todas convergieron en la centro – izquierda; un campo que hasta entonces había sido monopolio de la Concertación.

El Partido Comunista se alió con la Concertación para entrar al Parlamento. Y lo logró, por primera vez desde el retorno de la democracia. En la arena legislativa, es probable que el peso simbólico del PC sea muy superior a su número de congresistas, por la influencia que tendrá sobre los parlamentarios de la Concertación, en especial del PS y PPD, así como por su capacidad para servir de articuladores entre las movilizaciones sociales y el sistema político. Se sumará a esto una Concertación en la oposición, que buscará refugiarse en el mundo social, laboral y sindical, donde volverá a competir mano a mano con el PC, que ha sido su adversario histórico en este mundo. El resultado de todo esto será una mucho mayor conexión entre las movilizaciones sociales y el sistema político, lo que implica revertir la tendencia que ha dominado en las últimas dos décadas. Todas éstas son señales de un giro a la centro – izquierda, no a la derecha.

Curiosa situación. Las chilenas y chilenos eligieron un Presidente de derechas, pero para realizar políticas de izquierdas. Lo que no es nuevo: lo mismo hicieron con la Concertación a comienzos de los noventa, pero en el sentido inverso. ¿No habrá en esto, acaso, una secreta sabiduría de los electores?

We don´t quit

Jueves, 28 de Enero de 2010

¡Que grandioso el discurso de Obama anoche! Qué valiente. Qué capacidad de asumir los argumentos de sus críticos (algunos dentro de su propio partido), y de responder a ellos uno por uno. Qué ambicioso, al decir que no cejará en sus reformas para revertir el declive de los EEUU.

Cuando se esperaba que Obama retrocediera o pidiera disculpas, éste salió defendiendo su postura como un león (¿será por su cercaía con Kenia?). ¡Y qué actitud corporal la suya! Efectivamente: como un felino. Como diciendo: “aquí estoy, dígamelo en mi cara, láncenme sus argumentos, que yo me haré cargo de cada uno y les responderé”.

Si EEUU quiere liderazgo, ahí lo tiene.

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De regreso

Sábado, 23 de Enero de 2010

A Chile. Estuve unos días en California, EE.UU. En una Conferencia que organizamos Cieplan y el Instituto del Pacífico y las Américas de la Universidad de California en San Diego. Puros académicos progres. Me impresionó una cosa: a nadie le parece grave que haya ganado Piñera. Es más: casi nos felicitaban por ello, porque es la confirmación definitiva que Chile es “otra cosa”, fruto de la Concertación.

Leyendo la prensa me han llamado la atención dos cosas: 1) los numerosos trastabillones que se ha dado el Presidente electo como resultado –supongo– de una cierta precipitación acumulada por la espera; y 2) la relativa rapidez con que la Concertación ha digerido la derrota y se prepara para ser oposición.

Ahora lo que corresponde es observar….

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Presidente Piñera (columna El Mercurio, 19.01.10)

Martes, 19 de Enero de 2010

Son más de veinte años. El triunfo de Sebastián Piñera es el fin de una larga carrera. En ella mostró voluntad, audacia, inteligencia. Desde el senado o desde los directorios de sus empresas, desde la causa de las ballenas azules o desde la propiedad del Colo-Colo, desde Chilevisión o desde la filantropía, Piñera tuvo un objetivo: ganar la Presidencia de la República. Alcanzó la meta; y en las horas que han transcurrido ha mostrado que estaba preparado para la victoria.

¿Qué hará ahora? Él lo sabrá mejor que nadie, pero no quiero guardarme mis aprehensiones.

Ojala se saque ese reloj fosforescente que lució de candidato, y que entiendo se lo copió a los Obama. ¿Saben por qué lo digo? Porque es el símbolo de lo que debe dejar atrás. Estamos en Chile, y ya no es candidato sino nuestro Presidente. No puede seguir posando de celebridad del show-business. Sonará medio “ñoño”, pero lo que corresponde ahora es asumir la dignidad de su nuevo cargo. Un cargo que exige energía, pero también pausa, reflexión. Esla hora de bajar la ansiedad y la hiper-actividad, porque los chilenos no queremos un gobernante que nos agobie.

Sabemos que el Presidente Piñera es, ante todo, un empresario. Ahí está su ADN. Le gusta ganar. Le encanta correr el límite de lo imaginable. Se resiste a soltar lo que ha conquistado. Lo hizo esta vez de nuevo, y debe estar satisfecho. Fue electo sin dejar la propiedad de Lan, ni de Chilevisión, ni de Colo-Colo, y con un fideicomiso que no pasa un testo muy riguroso. ¿Quién se lo habría imaginado, incluso entre sus más cercanos adherentes? Está bien: la gente le creyó y le dió su apoyo. Ahora podría verse tentado a correr nuevamente los límites, y asumir y ejercer como Presidente sin hacer nada en esta materia.

Pero su espíritu empresarial podría incitarle a ir aún más lejos. Si lo hizo antes, si su gobierno tiene éxito y si su popularidad es alta, ¿por qué no seguir corriendo límites de lo imaginable? Esto podría llevarle, por ejemplo, a reformar la Constitución para permitir su reelección. Lo hizo Álvaro Uribe, al que tanto admira. ¿Por qué no, si la gente lo acepta? Sería bueno para él mismo y para el país que demuestre cuanto antes su capacidad de resistir estas tentaciones.

Casi la mitad de los electores prefirió el domingo a Eduardo Frei, en defensa de lo realizado por la Concertación. El Presidente Piñera ha expresado su empatía hacia los perdedores, y tiene que seguir en ello. No es fácil, pues pertenece al otro bando; al de aquel de los que andan en la vida de ganadores. Pues bien, aquí también debe reprimir su instinto y ponerse en la piel de los derrotados, de esos que ya lo fueron una vez y gravemente, de esos que le tienen miedo a la vida sin la ayuda del Estado.

El Presidente Piñera no tendrá mayoría en el Congreso. ¿Qué hará? Podría intentar construir mayorías caso a caso, apelando a los parlamentarios no-alineados y a los rebeldes de la Concertación. No sería bueno seguir este camino. Esto convertiría a la política en un bazar. Un anticipo lo tuvimos en las semanas pre – elección, y a todos nos disgustó. Mejor sería que busque acuerdos institucionales con la oposición sobre las grandes reformas que Chile necesita. Lo dijo el domingo, y ojala lo mantenga.

El nuevo mandatario tiene delante suyo una situación excepcional. Una democracia que el domingo volvió a dar muestras de su solidez. Una economía robusta y en fase de recuperación, después de haber sorteado con éxito la crisis internacional. Y por si fuera poco, un año en que celebraremos el Bicentenario y los triunfos –así lo esperamos— de la selección en Sudáfrica. Con pequeñas dosis de modestia, el Presidente Piñera debería tener éxito. Chile no espera menos.

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La doctrina Emanuel

Lunes, 18 de Enero de 2010

Rahm Emanuel, el Jefe de Gabinete  de Obama, dijo una vez que “una buena crisis nunca hay que dejarla pasar”. Se refería a la crisis económica, y de aprovecharla para hacer reformas que introdujesen más regulaciones en la economía de EEUU.

Lo mismo deberían pensar los partidos de la Concertación después de su derrota de ayer.

Esto exige actuar con calma. No precipitarse. No buscar ahora chivos expiatorios, igual como ayer se buscaron figuras carismáticas, para evitar una reflexión a fondo. Digerir lo ocurrido, porque lo del domingo puso en escena una crisis de fondo, que no viene simplemente de la decisión de los Presidentes de partido de evitarse una primaria de verdad, sino de mucho antes, quizás desde fines de los 90.

Los partidos tienen que cambiar. Pero en serio; no como un (otro) montaje. Y los cambios de verdad se cocinan a fuego lento. Pero sí:  éste es el momento de partir…

Aviso a los lectores

Jueves, 14 de Enero de 2010

Atendiendo las advertencias de algunos y las recomendaciones (entre otros, de algunos fieles seguidors de este blog), me he auto - impuesto un voto de silencio hasta el 17 en la noche. La razón es simple: la sensibilidad está a flor de piel, y cualquiera que diga algo que se salga del molde –lo sé por experiencia–, es acusado de las intenciones más aviesas.

Por ende, nada: sólo “wait & see”, como diría Navia. Y dar algunas entrevistas a medios extranjeros, como ésta, a una radio de Rosario, que la dí encantado ya se imaginan por qué: por Bielsa…

http://www.mariaherminiagrande.com.ar/articulo.php?id=0000000522 de la web www.mariaherminiagrande.com.ar

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Polvareda

Miércoles, 6 de Enero de 2010

Nunca pensé que mi columna de ayer en EM iba a producir tanta polvareda.La adjunto para los que no la han leído. Y la explico –esto siempre es una mala señal, pero parece que aquí algo salió mal.

La escribí pensando en los lectores de la A3, entre los que hay muchísimos viudos de Hermogenes, para advertirles que no destaparan la champaña ante un eventual triunfo de Piñera, porque éste en rigor ha sido inventado por la Concertación para derrotar esratégicamente a los herederos de Pinochet. Y para recordarle a los demás lectores, que Piñera se alejapor  completo del tipo de liderazgo político que conocemos, y que se parece peligrosamente a Berlusconi.

Pero bueno. Una cosa es la que uno escribe, y otra la que se lee. Sobre todo en el caso de las columnas periodísticas , que se leen muy  superficialmente, y sólo se retiene una idea –cuando mucho. Y sobretodo cuando impera el espíritu maniqueo propio de las campañas políticas.

Lo concreto es que muchos leyeron que yo estaba poco menos que adhiriendo a Piñera, lo que no es así en absoluto. No soy, ni de lejos, un Navia; ni  ando ofreciendo, en absoluto, mis servicios. Soy un concertacionista impenitente, voto por Frei y trabajo por Frei.

Muchos se sorprendieron porque, en la columna de marras, yo estaría “enterrando” a la Concertación. Esto sí merece detenerse. Pienso que el tipo de Concertación que se inauguró el 2005 entre Adolfo y Camilo, basada exclusivamente en el entendimiento entre las directivas de los partidos, efectivamente murió –y de mala forma– el 13D.

Debo decir que en otra columna mía que provocó gran polvareda (”El Mapu ha muerto”), escrita el 2005 despues de la defenstración de Viera-Gallo, así como en una enrevista posterior a Claudia Álamo en La Tercera, yo decía que un tipo de Concertación había muerto (aquella basada en el famoso núcleo transversal, al que yo eufemísticamente me refería como “mapu”) y que nacia otra, una más institucional, basada en un “directorio” compuesto por los presidentes de partido. Bueno: es lo que ocurrió, y lo que condujo a los magros resultados del 13D. Por ende, lo que hay que hacer ahora es efectivamente “enterrar” al tipo de Concertación que nació el 2005, e inventar una nueva. No veo pecado alguno en decir esto.

Pero bueno. Pongamos fin a la lata de las explicaciones. Aquí va la columna en cuestión.


Piñerismo

Joaquin Lavín fue derrotado en su intento por entrar al senado. No se sabe cual será ahora su destino político –si es que tiene aún alguno. Hace diez años, estuvo a punto de hundir al “transatlántico” de la Concertación, Ricardo Lagos, y dejó mortalmente herido el clivaje autoritarismo – democracia, lo que esfumó la cómoda ventaja electoral de la que ella disponía desde 1988. Y hace apenas cuatro años, todo indicaba que debía ser electo Presidente de la República, si las cosas hubiesen seguido su inercia.

Pero no fue así, para desgracia de Lavín. Entre el 2000 y 2005 ocurrieron tres cosas. La primera, el éxito del gobierno de Lagos, que con su ritmo endemoniado evitó que se echara de menos a Lavín. Segundo, que éste no encontró un lugar donde pasar confortablemente la espera hasta las próximas elecciones presidenciales: la alcaldía de Santiago fue su Stalingrado. Y tercero, que se le apareció Michelle Bachelet, quien le expropió su novedad, su lógica y su carisma.

De ahí que, ad portas de la elección presidencial del 2005, los partidarios de la Alianza fuesen corroídos por la duda de si Lavín daba el ancho para hacerse de la mayoría. Lagos había abierto una nueva etapa, y Lavín ya no tenía el atractivo de antaño. Esto lo percibió sagazmente Sebastián Piñera –quien de oportunidades, sabe–; y con Lavín herido en el ala, sintió que había llegado su hora. Luchó –no con mucho ahínco, a decir verdad– por ganarle a Bachelet. Pero su real objetivo era enterrar al lavinismo e imponerse estratégicamente sobre la UDI. Y lo consiguió plenamente. Perdió la presidencial, pero hundió a Lavín. Así, quedó en la pole position para el 2009, e inmunizado ante las críticas por sus conflictos de interés o los vínculos entre política y negocios, como se confirmó en la campaña 2009.

Piñera está hoy en una posición expectante para ganar el 17 de enero. Pero su éxito va aún más allá: fundó una nueva derecha, el piñerismo. Una derecha que hace aspavientos de haber estado con el NO; que no reniega del Estado ni de la protección social; que asume las uniones entre homosexuales y atrae a los jóvenes; en fin, una derecha ya no sólo post-Pinochet, sino post-UDI. El símbolo de esta ruptura fue precisamente la derrota de Lavín en su intento de resucitar, vencido otra vez por Piñera. Por esto se justifica el duelo de la UDI: bajo el piñerismo, ha muerto su hegemonía sobre la derecha chilena.

Con el piñerismo nace también un nuevo tipo de liderazgo en la política chilena, el cual va a dar que hablar. Él no representa la típica figura del político, cuya trayectoria está marcada por diferentes roles, pero siempre en el ámbito público. El está en múltiples actividades, en especial en cuatro que excitan la imaginación de la gente: los viajes, el fútbol, la TV y la política. Traspira éxito y optimismo, a diferencia de los políticos tradicionales, que creen que es mejor mimetizarse con las miserias de la gente. Muestra su riqueza como prueba de su empuje, de sus méritos, de su capacidad individual, no de sus privilegios. Y transforma el antiguo problema del conflicto de intereses en el don post-moderno de la ubicuidad. Como si fuera natural, Piñera es a la vez empresario y político, candidato y filántropo, hombre de Estado y patrón de la farándula, hincha de la UC y accionista de Colo-Colo. El está más allá de los roles tradicionales: es único; es una celebridad.

Con el piñerismo se ha roto con una anomalía de la democracia chilena, como era tener una derecha controlada por los hijos del ancienne régime. Es otro logro, quizás entre los primeros del ranking en el memorial de la Concertación.

Sorry!!!

Martes, 5 de Enero de 2010

Al comenzar un nuevo año –y en este caso, una nueva decada–, yo tengo la manía de meterme en archivos viejos, para repasar lo lo que ha sido mi demarche. Estaba en eso cuando encontré esta columna, que publiqué en la Qué Pasa en septiembre 2007, la que  sucitó una airada respuesta de Andrés Allamand, quien me acusó de estar intoxicando a la gente de la Alianza, para conducirla por un camino que le llevaría a la derrota. Él andaba vendiendo por entonces su “desalojo”. Léanla por favor. Porque yo, al releerla –no siempre me acuerdo de los que escribo– y ver lo que ha sido esta campaña presidencial, llegúe a la conclusión que, Piñera al menos, me escuchó más a mí que a Allamand. No es muy reconfortante, pero las cosas son como son. Espero opiniones, y sorry por la lata y la auto - referencia….

¿Qué tiene que aprender la Alianza de la Concertación para ganar el 2009?

Corría 1986. Una larga crisis económica llegaba a su fin, y con ella las protestas en las grandes ciudades. El país crecía a ritmos descomunales bajo la batuta pragmática de Buchi, que sin grandes aspavientos ideológicos seguía amoldando el sistema a los patrones de un capitalismo de tipo liberal. Los chilenos comunes, por su parte, parecían cada vez más cómodos con el nuevo modelo, que les ofrecía acceso al consumo como jamás osaron siquiera imaginar, y la sociedad parecía encandilada por las ideas de derecha. También sentían haber ganado estabilidad, luego de muchos años de experimentos de todo tipo, y de una crisis económica que había desembocado en movilizaciones populares que despertaban los fantasmas del caos del 73.

La oposición a Pinochet no resultaba muy seductora, pues solo apelaba a “volver” a la democracia del pasado, sin hacerse cargo que ésta había fracasado –en parte por responsabilidad de los propios líderes que clamaban por su retorno–, que el país era otro, y que los chilenos ya no eran los mismos. Además ella estaba profundamente dividida, por lo que no ofrecía ni orden ni gobernabilidad, dos cosas que los chilenos necesitaban para retomar sus vidas privadas con un mínimo de normalidad. A esto hay que sumar un Partido Comunista sorpresivamente embarcado en la oposición armada. Esto literalmente aterrorizaba a una amplia mayoría de la población que, como decíamos, quería por sobre todo volver a vivir en paz, sin grandes expectativas pero al menos sin abusos. Por lo demás, el fracaso del atentado contra Pinochet en 1987, y el hallazgo previo de las armas internadas por Carrizal Bajo, había derrumbado la estrategia comunista.

¿Que hacer? Esta era la pregunta que angustiaba a las huestes de la oposición democrática. Había un grupo de dirigentes que estaba derechamente inmovilizado por la frustración y el desconcierto. No se reponía de los fracasos sucesivo de la vía insurreccional (tanto la popular como la armada), en la se habían depositado inconfesables esperanzas, y parecía decidido a replegarse en el alegato moral. Otro grupo más pragmático, encabezado por Patricio Aylwin, pensaba que el plebiscito planeado por el régimen para 1988 podía ser la gran oportunidad de cambiar las cosas. Este grupo terminó finalmente por imponerse, en buena medida porque no había una real alternativa.

Vino entonces una segunda discusión, ahora acerca de los contenidos de la campana del NO, en particular de la franja de propaganda televisiva. Lo obvio era aprovechar este espacio para hacer pedagogía y denunciar las atrocidades de la dictadura. Era la posición de casi todos los dirigentes políticos. Un pequeño grupo propuso exactamente lo contrario: dar un mensaje positivo, conciliador, alegre. Se trataba de trivializar lo más posible un eventual triunfo del NO –como Patricio Bañados se encargaba de hacerlo sentir cada noche con singular maestría–; no darle a éste un carácter refundacional de ningún tipo. El adversario, se argumentaba, no era Pinochet; era el temor al cambio en una generación que ya había completado con creces su cuota de experiencias traumáticas y que, de cierto modo, agradecía haber alcanzado un mínimo de orden, aunque fuese en bajo un patrón autoriitario. Por lo mismo, se argumentaba, el mensaje del NO debía evitar cualquier apelación a revoluciones, desalojos o cambios de modelo, porque despertaría en los chilenos la angustia de tener que empezar todo de nuevo otra vez. No se trataba, siquiera, de negar la obra modernizadora de Pinochet, sino indicar que solo a través de la democracia ella podría extenderse a las grandes mayorías por entonces excluídas. Había pues que desdramatizar el significado del triunfo del NO y evitar la polarización para mitigar la incertidumbre y el conflicto, los que inevitablemente arrastrarían a la gente a refugiarse en lo conocido: Pinochet.

Como es conocido, la partida la gano la opción arriba descrita, y el NO gano el plebiscito de un modo que definió el carácter de la transición que vendría. Si se hubiese impuesto la otra opción, aquella que prefería el testimonio antes que la efectividad, es probable que el SI hubiese ganado y que la historia de Chile hubiese sido muy distinta a la que finalmente fue.

¿Por qué traigo todo esto a colación? Porque creo que el dilema de la oposición a Pinochet a dos años del plebiscito de 1988 es idéntica a la que tiene la oposición a la Concertación de cara a las elecciones del 2009.

En un país que está en lo fundamental confortable y con una sensación de progreso, que parece mas bien inclinado hacia las banderas históricas de la izquierda (como la igualdad), que no guarda un buen recuerdo de la dictadura, que pese a sus falencias siente gratitud hacia la Concertación por haber dirigido una transición pacífica y mejorado sus condiciones de vida, ¿por qué habría de correr riesgos y apostar por una alternativa de derecha? Ante esta pregunta algunos ideólogos de la Alianza han defendido que, primero, deben cambiar las percepciones de los chilenos acerca de su situación por la vía de enfatizar la denuncia, y segundo, que deben polarizar al máximo las alternativas en juego, anunciando que con la Alianza en el gobierno todo va a cambiar para mejor.

Ese tipo de dramatización se encarna nítidamente en lo que se la tildado como la “estrategia del desalojo”; la cual está muy influida por las enseñanzas de Karl Rove, el famoso asesor que llevó a los republicanos a numerosas victoria electorales precisamente en base a la polarización. Pero los analistas de la Alianza seguramente han tomado nota del desastre que ha significado para el gobierno de Bush la aplicación de esta estrategia, que condujo recientemente a la caída del mítico Rove.

Pero si se trata de aprender lecciones quizás no haya que ir a los Estados Unidos. Basta con ver lo que hizo la oposición a Pinochet en circunstancias parecidas, cuando el clima del país era adverso al cambio y sus ideas. ¿Qué hizo? Simple: eludió cualquier planteamiento re-fundacional, puso en la primera línea a sus líderes más moderados, evitó por todos los medios la polarización, minimizó el significado de un eventual cambio y des-dramatizó lo que estaba en juego; todo esto con la finalidad de no despertar los traumas del pasado ni revitalizar las lealtades históricas. Pues bien, la Alianza solo puede ganar el 2009 si ensaya algo semejante; si logra trivializar el cambio que ella representa, presentándolo como una cuestión de eficiencia en la gestión y no como un cambio de orientación estratégica; y si logra al mismo tiempo administrar el pasado pinochetista como lo hizo la oposición democrática de los ochenta con la UP.

¿Podrá la Alianza aplicar esta receta? Es amarga y requiere sangre fría. Implica asumir la obra de la Concertación, adoptar un discurso moderado, mantener una actitud de colaboración con el gobierno, levantar liderazgos nuevos; en fin, enterrar la oposición furiosa y el desalojo. Algo así exige la disciplina y autocontención propia de quienes están en política para conseguir resultados y no para dar testimonio. No es claro si la Alianza está dispuesta a dar este paso, ni si esto baste para ganar el 2009; pero es lo más cuerdo que podría hacer en el caso que este fuese su propósito.

Eugenio Tironi, 01/09/07

Trasnoche atlántica

Sábado, 2 de Enero de 2010

TRANSCRIBO ESTE BRILLANTE COMENTARIO DE XIMENAGUI, MANDADO EL 1 DE ENERO A LAS 19:29HRAS.

Hoy, día circular que cierra y abre el tiempo, se me ocurre pensar en la “Concertación”. No en lo que fue, ha sido, es o será, sino en la palabra.
Dice la RAE en su versión habitualmente poco divertida:
concertación.
(Del lat. concertatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de concertar (‖ pactar, tratar un negocio).
2. f. concierto (‖ ajuste o convenio).
3. f. ant. contienda (‖ disputa).
¿Habrá habido futuro alguna vez allí, en ese pacto para salir de algo? ¿O sólo, simplemente, negación y sustitución de un abominable pasado? “Alegría” fue el nombre que se le puso a este ímpetu en fuga, indómito, libertario. El futuro estaba asegurado. El proyecto… eso estaba por verse.
Yo no recuerdo bien, pero entiendo que en este punto nuestro anfitrión proporcionó narración, un sentido al devenir de estas energías. Pero hoy, salvo al eschuchar los ánimos vibrantes de una solitaria Carolina Tohá, poco, casi nada o totalmente nada me suena a ese brioso ir más allá.
¿Más allá de qué? Este es el problema, el futuro es siempre un más allá de algo. El futuro tiene hambre de muerte, sin ella no hay renovación efectiva, sólo renovación de lo mismo, camuflaje para las conveniencias de los vivos, muy especialmente de aquellos a los que les ha ido bien, esos que tienen más intereses que proteger.
La Concertación nos ha dado un presente suficientemente satisfactorio, pero nos deja huérfanos de futuro. No se ha comprendido a sí misma porque no ha sabido reconocer la autonomía, la libertad y la creatividad de sus engendros.
Del futuro, Piñera y su clan no nos van a enseñar nada. Su “crecimiento” me recuerda siempre a ellos mismos. Si no es una oración bien intencionada, la desigualdad en sus bocas me suena a pretexto o recreación de eso que llaman alma, no a motor emocional con significancia política y moral. Nada de responsabilidad, a lo sumo vocación. Sus círculos son cerrados, no amplían su diámetro si no hay ganancia. No amplían el concepto de dignidad, reservado consciente o inconscientemente sólo a ellos mismos.
El futuro no es el rendimiento resultante de la explotación del presente y sus potencialidades. El futuro no está en la derecha, jamás estuvo allí, siempre fue un patrimonio de la izquierda o, en mucho menor grado, del liberalismo. Si acaso estos dos flujos irrigan el cuerpo de la Concertación, sus tan recurrentes cabezas hace rato que no leen las novelas que lo animan y pueden reanimar, sino sus propias biografías, espejos fotoshopeados de ellos mismos, leyendas muertas por nacimiento prematuro. Si hablan del libro del progresismo, parece que la edición que portan agotó hace tiempo sus capítulos. Así y todo, ellos no están para leer, están para dar cátedra. Este justamente es el problema: el catedrático está casado con su prestigio, está encerrado en el corral de su ego, ya  no sueña, sólo sabe calcular.
En la columna de Tironi advierto el fastidio de un padre extenuado de intentar complacer al hijo para poder por fin irse del parque de diversiones donde hubo de ir para festejar el día del ansioso infante. Yo, un adulto ni tan adulto ni tan joven, no defiendo las exigencias de MEO porque entiendo que obedecen a un negocio político que afortunadamente no me compete, pero sí pienso que a través de su gesta se cuelan ánimos que sí me interesan, ánimos que a mí también me animan… aún.
El futuro no existe en otro lugar que en las expectativas de estos animales fantásticos que somos los seres humanos. El futuro que no es extensión del presente ha habido siempre que inventarlo. Como el parto, su nacimiento es inevitablemente doloroso. Escalona, escalona, escalona… ¿sabe de partos? Parece saber más de embalsamientos. Él no nos puede orientar hoy día.
El cambio generacional no es un antojo, es una necesidad.
Salud de trasnoche atlántica.

Los partos se producen cuando la criatura está lista.   Por ahora, se está botando el tapón mucoso, preludio de la inminencia.  Deje que el parto tome su curso.  Hay cuestiones previas que la naturaleza tiene que resolver para completarse el ciclo.   Escalona, escalona,escalona está pujando…No es tonto y sabe que no puede seguir haciéndose el leso.  Pero como político viejo, sabrá cual es el momento preciso…Ximenag

Se cierra el círculo

Miércoles, 30 de Diciembre de 2009

Nadie sabe si el tsunami que inauguró Pepe Auth diciendo que estaba dispuesto a renunciar a la cabeza del PPD, y que desembocó hoy en la renuncia de varios presidentes de partido, vaya a tener efecto.

Quizás no. Quizás sea visto como manotazos de ahogado. Quizás se debió haber hecho antes, el mismo 13 o el día siguiente. Quizás se mira como a la cachetada del payaso. Quizás ni este acto sacrificial pueda mitigar la indignación que sienten los electores y bases de la Concertación conra las directivas partidistas por haberlos empujados a elegir entre alternativas que no estaban entre sus preferidas. Quizás falten otros gestos…

No sé. Quizás. Pero lo cierto es que las aguas se están moviendo en la Concertación. Tarde, lento, como si se tratara de una amputación por etapas –¡pobre paciente!–; pero se está moviendo al fin.

Lo que es claro es que esto cierra el círculo sobre ME-O y los líderes del marquismo. Si querían una revolución, aquí la tienen. Si querían una “nueva política”, aquí hay un camino. Si querían que algunas de sus propuestas programáticas fuesen asumidas, ya se hizo. Y si no quieren que gobierne la derecha, bueno, ya tienen donde elegir….

En fin, ya se agotan las excusas. ME-O y su gente van a tener que tomar una opción. Y tienen muchas razones, muchísimas, para darse por satisfechos. Así, caso sin darnos cuenta, se ha inciado en Chile un nuevo ciclo político; uno donde las mayorías se negocian y construyen día a día, y donde el mero testimonio es flor de un día.